sábado, 11 de octubre de 2014

Palacio de cristal





Muchas veces cuando nos referimos a los buques de crucero utilizamos términos como por ejemplo "ciudad flotante" y que nos dan una idea de lo que son este tipo de navíos. Relacionado con este tema aprovecho la oportunidad para lanzar mi campaña "no lo llames trasatlántico" en aras de conseguir de una vez por todas erradicar el mal uso de esta palabra (preciosa por otra parte) aplicándolo a cualquier cosa que flota y que lleva turistas a bordo. Por no explayarme demasiado quédense con esta idea: Un trasatlántico puede realizar cruceros pero un barco de crucero no es y nunca será un trasatlántico. Perdón, me voy del tema.




Volviendo a lo de los términos utilizados para los buques de pasaje que nos visitan, uno de los que más pompa tiene es el de "palacio flotante" que en ocasiones puede resultar exagerado pero que en otras va como anillo al dedo. Hoy es uno de esos últimos casos. Y es que el protagonismo de la presente entrada recae en el buque Crystal Symphony que sin ningún género de dudas podemos catalogarlo como palacio y no uno cualquiera sino uno de cristal.


El Crystal Symphony (el del fondo, eh) saliendo de la ciudad.


Procedente de la isla de Guernsey (Reino Unido) este lujoso navío de tamaño medio recaló en el puerto herculino el pasado día 3 en su primera y única escala del año en la ciudad adonde trajo casi un millar de pasajeros. Muchos juzgarán exagerado denominar a este barco como palacio a la vista de una estética para nada llamativa aunque ya les advierto desde ahora que aquello de que lo de la belleza está en el interior vale para esta nave. Lo que no admite género de dudas es que este palacio es de cristal...


Dos novios tratan desesperadamente de llamar la atención de la tripulación del Crystal Symphony, que los ha dejado en tierra.


...De Crystal Cruises, una naviera quizás no muy conocida por estos lares pese a que no hace muchas semanas otro de sus palacios, el Crystal Serenity, visitaba la ciudad herculina. Si el nombre de esta compañía no les dice nada se debe en parte a que está orientada al mercado asiático, japoneses sobre todo, no obstante la naviera es originaria del país del sol naciente y está englobada en el gigante marítimo nipón NYK Line que diversifica sus operaciones entre el transporte de contenedores (donde es la décima compañía del mundo por volumen), el transporte de automóviles (resulta muy frecuente ver sus barcos en Vigo) y desde hace unos años en el transporte de personas realizando cruceros.




En lo que interesa a este blog NYK (iniciales de Nippon Yusen Kaisha o lo que es lo mismo Compañía japonesa de buques-correo) opera con dos marcas: La suya propia, dedicada al mercado interno y que explota un único navío, el Asuka II, que es cuasigemelo de nuestro protagonista de hoy, y la Crystal Cruises, fundada en 1988 y que oferta destinos internacionales en un ambiente de máximo lujo con una flota compuesta por nuestro Symphony y el algo más moderno y grande Crystal Serenity que como anteriormente mencioné nos visitó en agosto.




Centrándonos ya en el buque que nos visitó el pasado viernes el Crystal Symphony es un buque de tamaño medio que presenta unos números nada llamativos en este mundo de gigantes: 51.044 toneladas de registro bruto, con una eslora de 237´1 metros, una manga de 30´2 metros y un calado de 7´6 metros. Sus motores diesel-eléctricos producen una potencia total de 33.880 KW que es usada para propulsar al buque mediante dos hélices convencionales. Todo de lo más normal. Tampoco destaca por nuevo; fue construído en los astilleros Masa Yards de Finlandia y botado en el año 1995.




Sin embargo una cifra sí destaca sobre todas las demás y es su capacidad de pasajeros; el Crystal Symphony alberga en sus 8 cubiertas de pasaje a un total de 1.010 huéspedes en capacidad máxima, un número realmente bajo para el tamaño de la nave. Sirva de referencia un coruñés de adopción como el buque Empress, de tamaño similar, y que cuenta con una capacidad del doble de nuestro protagonista de hoy. Está claro que no nos hallamos ante un barco cualquiera.


Crystal Symphony. Un auténtico palacio flotante.


Y es que el Crystal Symphony es tras su compañero de naviera el buque más lujoso de su categoría, algo que además de en su bajo número de huéspedes y que le otorgan un ratio espacio/pasajero espectacular de 50´5, se aprecia en otros detalles como en sus 480 camarotes y suites todos exteriores, en su esmerado servicio a bordo o en sus refinados interiores que vienen de recibir hace unos días una revitalización en un astillero alemán. Ya ven que hasta los palacios hay que renovarlos de vez en cuando.


El Avenue Saloon.
(Fuente: Crystal Cruises)


Fue a mediados del mes de septiembre cuando el Crystal Symphony fue llevado a los astilleros Blohm & Voss de Hamburgo para llevar a cabo una serie de trabajos entre los que figuraraban la ampliación del gimnasio, la colocación de paneles informativos de última generación en todas las cubiertas, la redecoración y reequipamiento de todos los camarotes y suites además de muchos espacios públicos y como no, diversos trabajos de tipo técnico en el casco y en la maquinaria del buque. En total los trabajos llevados a cabo en los astilleros germanos tuvieron un coste aproximado de 16 millones de euros y fueron realizados en apenas  dos semanas, justo a tiempo para iniciar su siguiente ruta el día 27 desde el mismo puerto de Hamburgo, la misma travesía que lo ha traído hasta A Coruña y que lo llevará a cruzar el Océano Atlántico para finalizar la espectacular singladura de 20 días en el puerto de Miami.


El renovado Palm Court a bordo del Crystal Symphony.
(Fuente: Crystal Cruises)


Tras pasar diez horas atracado el pasado día 3 en la ciudad, finalmente el Crystal Symphony soltó amarras un poco antes de las seis de la tarde y una vez superado el dique de abrigo puso proa al sur para dirigirse a su siguiente destino, el puerto de Leixoes. La maniobra de salida no fue una "sinfonía" propiamente dicha pero no estuvo exenta de ritmo; el marcado por el sempiterno mar de fondo coruñés que con olas de 4 metros impusieron su brioso compás al navío para "alegría" de los que iban a bordo. Al menos los que nos encontrábamos en las inmediaciones de la costa disfrutamos de lo lindo.



Un poco de gimnasia nunca viene mal. Arriba y abajo cabalgando las olas rumbo a tierras portuguesas.




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