NOTICIAS DE CRUCEROS

  • 29 MARZO: El nuevo buque de Saga Cruises se llamará Spirit of Discovery.
  • 14 MARZO: El Legend of the Seas parte desde Dubai en su última singladura bajo los colores de Royal caribbean antes de pasar a manos de Thomson Cruises.
  • 14 MARZO: Celebrity Cruises desvela los primeros detalles sobre su nueva generación de buques, los Edge Class.
  • 08 MARZO: Los dos nuevos buques de expedición de la naviera Hapag-Lloyd serán bautizados como Hanseatic Nature y Hanseatic Inspiration.
  • 08 MARZO: El ex-Saga Ruby inicia su viaje final hacia la India, donde será desguazado.

miércoles, 28 de agosto de 2013

A ciegas





Procedente del puerto de Gibraltar el pasado miércoles 21 de agosto hizo escala en el puerto de A Coruña el buque de crucero Balmoral, propiedad de la naviera Fred. Olsen Cruise Lines en la que supone ya la décima escala de este tipo de tráficos en el mes de agosto. La nave llegó a la ciudad herculina poco antes de las 07:00 horas para quedar atracada minutos más tarde en el muelle de transatlánticos por su costado de babor.




El Balmoral es un gran conocido en nuestro puerto por sus frecuentes visitas desde su nueva andadura comercial con su actual compañía, que lo explota desde principios de 2008, siendo este buque la unidad más grande de toda su flota y que en la actualidad se compone de cuatro unidades: el Black Watch, su gemelo Boudicca, el Braemar y nuestro protagonista de hoy. Todos ellos, como ya sabrán los que estén familiarizados con la presencia de este tipo de barcos en nuestros muelles, son asiduos visitantes de nuestra ciudad. Pese a que como digo el Balmoral es todo un habitual aquí la del pasado miércoles constituyó su primera escala del año en aguas coruñesas, algo poco frecuente ya que su presencia en cada ejercicio suele ser de unas dos o tres escalas por año cuando no más. 2013 será una excepción ya que el buque británico no tiene previsto realizar más escalas en A Coruña.




Tras pasar toda la mañana atracado en la urbe permitiendo a sus casi 1.400 pasajeros callejear por el centro o visitar los alrededores en alguna de las excursiones programadas, el Balmoral zarpó rumbo a Southampton con algo de retraso sobre el horario previsto, soltando amarras cuando el reloj marcaba las 16:30 horas. La salida tuvo lugar en mitad de un espeso banco de niebla que en cuestión de minutos engulló  la ciudad, Balmoral incluido. Precisamente la niebla me sirve como hilo conductor en esta entrada para contarles un suceso ocurrido a bordo de este navío hace ahora unas semanas cuando el buque se encontraba realizando un crucero por el norte de Europa el pasado día 27 de julio.


Un monstruo acecha: Como si de un depredador se tratase, el Balmoral parece 
ocultarse entre la niebla en busca de alguna presa. ¿Quizás alguno 
de los integrantes de esa "manada" de veleros?


Las evacuaciones médicas a bordo de este tipo de buques son bastante frecuentes; no olvidemos que hablamos de auténticas ciudades flotantes que si bien cuentan a bordo con unas buenas instalaciones médicas resultan insuficientes cuando el diagnóstico del pasajero o el tripulante enfermo es de gravedad. Es entonces cuando el paciente debe ser evacuado a tierra, tarea que se complica cuando la nave se encuentra navegando lejos de la costa y más todavía cuando las condiciones climatológicas son adversas.




Los dos últimos supuestos se cumplían para el caso concreto del Balmoral en la citada travesía. El buque británico se hallaba en ruta hacia Noruega tras salir el día anterior del puerto de Southampton cuando una pasajera de avanzada edad enfermó gravemente hasta el punto en que se hizo necesaria evacuarla a tierra. Tras ponerse en contacto con los guardacostas se despachó a un helicóptero de la RAF desde su base en el aeropuerto de Wattisham en Suffolk (Inglaterra) para llevar a cabo el operativo que si bien entraña peligro, es bastante común de realizar para lo que se cuenta con equipos especializados en dichas labores. En el caso concreto que nos ocupa la operación se complicó más de lo previsto debido a las adversas condiciones climatológicas reinantes en la zona. Cuando el helicóptero llegó a la altura del Balmoral éste permanecía oculto por una espesa niebla que no permitía al piloto de la aeronave una visibilidad mayor de 50 metros. Eran tan densa la niebla que los tripulantes del helicóptero sólo pudieron localizar el buque mediante el radar.




Pese a lo complicado de las condiciones, de hecho el operador del winch declaró que la evacuación había supuesto uno de los mayores desafíos para su equipo, el rescate se llevó a cabo con éxito lo que dice mucho de la profesionalidad y excelente preparación de los equipos de salvamento marítimos ya sean en este caso ingleses o españoles. La pasajera fue llevada al Hospital Universitario de Norwich para ser atendida de su dolencia mientras que el Balmoral pudo continuar travesía sin nuevos contratiempos. En fin, gajes del oficio. Al Balmoral volveremos a verlo por nuestra ría en 2014.






lunes, 26 de agosto de 2013

El encanto de la tradición





Uno de los principales atractivos de lo naval para los que somos fervientes aficionados a este mundillo es la idea de tradición inherente a todo lo relacionado con este medio. El mundo de los barcos siempre está rodeado por ese respeto a lo que dictan las tradiciones; algo que no se hace tan patente si nos referimos a otros medios de transporte en parte porque si lo ponemos en perspectiva no hace tanto que el ser humano vuela o recorre grandes distancias por via terrestre, ya sea en tren o en coche, mientras que el desarrollo de la humanidad en gran medida ha ido ligado al transporte por vía marítima. Es por ello que en lo relativo a la mar hoy en día encontramos multitud de ejemplos en los que podemos observar esa querencia por conservar el espíritu del pasado y el respeto por las más arraigadas tradiciones marineras pese a que el imparable avance de la tecnología  trate de impedirlo.




Si nos referimos al caso concreto de la navegación de pasaje quizás el mejor ejemplo de ese arraigamiento en las tradiciones sea el de la naviera Cunard, uno de los grandes nombres en esto de la navegación comercial. Uno de los integrantes de su flota, el Queen Victoria, hizo escala por unas horas en nuestra ciudad el pasado domingo 18.




El lujoso buque de crucero llegó sobre las 07:00 horas a la dársena herculina procedente del puerto de Southampton cuando las primeras luces del día asomaban en el horizonte. Lentamente el navío británico realizó la maniobra de atraque tras realizar un giro de 180 grados a la altura del castillo de San Antón y dar atrás para amarrar en el muelle de transatlánticos sobre su costado de babor. Tras el tiempo preceptivo de espera para la colocación de la escala y la llegada de los buses, los casi 2.200 pasajeros que viajaban a bordo del Queen Victoria fueron desembarcando para llevar a cabo las excursiones contratadas o simplemente callejear por el centro de la urbe, que a esas horas aún permanecía dormida. Como es lógico la llegada de un buque de estas características en domingo resulta un mal negocio para la comunidad local, en unos tiempos en los que no está la cosa como para dejar pasar oportunidades de este tipo. Una vez más (y van ya muchas) los turistas se quedaron sin la posibilidad de poder gastarse el dinero.


(Foto: Carlos Rapela)


Citar el nombre de Cunard Line es hablar de una de las marcas más célebres (por no decir la que más) en la historia de la navegación transatlántica, con más de 170 años de historia desde su fundación en 1840 por parte de Samuel Cunard con el objetivo de cubrir la línea entre Liverpool y Halifax (Canada). Tratar de resumir más de siglo y medio de historia de esta mítica naviera desde sus inicios a mediados del siglo XIX hasta la actualidad resultaría un ejercicio abocado al fracaso por el tamaño de la empresa pero se pueden imaginar que muy poco tiene en común la actual Cunard con aquella pequeña compañía fundada por un visionario británico-canadiense. Hasta tal punto han cambiado las cosas que la que durante décadas presumía con orgullo de ser uno de los emblemas británicos por antonomasia, pertenece ahora a intereses norteamericanos: Cunard es propiedad desde el año 1998 del megaconsorcio crucerístico Carnival Corp.


Otros tiempos: El Queen Victoria, al igual que el resto de la flota Cunard, cambió su registro al de Bermudas en 2011. Por primera vez en 171 años de historia ningún buque de la legandaria naviera inglesa está abanderado en el Reino Unido.


Pero en un mundillo orgullososo de sus tradiciones y en una naviera que es historia viva de todo lo relacionado con el transporte por vía marítima hay algo que permanece invariable: los emblemáticos colores corporativos que convierten a cada una de las unidades de su flota en auténticos tótems flotantes. Un guiño al pasado. Un signo evocador de una gloriosa época no muy distante pero ya extinta. Resulta evidente a la vista de las fotos de esta entrada que nada tienen que ver las formas del Queen Victoria  con las de sus idolatrados predecesores; nombres como los Mauretania, Lusitania, Queen Mary o Queen Elizabeth 2 (con el que nuestro prota de hoy comparte eslora, 294 metros) que protagonizaron durante la primera mitad del siglo XX la época dorada de la navegación comercial transatlántica. La evolución, tan cruel a veces, dictaminó la extinción del buque transoceanico como especie, exterminada por una nueva "raza invasora"; el avión a reacción. Sin embargo resulta reconfortante que al menos una pequeña parte de aquello, quizás algo etéreo pero inconfundiblemente genuino haya llegado a nuestros días. Es algo que se puede ver (y sentir) al ver navegar a un navío de la flota Cunard.


(Foto: Carlos Rapela)


Tras pasar toda la mañana descansando en nuestra ciudad a primera hora de la tarde el Queen Victoria reemprendió la marcha para continuar su ruta hacia el Mediterráneo. Su siguiente parada en el recorrido fue en la colonia británica de Gibraltar, estos días tan en boca de los medios de comunicación. Para el navío de la naviera Cunard ésta fue la primera de las cinco escalas que el buque de bandera bermudeña tiene previsto realizar en A Coruña antes de finalizar el año. Su próxima recalada será, si las previsiones se cumplen, el 27 de noviembre. Será ese día cuando volvamos a ver la silueta de este aristocrático navío surcando de nuevo las aguas de nuestra ría.




Puede que sus formas sigan las tendencias actuales de la industria crucerística, esas que hacen que los buques de hoy en día sean denominados de forma peyorativa como cajones flotantes, pero basta el nombre de Cunard en los costados y los colores rojo y negro en la chimenea para transformar algo banal en un objeto icónico o al menos en un recuerdo de lo que en algún tiempo lo fue pero que desgraciadamente no volverá. Es la fuerza y el encanto de las tradiciones y que afortunadamente en algunos casos todavía perviven. Ojalá sigan haciéndolo durante mucho tiempo.


Detalle de la chimenea del Queen Victoria con sus icónicos colores.


Agradecimientos a Carlos Rapela por las fotos prestadas.

jueves, 22 de agosto de 2013

Veo doble





Diplopia. Es el término científico que se aplica a la visión doble de un objeto. No guarda relación con lo ocurrido en los muelles coruñeses el pasado viernes 16 de agosto porque ese día eran en realidad dos los objetos pero lo cierto es que la imagen observada era tan curiosa que por unos segundos podríamos plantearnos si nuestra propia vista nos estaría jugando una mala pasada. No era así; Se trataba de una doble escala, una de tantas que de un tiempo a esta parte se producen en el puerto herculino pero a la que los caprichos del calendario convirtieron en una jornada para el recuerdo y que ya para siempre figurará con letras de oro en la historia de nuestra urbe.

 


La coincidencia por primera vez en nuestros muelles de dos buques muy conocidos por estas aguas, el Ventura y el Azura, ambos de la naviera inglesa P&O. Si son tan frecuentes sus visitas en nuestra ría ¿donde está lo curioso del asunto? Pues en que ambas naves son gemelas y el resultado de verlas atracadas a la vez en la dársena es cuanto menos llamativo.


El Azura, en primer término, maniobra para dirigirse a su amarre en el muelle de transatlánticos.  Al fondo y a la derecha de la foto se puede ver al Ventura atracando en Calvo Sotelo Sur.


Procedente de Cádiz el Ventura fue el primero en hacer acto de presencia poco antes de que el reloj señalase las siete de la mañana. Oculto aún entre los últimos estertores de la noche como pretendiendo pasar desapercibido, algo sumamente difícil para un objeto móvil de 291 metros de largo, tras sobrepasar el dique el primero de los protagonistas de la jornada realizó un grácil giro de 180 grados para iniciar la aproximación a su complicado punto de amarre, situado esta vez en el muelle de Calvo Sotelo Sur. No era un amarre desconocido para el Ventura puesto que el pasado 16 de mayo el buque inglés ya atracó en esa ubicación por la coincidencia de su escala con las del megabuque Independence of the Seas. Aquel día el Ventura inscribió su nombre en el libro de los récords de la dársena herculina al ser la nave más grande en atracar en la citada ubicación.


El Ventura realizando el giro para atracar dando atrás.


Para aquellos que no llegaron a tiempo de ver la maniobra del buque británico o a los que les había sabido a poco, hubo repetición de la jugada. Cuando el Ventura aún maniobraba dirigiéndose a su amarre, de las proximidades del dique surgió otra mole flotante idéntica a la primera pero con una grafía distinta inscrita en su costado. En un perfecto calco de lo realizado minutos antes por su hermano gemelo, el Azura repitió paso a paso los mismos movimientos con la salvedad de que esta vez sus 115.055 toneladas de registro bruto se encaminaron hacia el muelle de transatlánticos. El buque procedía de Southampton.


El Azura dobla el dique de abrigo mientras mi buen amigo Jose "afota" 
al Ventura en plena maniobra de atraque.


La imagen de las dos megaciudades gemelas atracadas provocaba una atípica estampa que para los curiosos que se acercaban hasta las inmediaciones del puerto debió resultar sorprendente hasta el punto de que más de uno seguro que se frotó los ojos ante la incredulidad de la imagen que tenía delante. Pero no se trataba de ningún efecto óptico: literalmente se veía doble.


Las dos naves atracadas: El Ventura en primer término y el Azura al fondo.
(Foto: Carlos Rapela)


Pese a lo peculiar de la circunstancia, dos naves de crucero gemelas coincidiendo por unas horas en nuestro puerto, en realidad no es la primera vez que tal coincidencia se da en A Coruña. En 2007 los buques MSC Opera y MSC Lirica protagonizaron una escala triple acompañados por el Marco Polo y en 2009 fueron el Boudicca de Fred Olsen Cruises y el Albatros de Phoenix Seereisen los que convirtieron el muelle de transatlánticos en una improvisada reunión entre hermanos. A diferencia de estos últimos la del pasado viernes resulta más llamativa al compartir ambos buques colores corporativos con lo que el efecto es más llamativo. No obstante y pese a que nos referimos al Ventura y al Azura como buques idénticos conviene matizar la frase ya que si miramos con atención vemos que tal afirmación no es del todo exacta...



Arriba: Al Azura le tocó esta vez atracar en el muelle de transatlánticos.
Abajo: Decenas de personas se agolpan justo encima del puente de mando durante la salida del Ventura.



En realidad Azura y Ventura no son idénticos y difieren en multitud de detalles que le otorgan a cada uno de los navíos una personalidad propia dentro de la compañía P&O. Buscar esas diferencias en el aspecto externo resulta ya algo más complicado (varían en alguna de sus dimensiones pero es inapreciable a la vista del ojo humano) salvo por un pequeño detalle en la popa del Azura. Allí el hermanito pequeño luce a la altura de la línea de flotación un apéndice conocido como "ducktail" y que el Ventura no presenta (al menos de momento). Las popas tipo "ducktail" sirven para dar una mayor estabilidad a los buques y sobre todo para conseguir un mayor ahorro de combustible.



Una sutil diferencia: Externamente Azura y Ventura son casi indistinguibles salvo si echamos un vistazo a su parte de atrás. El Azura (arriba) presenta una popa "ducktail" que el Ventura (abajo) no tiene.



Además de la instantánea dejada para la posteridad, otro efecto provocado por la escala conjunta de Azura y Ventura fue el desembarco de un total de 7.000 cruceristas, en su mayoría de nacionalidad británica, y que aprovecharon la mañana para callejear por la ciudad, realizar alguna de las excursiones programadas a Santiago y otros puntos de la geografía gallega o dar rienda suelta a su vena consumista en tiendas y centros comerciales, en este último caso más volcado el pasaje del Ventura al tratarse A Coruña de la última escala para este navío antes de concluir su viaje. Estadisticamente la última escala antes del final del crucero es en la que los pasajeros gastan más dinero; es el llamado "efecto souvenir", que se ve acentuado si el buque lleva turistas ingleses. (Si la moneda a bordo es el euro los pasajeros se deshacen de ellos en la última escala para no tener que cambiar la divisa de vuelta a casa).




Tras lucir fraternalmente durante toda la mañana en el corazón de la ciudad a primera hora de la tarde los dos hermanos reemprendieron viaje pero como no podía ser de otra manera y tratándose de una escala tan especial ambos navíos decidieron hacer de su partida un acontecimiento para no olvidar. En un mes en el que la ciudad está de fiesta y en los distintos barrios de A Coruña se celebran numerosos conciertos, las estrellas de la jornada quisieron brindarnos el suyo propio y a la salida del Ventura, el primero en soltar amarras, los dos navíos iniciaron  la madre de todas las batallas a bocinazo limpio como no se recuerda una igual en mucho tiempo. Tras el protocolario saludo entre las naves (tres pitidos largos) los buques dieron rienda suelta a su creatividad y durante varios minutos se dieron la réplica mutuamente como si ninguno de los dos quisiese tener la última palabra. Espectáculo visual y sonoro. Dos por el precio de uno.


El Ventura fue el primero en zarpar ante la atenta mirada de su hermano pequeño.
(Foto Carlos Rapela)


Tras el brutal concierto protagonizado por estos gigantes instrumentos de viento la música continuó sonando a bordo del Ventura, donde las cubiertas superiores aparecían abarrotadas de enfervorecidos pasajeros que cantaban al son de algunos clásicos como The Beatles o The Proclaimers. El clímax se alcanzó tras doblar el dique de abrigo cuando en la megafonía del barco comenzaron a sonar los primeros acordes del "God save the Queen" y el pasaje entonó su himno agitando banderitas con la Union Jack. Éxtasis patriotero mientras el Ventura ponía rumbo a casa, concretamente hacia el puerto de Southampton.




20 minutos después el Azura abandonaba también las instalaciones portuarias. Sin nadie ya que responder a sus bocinazos de despedida el ambiente parecía más apagado que el vivido tan sólo unos imomentos antes, incluso en las cubiertas superiores no se veía tanta animación; quizás su afortunado pasaje se reservaba para las cuatro jornadas de navegación que tenían por delante antes de llegar a su siguiente destino, la ciudad de Messina en la isla italiana de Sicilia. Con el Azura alejándose por la canal oeste se ponía el punto y final a una jornada histórica que deja para el recuerdo un buen número de imágenes y de sonidos que ya forman parte de lo más destacado de este 2013 en el puerto coruñés al que todavía le aguardan muchas escalas por recibir.


El Azura puso rumbo a Italia.


Mis agradecimientos a Carlos Rapela por el suministro de algunas de las espectaculares fotos que adornan este post obtenidas desde su impresionante atalaya.



martes, 20 de agosto de 2013

Tomando el testigo





Haciendo caso omiso a la superstición popular, el pasado martes 13 de agosto el puerto de A Coruña recibió una nueva visita de una nave de crucero y en este caso el protagonista de la jornada fue el buque Ryndam. Procedente de Zeebrugge (Bélgica), el considerado puerto de la ciudad de Brujas, el Ryndam llegó a la ría coruñesa poco después de las siete de la mañana en su segunda escala del año tras la realizada el pasado mes de mayo. En aquella ocasión su atraque en la dársena herculina coincidió con el buque Black Watch.




El Ryndam es propiedad de la naviera  Holland America Line, una compañía enmarcada dentro del sector premium de la industria de los cruceros y una de las marcas con mayor pedigrí y tradición en el mundo naval; baste con decir que hace unas semanas se cumplía el 140 aniversario de su fundación, allá por 1873, bajo el nombre de Nederlandsch-Amerikaansche Stoomvaart Maatschappij. Puesto que la naviera, con sede en Rotterdam, realizaba el sevicio de transporte de carga y pasajeros entre los Paises Bajos y los Estados Unidos años más tarde se simplificó su nombre al que conocemos actualmente y pese a seguir incluyendo la palabra "Holland" en su enunciado en la actualidad poco ya tiene que ver con su país de origen: desde 1989 Holland America Line es una compañía subsidiaria del gigante crucerístico norteamericano Carnival Corp. pero no todo lo referente al país de los tulipanes se ha perdido y sus naves siguen ondeando la tricolor holandesa. El Ryndam no es una excepción.




La presencia de esta compañía en la ciudad de A Coruña no es muy relevante. Su historial por aguas herculinas comienza en el año 2002 pero siempre con presencias muy puntuales y sin gran continuidad hasta finales de esa década. Aún así conviene destacar las escalas realizadas por algunos de sus buques como la del Oosterdam en septiembre de 2003, convirtiéndose en la nave de cruceros más grandes que recaló durante ese ejercicio, o la de su gemelo Noordam en julio de 2010.


Escalas como las del Oosterdam o el Noordam (en la foto) figuran entre 
lo más destacado de Holland America en A Coruña.
 

Sin embargo si una nave representa a la compañía de ascendencia neerlandesa en nuestra ciudad esa es sin lugar a dudas el Prinsendam. Pese a ser el más pequeño y antiguo de la extensa flota de la naviera, que actualmente opera con 15 buques, el Prinsendam es posiblemente su navío más exclusivo y el que goza de una mayor reputación dentro del mundillo crucerístico gracias a su excelente calidad en el servicio y a su especial oferta de itinerarios, muy diferenciada del resto de buques Holland. Tales son de especiales sus rutas que al Prinsendam se le conoce como "the elegant explorer" ("el elegante explorador").


El buque Prinsendam, el principal representante de la naviera Holland America 
en nuestra ciudad.


Como digo el Prinsendam es uno de los buques más frecuentes en el ránking histórico de escalas del puerto herculino con unas cifras a las que sólo se acercan buques como el Black Watch de Fred. Olsen Cruises o en los últimos años el megabuque de Royal Caribbean Independence of the Seas. Sin embargo desde el año 2011 el Prinsendam se ha convertido en una de las ausencias más notables hasta la fecha y su testigo como embajador de Holland America Line en A Coruña parece haberlo tomado nuestro protagonista de hoy. El Ryndam debutó en nuestra ciudad en agosto de 2011 y con la del pasado martes suma ya tres recaladas en aguas de Marineda. Este año además no será el único ondeando los colores de su compañía  y es que en unas semanas está prevista la escala de otro componente de la naviera, el buque Rotterdam, muy similar al Ryndam en su aspecto externo al estar su diseño basado en él pero de dimensiones mayores. El Rotterdam hará su debut en A Coruña el próximo 17 de septiembre.




Tras una escala de 9 horas, el Ryndam reemprendió viaje pasadas las seis de la tarde poniendo proa al sur para dirigirse al puerto de Leixoes, en el país vecino. Previsiblemente el buque holandés no volverá a atracar en nuestra ciudad en lo que resta de año por lo que tendremos que esperar hasta abril de 2014 para verlo surcar de nuevo las aguas de la bahía.


(Foto: Jose R. Montero)


Agradecimientos a uno de los colaboradores habituales del blog y estimado amigo, Jose Montero por el suministro de fotos.



domingo, 18 de agosto de 2013

El huevo y la castaña





La coincidencia de dos naves de pasaje atracadas al unísono en el muelle de transatlánticos tiene sus ventajas. La primera de ellas es que a nivel logístico la presencia de dos o más buques el mismo día simplifica la labor "afotadora" por la coincidencia de horarios (aquello de matar dos pájaros de un tiro). Sin embargo a veces puede producirse el efecto contrario y la jornada de "trabajo" se complica al no coincidir las horas de entrada o de salida de ambos barcos, lo que da lugar a un impasse de tediosa espera con la única compañía en ocasiones de la lluvia (aunque habitualmente viene con sus compañeros de viaje; el frío y el viento).




La segunda de las ventajas que tiene el que compartan atraque la misma jornada dos naves de crucero es que ésto nos permite realizar comparaciones en vivo de los dos especímenes observando en que puntos se asemejan y en que se diferencian, algo que los aficionados al mundillo de los barcos apreciamos de forma notable. Sin embargo y al igual que ocurría con el primer punto este segundo también presenta sus peros, y es que a veces las comparaciones (siempre odiosas) sencillamente no se pueden llevar a cabo debido a la naturaleza tan opuesta de ambos buques. Es en esas ocasiones cuando se puede utilizar la archiconocida frase de "son tan parecidos como un huevo a una castaña".




El pasado domingo 11 de agosto fue una de esas contadas veces en las que la presencia cada vez más habitual de una pareja de buques de crucero amarradas en el muelle coruñés no permitía llevar a cabo la comparativa. Y es que resultaría difícil, por no decir imposible encontrar dos barcos dedicados a este negocio tan distintos como el Sea Cloud II y el Quest for Adventure, hasta tal punto de que podemos llegar a poner en entredicho el hecho de que el primero pertenezca al gremio (pero pertenece). Es hora de hablar de los "protas" de la jornada y puesto que uno de ellos luce un inmaculado color blanco en su casco y el otro pinta de un tono más oscuro seguiremos con el símil del principio por lo que empezaré hablándoles del "huevo".


 
Quest for Adventure y Sea Cloud II: 2 propuestas antagónicas para 
un mismo propósito.


Y el "huevo" o mejor dicho, el Sea Cloud II resultó ser madrugador. Poco antes de las 07:00 horas tomaba práctico para dirigirse a su atraque en el muelle de transatlánticos y pese a lo temprano de la hora lo cierto es que el buque de la naviera Sea Cloud Cruises no se dio ninguna prisa en llegar, tomándose la travesía entre Bilbao y la ciudad herculina con mucha calma promediando unos 8 nudos. ¿Acaso no se trata de un viaje de placer?...


El Sea Cloud II se presentó en la dársena coruñesa con las primeras luces del día.
(Foto: Carlos Rapela)


La protagonizada el pasado domingo es la segunda y previsiblemente última escala del 2013 para este majestuoso velero cuya presencia es habitual en nuestros muelles al menos una vez al año. En el presente ejercicio la novedad está siendo la nutrida presencia de buques de crucero a vela que se dejan ver por nuestra ría y así este año hemos podido ver por aguas herculinas a ejemplares como el Club Med 2, su gemelo Wind Surf y en próximas fechas lo hará el Star Flyer. Siendo un subsegmento tan minoritario dentro de la industria crucerística, con apenas un 3% del total de la flota mundial de cruceros, convendrán conmigo que la visita de 4 de estos buques en un mismo año es muy significativa.




Pero pese a la competencia y pese a ser el más pequeño de los citados, a mi modesto entender el Sea Cloud II se impone a todos ellos en el aspecto estético, quizás en gran medida porque su diseño evoca a los tradicionales grandes veleros de antaño y se aparta de la tendencia de vanguardismo seguida por otros navíos con su misma propulsión (Club Med 2 y Wind Surf, por ejemplo) que no obstante son naves portentosas (y también muy bonitas).Y es que el molde escogido para cocinar esta auténtica delicia flotante es toda una institución de los mares; el bellísimo y longevo velero Sea Cloud, construido en 1931. A finales de los 90 la naviera germana  propietaria de este buque decidió construir un nuevo barco a imagen y semejanza del original Sea Cloud, tarea realmente complicada al no existir muchos astilleros especializados en la construcción de este tipo de naves. Finalmente el encargo se lo adjudicaron los astilleros Gondán de Castropol (Asturias). He aquí otra de las peculiaridades de este navío, sus raíces cuasi-galaicas; el Sea Cloud II es "astur" de pura cepa.


Buques como el Club Med 2 o el Wind Surf (en la foto) también son veleros de pasaje 
pero pese a su espectacularidad no alcanzan la elegancia del Sea Cloud II.


Y como los protagonistas de hoy son dos, es hora de dejar a un lado el "huevo" para centrarse en la "castaña". Vaya por delante que si me refiero al Quest for Adventure de tal manera es por seguir con el símil derivado de la archiconocida frase y no por aplicarle el término de forma peyorativa. El buque inglés, propiedad de la naviera Saga Cruises, llegó con las primeras luces del día y apenas unos minutos después de la recalada de su compañero de atraque dominical. Procedente de Gijón, el Quest for Adventure se aproximó a su punto de amarre en la zona más distal del muelle de transatlánticos para atracar por su costado de babor, para lo cual realizó un giro de 180 grados ayudándose de su hélice de proa. En dicha maniobra el buque mostró una de sus características y es que el sonoro traqueteo al girar su propulsor delantero delata que no nos encontramos ante un barco de reciente construcción...


Maniobrando para atracar por el costado de babor.


Ni mucho menos. Más de tres décadas contemplan al Quest for Adventure. Botado en 1981 en los astilleros Howaldtswerke-Deutsche Werft de Hamburgo (Alemania), este buque ha tenido una vida de lo más movida pasando por numerosos dueños y es todo un superviviente que en diversas ocasiones ha escapado de un fatídico final en forma de desguace. Se trata de una nave de pequeño tamaño con unas dimensiones muy discretas para lo que es común dentro de su género: 18.591 toneladas de registro bruto, 164´3 metros de eslora, 22´6 metros de manga y un calado de 6´1 metros. A bordo pueden viajar un total de 602 pasajeros en capacidad máxima, cifra que puede parecer pequeña pero que se convierte en toda una populosa ciudad si la comparamos con los 96 privilegiados que viajan a bordo del Sea Cloud II, pero como ya dije antes resulta imposible comparar a estas dos naves en ningún parámetro.


Sirva esta comparativa para apreciar el pequeño tamaño del Quest for Adventure.


Repasar la vida, obra y milagros del Quest for Adventure requeriría varios capítulos y como previsiblemente este barco volverá a visitar A Coruña a finales de año, me reservo la historia de su carrera comercial para posteriores entradas en las que este buque figure como único protagonista, con el objeto de dedicarle toda la atención que se merece.




A primera hora de la tarde los protagonistas de la jornada comenzaron a ponerse en movimiento, al menos uno de ellos. A las 16:00 horas el Sea Cloud II soltó amarras para poner rumbo a un lugar muy especial e inaccesible para la mayoría de buques de crucero, las Islas Cíes, donde el buque germano fondearía al día siguiente. Pese a que como dije antes este velero es un asiduo visitante de nuestra ciudad, en sus numerosas escalas nunca he tenido la oportunidad de verlo navegar con algo de trapo largado y la del pasado domingo tampoco fue una excepción permaneciendo sus 23 velas tozudamente recogidas hasta que la silueta del buque se perdió en lontananza. Una pena.


Salida a palo desnudo (para variar...).


Por su parte el Quest for Adventure pareció cogerle algo más de gusto a la urbe y hasta las 18:00 horas no volvió a reemprender la marcha, momento en el que zarpó para, una vez superado el dique de abrigo, poner proa al sur con rumbo al puerto de Leixoes. Pese a llevarle dos horas de ventaja el Sea Cloud II aún asomaba en la lejanía moviéndose a una pausada velocidad de 6-7 nudos con lo que tras una hora de travesía el buque británico volvió a superar al velero. Claro que no se trataba de una carrera. Simplemente son dos formas distintas de entender un mismo negocio, tan distintas que cualquier parecido entre ambas es pura coincidencia... como el del huevo y la castaña.





Agradecimientos a mi colega Carlos Rapela por pemitirme el uso de su (estupendo) material fotográfico.



martes, 6 de agosto de 2013

No es el que empieza...


... si no el que persevera.




No todo van a ser buques de crucero en esta vida. Y es que pese a lo que indica el título de este blog en el puerto de A Coruña de vez en cuando recibimos ilustres visitas que nada tienen que ver con las habituales naves de pasaje sobre las que trata esta modesta publicación. Hace apenas unos días el lujoso buque The World, el barco de los millonarios como se le conoce dentro de la industria de los cruceros, pasó 4 jornadas atracado en nuestros muelles luciendo exclusividad y glamour en la zona de la Marina pero pese a tratarse de lo más lujoso en lo que a navegación de placer se refiere el buque norteamericano se vio obligado a compartir protagonismo e incluso a ser relegado a un segundo plano por la presencia de uno de los mayores y más legendarios veleros que surca los mares en la actualidad. Les hablo del Amerigo Vespucci, el buque-escuela de la marina italiana que llegó a A Coruña el pasado 25 de julio para permanecer en la urbe herculina por espacio de 4 días.




Este icono de la navegacion transalpina llegó a la dársena coruñesa el pasado jueves cuando el reloj marcaba las 08:00 horas en una mañana gris en los climatológico y negra en lo anímico. El majestuoso velero se fue aproximando al muelle de transatlánticos donde se hallaba atracado desde el día anterior el The World, testigo de la maniobra que se llevó a cabo con la ayuda de dos remolcadores y en la que el navío escuela realizó un giro de 180 grados para atracar por su costado de babor. En su interior además de sus 278 tripulantes viajan en esta travesía 102 cadetes de entre 18 y 20 años (el 20% mujeres) de la Escuela Naval de Livorno en el ya tradicional viaje de instrucción donde aprenderán las bases de la navegación hasta mediados de septiembre a bordo de este mítico navío.




Construido en los astilleros de Castellammare di Stabia (Nápoles) en 1931 el Amerigo Vespucci  es un gran velero de tres palos con un desplazamiento de 4.146 toneladas, una eslora de 82´4 metros que alcanza los 101 metros si incluimos el bauprés, 15´5 metros de manga y un calado de 7 metros. Pese a que incorpora dos motores diesel Fiat la verdadera alma de este navío son sus 24 velas que le permiten exponer al viento una superficie vélica de 2.635 metros cuadrados. Cada una de ellas sigue manteniendo la estructura y composición tradicional; alejadas del uso de las modernas fibras textiles y de los más avanzados automatismos, las velas del Amerigo Vespucci están compuestas por lona tejida compuesta basicamente por cáñamo y lino y su izado y arriado se realiza de forma manual.


 
Arriba: Palo Mayor del Amerigo Vespucci con el velamen recogido.
Abajo: Jarcia de labor que sirve para el manejo de las velas.



Y es que la tradición impera en cada rincón de este navío. Otro detalle que nos revela esta característica es una de las mayores particularidades de este buque italiano y es que a bordo del Amerigo Vespucci durante las maniobras todas las órdenes a la tripulación se dan mediante el silbato del contramaestre lo que convierte el atraque y el desatraque de la nave transalpina en todo un espectáculo digno de presenciar.



Arriba: La tripulación en cubierta prepara la maniobra de atraque.
Abajo: Los oficiales utilizan el silbato del contramaestre para dar las órdenes durante la maniobra.

(Foto abajo: marina.difesa.it)


La visita y estancia en nuestra ciudad durante 4 jornadas se enmarcó dentro de la travesía de instrucción que el buque lleva a cabo por Europa y que tuvo su punto inicial en Livorno, su base de operaciones, el pasado 8 de julio y que le llevará a recorrer en dos meses y medio las ciudades de Barcelona, A Coruña, Londres, Hamburgo, Amberes, Lisboa, Málaga y vuelta a su puerto base el próximo 21 de septiembre tras 75 días de viaje y 50 jornadas de navegación.




Su última visita a la ciudad herculina databa de hacía siete años cuando el Amerigo Vespucci formó parte de la gran flota de la Regata de Grandes Veleros (la antigua Regata Cutty Sark) que recaló por unos días en nuestra ciudad en aquel 2006. El Amerigo es un habitual en este tipo de regatas, donde suele convertirse en una de sus principales estrellas junto con otro histórico, el alemán Gorch Fock, con el que mantiene una deportiva rivalidad. Tras su última visita del pasado año (en la que no pudimos ver a nuestro protagonista de hoy) la regata volverá a A Coruña en 2016 y lo hará de una manera muy especial; por primera vez la ciudad será el punto y final del evento deportivo.


Cientos de coruñeses aprovecharon las jornadas de puertas abiertas para 
conocer el buque-escuela italiano por dentro.


La casualidad quiso que el Amerigo Vespucci arribara la pasada semana en una de las jornadas más tristes en la reciente historia de nuestro país. El día de la fiesta de Galicia se tornó de luto por el fatal accidente ferroviario de Santiago. La tripulación del buque-escuela italiano mostró su solidaridad con nuestro pueblo y lo hizo de la manera más altruista y generosa posible presentándose integramente y de manera voluntaria para donar sangre si fuera necesario; un acto que les honra y que demuestra su carácter de servicio público para la comunidad en los momentos de mayor adversidad. En mi nombre y a buen seguro que en el de muchos gallegos quisiera desde este modesto blog darle mi más sincero agradecimiento a cada uno de los integrantes de su dotación por tan loable gesto.



Arriba: El pueblo italiano se solidarizó con el gallego durante una de las jornadas más trágicas de su historia reciente.
Abajo. Detalle de la rueda(s) del timón del Amerigo Vespucci.



Volviendo a temas más alegres es momento de dar algunas pinceladas sobre la vida del Amerigo Vespucci. Su historia comienza en 1925 cuando a iniciativa del almirante Sirianni, ministro de la Marina de la época, se decidió construir dos nuevos buques-escuela para sustituir a los dos ya existentes y que se habían quedado obsoletos. las nuevas naves diseñadas por Francesco Rotundi, jefe de ingenieros navales de los astilleros de Castellammare di Stabia, fueron bautizadas con los nombres de dos de los más más ilustres exploradores italianos; Cristoforo Colombo y Amerigo Vespucci. Nuestro protagonista, que en realidad era un poco más grande que su teórico gemelo, se botó en segundo lugar e inició su carrera el 21 de febrero de 1931 y más tarde, en octubre de ese mismo año, recibió la bandera de combate en Génova.


El Amerigo Vespucci (derecha) y su cuasigemelo Cristoforo Colombo atracados 
juntos en algún puerto italiano en la década de los 30.
(Fuente: marina.difesa.it)


Durante una década ambos buques fueron utilizados por la marina italiana para el entrenamiento de sus tropas pero la irrupción de la II Guerra Mundial supuso el fin de la labor conjunta de los dos hermanos. Tras el final de la contienda la firma de los acuerdos internacionales obligó a Italia a vender varios buques a la URSS en concepto de indemnización por daños de guerra. El Cristoforo Colombo fue uno de ellos, pasando a llamarse Dunay y a servir a las órdenes de la marina soviética. Desgraciadamente el Dunay ya no está entre nosotros pues fue pasto de las llamas en 1963.


El mascarón de proa representa la figura del ilustre 
explorador italiano que da nombre al barco.


Tras la Gran Guerra el Amerigo Vespucci se quedó como el único buque-escuela italiano hasta 1952 cuando se le sumó el bergantín-goleta Ebe y más tarde, en 1955, la marina italiana compró un velero francés dedicado a la pesca  llamado Commandant Louis Richard y que fue rebautizado como Palinuro. En la actualidad el Palinuro, junto al Amerigo Vespucci, forma una de las duplas de buques a vela más bellas del mundo.


(Foto: Jose R. Montero)


Y es que tratar de describir la belleza de este navío con palabras constituye un auténtico imposible. Quizás una de las mejores anécdotas que existen sobre este barco tiene que ver con este rasgo y sucedió en 1962 en el Mar Mediterráneo cuando el majestuoso velero se cruzó de vuelta encontrada con el portaaviones norteamericano USS Independence que se comunicó con él mediante señales luminosas pidiéndole que se identificase. El velero se presentó:  "Buque Amerigo Vespucci de la Marina Italiana" a lo que el portaaviones respondió: " Tu eres el barco más bello del mundo". No le faltaba razón.




Pasearse por su cubierta es hacerlo por un verdadero museo, un homenaje a la más gloriosa tradición marinera que luce como el primer día gracias a los esmerados cuidados de su tripulación. Allá donde se dirija la mirada se observan mil y un detalles que llaman la atención al visitante resultando a veces imposible decidir hacia que punto dirigir la cámara de fotos. Es tanto lo susceptible de ser fotografiado... Personalmente el detalle que más me gusta es el enorme cartel que aparece en la cubierta principal y en el que se puede leer en enormes letras doradas el lema de la nave "Non chi comincia ma quel che persevera" ("No es el que empieza si no el que persevera"). La frase resume el espíritu de educación y formación de los futuros oficiales de la Armada. Este lema está vigente desde 1978, año en el que fue sustituido el anterior que rezaba: "Saldi nella furia dei venti e degli eventi" ("Firme en la furia de los vientos y los acontecimientos"). En sus primeros años el motto era "Per la patria e per il Re ("Por la patria y el Rey").


El lema del Amerigo Vespucci aparece en la cubierta principal de la nave.


Mucha gente se pregunta si tiene algún sentido que en pleno siglo XXI muchos países sigan usando este tipo de naves para adiestrar a sus tropas. Las marinas siguen pensando que la mejor manera que existe de conocer el mar es a bordo de buques impulsados a vela en lugar de en barcos que incorporan lo último en tecnología. Acostumbrarse a usar los aparatos más avanzados para la propulsión o para situación de la nave podría llevar a no saber como actuar en los casos en los que la tecnología fallase, por eso la mejor manera de formar a un oficial de marina es hacer que éste se enfrente al mar y a las fuerzas de la naturaleza cara a cara sin la intervención de más factores. En resumen vivir la esencia misma de la navegación. Quizás por ello más de 26 marinas en todo el globo utilizan buques-escuela a vela para formar a sus futuros oficiales, algunos incluso más longevos que el venerable Amerigo Vespucci, que pese a contar ya con 82 años sobre sus cuadernas no ostenta el título del más veterano en este tipo de barcos; sin ir más lejos al italiano lo supera nuestro espléndido Juan Sebastian Elcano, que nació allá por 1927. El decano de los buques escuela sin embargo es el noruego Statsraad Lehmkuhlh, que nació en los albores del siglo XX y lo contemplan 99 años!!!. Ahí es nada.


(Foto: Jose R. Montero)


Tras hacer las delicias de cientos de coruñeses, que pudimos disfrutar de una reliquia viviente durante unos cuantos días, a primera hora del lunes 29 el legendario velero se hizo de nuevo a la mar para poner proa al norte hacia las islas británicas. La salida del navío vista desde Mera dio lugar a una de esas icónicas instantáneas con el Amerigo Vespucci soltando trapo y la Torre de Hércules como pétreo testigo de su paso. Ojalá podamos volver a disfrutar pronto de la soberbia estampa de este mito de los mares surcando la bahía, un icono de la navegación que sigue a sus más de 80 años se mantiene fiel a su idea inicial de formar a los futuros oficiales de la marina italiana haciendo honor a su lema: no es el que empieza si no el que persevera.




Agradecimientos a mi amigo Jose Montero por las fotos suministradas.