martes, 15 de abril de 2014

El "toque" griego



(Foto: Manuel Candal)


Magnifico. Nunca el nombre de un barco describió con tanta exactitud lo que en sí mismo es. Y es que el MSC Magnifica es todo un brillante ejercicio de ingeniería naval. Así lo pudimos atestiguar el pasado sábado 12 con la visita de esta soberbia megaciudad flotante al puerto herculino. El Magnifica llegó a A Coruña procedente de Cádiz tras dos jornadas de navegación cuando todavía reinaba la noche, y tras virar en redondo con la gracilidad de un bailarín pese a que su enorme tamaño pudiera indicar lo contrario, finalizó la maniobra de atraque dando atrás para situarse en paralelo al muelle de transatlánticos y fijarse a sus norays. Simple, preciso y efectivo. Magnífico.



 
La llegada del navío con las primeras luces del día que se intuían timidamente en el horizonte hizo que se resaltaran aún más uno de sus principales rasgos en el aspecto exterior, aparte obviamente de su imponente tamaño, y es su espectacular iluminación que posiblemente lo convierte en la nave de pasaje más impresionante vista de noche, con sus luces azuladas destacando en la cubierta de botes. Es realmente mágico ver acercarse en mitad de la negrura de la noche un objeto de semejante tamaño con unas luces tan vistosas, algo que hace que madrugar  para ver entrar a esta megaciudad flotante en puerto sea una experiencia que merezca mucho la pena.


Las fotos no hacen ninguna justicia (y menos las mías) a lo espectacular 
que resulta este barco completamente iluminado.


Construído en el año 2010 en los astilleros STX Europe de Saint Nazaire (Francia) el MSC Magnifica es el último representante de la clase Música, una serie compuesta por 4 buques gemelos, si bien nuestro protagonista de hoy es el "menos gemelo" de todos ellos hasta el punto de que se le puede considerar un nexo de unión entre su clase y la clase Fantasia por basarse su diseño en la primera y tomar innovaciones técnicas y de equipamiento de la segunda. Por estas razones sus números difieren un poco de sus tres teóricos hermanos (el Musica, el Orchestra y el Poesia); Así el MSC Magnifica tiene 95.128 toneladas de registro bruto, 293´8 metros de eslora, 32´2 metros de manga, 7´85 metros de calado y en sus 13 cubiertas de pasaje puede albergar en capacidad máxima a un total de 3.605 pasajeros aunque lo habitual son 2.518, con 1.027 personas formando su tripulación. Al igual que toda la flota de MSC Cruises el Magnifica está abanderado en Panamá (por conveniencia, faltaría más).


(Foto: Manuel Candal)


Con estos números el buque no es ni mucho menos de los más grandes del mundo pero no cabe duda de que el Magnifica hace honor a su nombre en cuanto a tamaño. Unas dimensiones que hace tan sólo dos décadas nos habrían parecido impensables en un buque de estas características en la actualidad se han convertido en la norma común debido a que la industria crucerística ha aplicado en la construccion naval la regla básica de, a mayor tamaño, mayor capacidad de pasaje (o mayores beneficios, que es lo mismo) y en sus diseños prima más el poder superponer cubierta sobre cubierta que cuestiones estéticas. Pero si el enorme tamaño de estos buques es para algunos uno de sus principales atractivos, este aspecto se convierte también en su principal talón de aquiles.


Pese a que esta comparativa no resulta muy proporcionada lo cierto es 
que el MSC Magnifica tiene un tamaño imponente.


Las grandes dimensiones de estas moles las hacen especialmente vulnerables al viento debido a que la enorme obra muerta que exponen  al mismo los convierte en una enorme vela difícil de controlar en condiciones de fuerte viento. Sin ir más lejos recuerdo que el Queen Elizabeth pasó un momento de bastante apuro mientras maniobraba para atracar en el muelle de transatlánticos durante su última escala en la ciudad a principios de este mismo año. Precisamente este fenómeno atmósferico le jugó también una mala pasada a nuestro protagonista de hoy hace unos meses cuando procedía a entrar en el puerto de El Pireo.


(Foto: Manuel Candal)


Fue el pasado 20 de noviembre. Ese día el MSC Magnifica se encontraba realizando su habitual recorrido por el Mediterráneo Oriental y tras una visita a la turística isla de Mikonos el día anterior tocaba parada en Atenas; a pocas millas de distancia la bella Acrópolis ateniense se preparaba para recibir a tan ilustre (y magnífico) huésped pero no era la única que esperaba su llegada.
Puede que Cleopatra fuese egipcia pero en esta ocasión se encontraba en Grecia (quizás de turismo) menos bella pero más malhumorada que su homónima egipcia; la muestra de su mal genio la había dejado horas antes en la isla de Cerdeña donde esta violenta tormenta bautizada con el sensual nombre de la reina africana había dejado un caos destructivo y una sobrecogedora huella de muerte con 16 fallecidos. Pese a que daba ya sus últimos estertores Cleopatra quería seguir dando muestras de su virulencia y un imponente buque de crucero de casi 300 metros de eslora y 60 metros de alto eran la víctima propicia.




En el preciso instante en el que el MSC Magnifica entraba en el puerto de El Pireo Cleopatra decidió que era el momento de medir fuerzas con la arrogancia del hombre capaz de construir semejante palacio flotante.
Así, en el lugar más comprometido y en el momento más inoportuno, cuando la nave transitaba a la altura de uno de los espigones que protegen el puerto heleno, el viento le ganó la partida a la maniobrabilidad del megacrucero italiano y a la de los buques que le apoyaban en la maniobra. Como resultado el MSC Magnífica comenzó a derivar peligrosamente hacia el espigón sin que la afanada tripulación del crucero ni la de los remolcadores, que tiraban como condenados de la imponente mole de hierro, pudieran evitar el fatal encuentro.




Misión imposible. Pero al menos lograron minimizar el impacto. Minutos más tarde de perder el control de la nave, completamente a merced de los fuertes rachas de viento, un fuerte estruendo sobresaltó a todos los que se encontraban a bordo del buque: Era la señal de que el MSC Magnífica acababa de chocar lateralmente contra el espigón del puerto de El Pireo. Chocar es la forma coloquial de expresar lo que pasó porque lo que realmente se produjo fue una alisión, que es el término adecuado que se debe utilizar cuando un objeto en movimiento impacta contra otro estático.


El impacto contra el espigón produjo una brecha en el casco del MSC Magnifica 
 aunque la seguridad del barco no se vio comprometida.
(Fuente: cruiselawnews.com)


Fuese una alisión, una colisión, un castañazo o un simple choque lo cierto es que el impacto tuvo sus consecuencias aunque en esta ocasión y por fortuna no hubo que lamentar ninguna desgracia; Balance de daños: En lo realmente importante, los 2.469 pasajeros y 976 tripulantes del MSC Magnifica, no hubo que lamentar ningún daño; el megacrucero salió algo magullado en su costado de babor justo por encima de la línea de flotación con una brecha de 2´5 x 3´5 metros que no ponía en riesgo la seguridad de la nave. Tras conseguir atracar por sus propios medios un grupo de buceadores inspeccionaron el casco en busca de posibles daños bajo la línea de flotación pero se comprobó que todo estaba en buen estado mientras que la brecha fue reparada in situ durante las horas que duró la escala en el puerto griego. El peor parado fue el propio espigón que quedó bastante maltrecho tras su inesperado encuentro con el gigante de bandera panameña.


El MSC Magnifica atracado al fondo con pinta de no haber roto un plato. 
Lo cierto es que no lo hizo, pero el estado en el que quedó el espigón contra 
el que chocó (en primer término) nos da una idea de la violencia del impacto.
(Fuente: newsbomb.gr)


Gajes del oficio. Pero afortunadamente todo quedó en un (gran) susto. Aún así este tipo de sucesos siempre tienen una lectura positiva y sirven para borrar esa ficticia idea de invulnerabilidad que a veces nos crean estos suntuosos navíos con sus enormes tamaños; a fin de cuentas y pese a ser muy seguros (los números sitúan a los buques de crucero como el medio de transporte más seguro por encima incluso del avión) no hay que olvidar nunca que se trata de objetos de hierro con flotabilidad y si alguna vez nos olvidamos de ello ya están ahí las las leyes físicas para recordárnoslo (¿verdad capitán Schettino?).


(Foto: Manuel Candal)


Volviendo a la escala del pasado sábado y tras 12 horas de estancia en el puerto coruñés a las seis de la tarde el MSC Magnifica reemprendió viaje poniendo rumbo norte en busca de su siguiente destino, el puerto inglés de Dover. Para los que la escala de este magnífico navío les haya sabido a poco el próximo 22 de septiembre, si las previsiones se cumplen, habrá una nueva posibilidad de contemplarlo surcando las aguas de nuestra ría. Para acabar quisiera agradecer a mi colega Manuel Candal las sensacionales fotos (siempre lo son) prestadas para la elaboración de este post.


(Foto: Manuel Candal)


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