martes, 12 de mayo de 2015

Mini-exclusividad (Parte I)





Hay una regla no escrita en ésto de los barcos que no suele fallar cuando estamos observando algún especímen cruceril. Si el "bicho" en cuestión es muy pequeño nos hallamos: A) ante una unidad muy especializada, como por ejemplo los buques con capacidad para navegar entre hielos. B) ante un navío muy exclusivo que ofrece lujo a raudales a cambio de pagar un pasaje con muchos ceros. En muchas ocasiones A y B van de la mano combinando ambas características en una misma unidad y precisamente hoy es una de esas veces y es que ayer el puerto coruñés recibió la visita del Corinthian, uno de los buques más exclusivos del sector crucerístico y que hizo escala por primera vez en nuestra ciudad.




Parece que tenía prisa por debutar en A Coruña el pequeño Corinthian; pese a que la llegada a la dársena herculina estaba prevista para las 07:30 horas, la capitán del buque, Vera Zec Deskovic, pidió práctico a las 06:20 horas y 30 minutos más tarde ya se encontraba en aguas interiores para amarrar en el muelle de trasatlánticos. La maniobra de atraque de un barco de estas características es un visto y no visto por lo que en cuestión de minutos sus 92 pasajeros, norteamericanos en su mayoría, pudieron bajar a tierra; de hecho poco antes de las 8 ya salían lo autobuses en dirección a Santiago. El lujoso Corinthian, operado por la Adventure Life Cruises procedía de Vigo.




Vamos con unos cuantos datos . Botado en enero de 1991 y construído en los astilleros Cantieri Navale Ferrari de la ciudad italiana de La Spezia, el Corinthian es un buque de 4.077 toneladas de registro bruto con unas dimensiones de 88.1 metros de eslora, 15´3 metros de manga y un calado de 4´1 metros que cuenta con 5 cubiertas de pasaje y 50 camarotes/suites, todas ellas exteriores, con capacidad para albergar a 100 pasajeros. Su tripulación está formada por 64 personas. Tras varios cambios de bandera el barco navega ahora bajo pabellón maltés y su distintivo de llamada es 9HUT9. En su día el coste de construcción del Corinthian fue de 16 millones de euros.


En algunos detalles la falta de cuidados delatan la edad real del Corinthian.


Llevamos varias jornadas recibiendo en nuestra ciudad a buques de crucero de muy pequeño porte; el pasado 28 de abril fueron el Azores y el Saga Pearl II y el pasado jueves fue el turno del minúsculo Serenissima, barcos todos ellos que presumen de una gran calidad de servicio a bordo pero nada comparado a lo que ofrece nuestro protagonista de hoy. Eso sí, el lujo y la exclusividad hay que pagarlo, y con creces: en los anuncios de la tele podemos ver como algunas compañías generalistas ofertan cruceros desde 400 euros pero está claro que el Corinthian no pertenece a esa categoría; una singladura similar en recorrido y duración a la que ayer trajo a este exclusivo navío a A Coruña cuesta entre 7.000 y 11.000 euros dependiendo de la suite elegida (a bordo del Corinthian sólo hay suites).



En las suites del Corinthian se respira un ambiente de lujo y opulencia.
(Fuente: adventure-life.com)


Relatar la historia de este pequeño navío nos lleva inevitablemente a 1989. Ese año el grupo inversor Fearnley & Eger funda la marca Renaissance Cruises con el objetivo de ofrecer cruceros de lujo a bordo de pequeños buques tipo yate con capacidad de recalar en pequeños puertos no aptos para los grandes barcos de pasaje. Pese al pequeño tamaño de esas unidades el ambicioso proyecto comenzó a lo grande y se ordenó la construcción al unísono de 8 buques similares entre los años 1989 y 1991 si bien los 4 últimos fueron algo mayores en tamaño respecto al cuarteto inicial y fueron construídos en un astillero diferente. Todo lo que tuvo de original el proyecto desapareció a la hora de bautizar a las 8 naves que simplemente recibieron el nombre de la naviera acompañado de su número de secuencia. Nuestro protagonista de hoy fue el Renaissance IV.


La Renaissance Cruises botó en un plazo de apenas dos años ocho coquetos buques de líneas gráciles. En la foto el Renaissance Two.
(Fuente: simplonpc.com)


Dicen que a veces es mejor quedarse corto que pasarse de largo y algo parecido debió ocurrirle a Fearnley & Eger porque justo el mismo año en que se botaba su último buque, el Renaissance VIII, y con una inversión monumental realizada en un período de tiempo muy corto, el grupo financiero se declaró en bancarrota por lo que la Renaissance Cruises fue vendida al grupo italiano Cameli. La venta no supuso ningún problema para el éxito de la naviera que en pocos años se hizo un buen nombre dentro del sector más exclusivo del panorama crucerístico. Con una clientela ya afianzada y en plena madurez comercial Renaissance Cruises se propuso en 1998 dar un segundo paso en su proceso expansivo y al igual que ocurriera en sus inicios la operación demostró ser una zancada demasiado larga.


La principal seña de identidad de los "Renaissances" eran sus dos chimeneas diagonales.


En 1997 la compañía decidió sustituir sus 8 pequeños navíos por otros 8 de mayores dimensiones. Y así, en una de las mayores operaciones de reestructuración de flota que se recuerdan en el gremio, los pequeños "Renaissances" fueron vendidos gradualmente a medida que los nuevos buques, bautizados en otro alarde de originalidad con una "R" y un número, iban siendo construídos. Del mismo modo que le ocurrió a Fearnley & Eger en 1991 la historia estaba condenada a acabar mal pero hacía falta un pequeño empujoncito para que los acontecimientos se desencadenaran.


A pesar de su pésima calidad, en la foto podemos ver el debut de un R-Class en A Coruña, en concreto el de su último integrante. Fue un ahora lejano 13 de mayo de 2001.


Espera lo inesperado. Cuanta razón encierran las palabras de Heráclito. En 2001 a nadie se le había ocurrido utilizar aviones a modo de misiles para atentar en el corazón de la nación más poderosa del mundo... hasta que a alguien se le ocurrió. Con burradas como ésta se escribe la historia. Con el miserable acto terrorista del 11-S no sólo cayeron las Torres Gemelas; la industria del turismo a nivel mundial sufrió un impacto brutal del que no se libró nadie. Tampoco el sector de los cruceros que vio como la sacudida hizo caer como fruta madura a las navieras con una situación económica más precaria. Con 8 hermosos barcos recién adquiridos y a medio pagar la Renaissance Cruises cayó pocas semanas después de desplomarse los dos gigantes de acero en el corazón de Manhattan.




De momento dejamos la historia aquí pero en la segunda parte de esta entrada les seguiré contando la vida, obra y milagros del mini-exclusivo Corinthian.




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