miércoles, 12 de febrero de 2014

El adiós de una joya (parte II)



(Foto: Edson de Lima Lucas)


 En la primera parte de esta entrada dedicada al buque Saga Ruby habíamos dejado la historia en el año 1983, momento en el que la nave pasa a manos de la compañía Cunard Line; en este punto proseguiremos con el relato. La compra de la naviera Norwegian America Cruises y de sus buques por parte de Cunard había sido una operación perfectamente calculada. La mítica naviera británica, que también se encontraba en una dificil situación económica, había sido comprada en 1971 por un consorcio empresarial llamado Trafalgar House.


 
 (Foto: Marco Schoone)


Trafalgar House entró en el sector marítimo como un elefante en una cacharrería; apostando por el mercado de cruceros de lujo, cuando la fusión entre las compañías Norwegian America Cruises y Royal Viking Line falló se lanzó rapidamente a por la primera de ellas. No fue el único movimiento de este auténtico tiburón financiero; en un intento de acabar con la competencia a golpe de talonario este consorcio realizó un intento que definiremos como "agresivo" de intentar absorber a todo un histórico británico como la P&O que se defendió como pudo del brutal ataque financiero llevando el caso a la comisión de fusiones y monopolios consiguiendo finalmente zafarse de las garras del voraz consorcio. Ironías de la vida la Cunard y la P&O, otrora rivales, santo y seña de la más orgullosa tradición naval de Gran Bretaña pertenecen ahora a la misma compañía, la Carnival Corp., que para mas inri es estadounidense (cosas de la globalización...)


(Foto: Gordon Dalzell)


Pese a que como antes indiqué tanto el Sagafjord como nuestro protagonista de hoy siguieron operando con sus nombres originales, Trafalgar demostró que el negocio de los barcos no era lo suyo y llevó a cabo en los buques una serie de modificaciones un tanto controvertidas y muy criticadas por los acérrimos seguidores de estos dos navíos. Los principales modificaciones se centraron en el estilo del mobiliario que se cambió por uno más moderno, la adición de 22 suites con balcón a popa (lo que arruinaba la esbelta caida de sus cubiertas), o la desaparición de una de las estancias más emblemáticas a bordo, el Viking Club Lounge.


El North Cape Bar a bordo del Vistafjord.
(Fuente: thecaptainslog.org.uk)


Pese a los desacertados cambios el Vistafjord siguió gozando de una excelente reputación dentro de la industria crucerística del momento. Quizás durante estos últimos años, ya como Saga Ruby lo viéramos como un buque de estampa clásica más pero la realidad era que durante muchos tiempo se le consideró como uno de los más lujosos surcando las aguas; Puede hacernos una idea del nivel de ambos buques el que la prestigiosa guía Berlitz, algo así como la biblia de la industria crucerística, catalogara al Vistafjord y a su hermano Sagafjord con 5 estrellas plus (la puntuación más alta posible) durante 13 años consecutivos.Y es que durante ese tiempo el Vistafjord gozó de unos años exitosos junto a su mal llamado gemelo (puesto que no lo son) Sagafjord en el seno de la familia Cunard pero como la felicidad no dura para toda la vida los nubarrones comenzaron a aparecer a mediados de los 90 y en el año 1995 comenzó a "llover".


(Foto: Michael Neidig)


El inicio de los noventa fue realmente catastrófico para Trafalgar House con unas pérdidas en el sector de la ingeniería de unos 154 millones de libras esterlinas (una pasta) y en 1995 la situación terminó de arreglarse cuando un fallido intento de hacerse con la compañía Northern Electric le costó otros 12 millones de libras. El resumen de esta calamidad económica es que el anteriomente voraz consorcio devoraempresas se encontraba ahora en seria amenaza de bancarrota y solo podría salvarse si aparecía un comprador. En marzo de 1996 apareció el salvador; se trataba de la noruega Kvaerner, un grupo empresarial especializado en ingeniería y construcción naval que vio en la compra de Trafalgar por 904 millones de libras esterlinas una excelente oportunidad de expandir su negocio. Desgraciadamente "su negocio" era la ingeniería y la construcción, no los cruceros y muy pronto quedó claro que la Cunard no les interesaba en absoluto poniéndola a la venta.


(Foto: Clive Harley)


Si la situación corporativa de la naviera era más que preocupante, los incidentes de su flota le pusieron la guinda a ese año. De hecho 1996 se considera como el "annus horribilis" por excelencia de la Cunard; en febrero el Sagafjord sufrió un incendio cerca de Filipinas y la Cunard se vió obligada a retirarlo del servicio activo. Dos meses después del accidente del Sagafjord otro de los buques de la naviera, el Royal Viking Sun, encalló en una barrera de coral en Shar-El Sheikh (Egipto) sin consecuencias... para sus pasajeros porque las autoridades egipcias arrestaron el barco por los daños causados y obligaron a la Cunard a pagar 16 millones de libras esterlinas en compensación. Al final el asunto se resolvió por tan "sólo" 2 millones pero teniendo en cuenta la precaria situación económica de la naviera el incidente dejó herida de muerte a la compañía.


El Royal Viking Sun, protagonista en aquel nefasto 1996, navega hoy en día 
bajo el nombre de Prinsendam para la Holland America Line.
(Foto: Michael Brakhage)


Con las arcas temblando la Cunard se vio obligada a deshacerse de uno de los buques de su flota; el elegido es el accidentado Sagafjord, que perfectamente recuperable abandona la compañía a mediados de ese mismo año. Ya nunca volverá a navegar para la Cunard. Por primera vez en 23 años el Vistafjord se separa de su hermano. Pese a las medidas desesperadas la compañía británica no logra salir del pozo.; en una situación límite, con grandes pérdidas y con unos propietarios ni siquiera interesados en el negocio del crucero la Cunard parece abocada a caer en el olvido pero es entonces cuando aparece el ansiado salvavidas.


El Sagafjord  fue el buque sacrificado para sanear las cuentas de la Cunard. 
En un principio el navío fue charteado a la alemana Transocean Tours 
durante 6 meses, que lo rebautizó como Gripsholm.
(Foto: Clive Harley)


...Y no uno cualquiera si no uno americano y bien grande. La poderosa Carnival Corp., uno de los gigantes del sector turístico marítimo ve en las dificultades económicas de la legendaria naviera británica una oportunidad de oro para continuar aumentando su negocio. Este consorcio capitaneado por la familia Arison experimenta una enorme expansión desde finales de los 80 con la compra de la compañía Holland America Line en 1989 a la que seguirían Seabourn en 1992 y Costa Crociere en 1997. Con el intento de hacerse un hueco en el segmento premium del mercado, Carnival buscó comprar una naviera con un enorme prestigio en este campo y la opción de Cunard era perfecta; así la operación de compra a Kvaerner se cerró el 3 de abril de 1998 en unos 500 millones de dólares. Tras 158 años de historia Cunard deja de ser británica.


Carnival es en la actualidad el gigante crucerístico por excelencia operando con más 
de 100 barcos repartidos en 10 marcas además de la suya propia. En este fotomontaje 
podemos ver una comparación entre su primer buque, el Mardi Gras y un componente 
de su actual flota, el Carnival Magic de 2011.


Los planes que Carnival tenía sobre su nueva adquisición eran ambiciosos y buscaban como objetivo recuperar el prestigio perdido para uno de los nombres más famosos en la historia de la navegación. El primer paso fue realizar una profunda remodelación en su buque insignia, el Queen Elizabeth 2, con la idea de reverdecer los viejos laureles del famoso liner. Pero la jugada maestra de la compañía americana era otra, una auténtica bomba que puso patas arriba el mundillo crucerístico; la Carnival mandó construir el primer transatlántico tras más de 30 años y el más grande de todos los tiempos. Apenas cinco años después de esta arriesgada apuesta vio la luz el Queen Mary 2, uno de los navíos más impresionantes jamás construidos y el ejemplo perfecto de como llevar el tradicional espíritu de la navegación transatlántica al siglo XXI.


Si en una cosa acertó Carnival para revitalizar la Cunard fue en construir 
el transatlántico Queen Mary 2. La prueba es que a día de hoy y cuando ya 
han pasado 10 años desde su botadura, el QM2 sigue siendo el buque 
más mediático en todo el mundo.


Pero además de todas estas decisiones urgía poner un poco de orden en la desordenada flota. Por aquel entonces Cunard operaba con 5 buques a cada cual más distinto que el anterior así que para poner un poco de criterio en ese caos los nuevos directivos de la compañía decicieron transferir los buques Royal Viking Sun, Sea Goddess I y Sea Goddess II a la Seabourn Cruise Lines quedando Cunard tan sólo con el Queen Elizabeth 2 y nuestro protagonista de hoy, el Vistafjord hasta la llegada del nuevo emblema de la compañía, el Queen Mary 2. Pero para nuestra joya había reservados grandes planes...


(Foto: John Kent)


...y los veremos en la tercera parte.



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