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lunes, 25 de noviembre de 2013

La historia del gallo





Procedente de Southampton el pasado lunes día 18 el buque Oriana, propiedad de la naviera P&O, realizó en el puerto herculino la que a priori iba a ser su última escala del año del total de seis previstas en nuestros muelles para este 2013; al final será la penúltima puesto que hace unos días ha trascendido que la nave inglesa volverá a visitarnos en unas semanas, concretamente el próximo 17 de diciembre. Es junto a sus compañeros de naviera Oceana y Ventura de los más asiduos visitantes este año pero a diferencia  de sus "coequipiers" la presencia del Oriana  tiene una especial relevancia en este ejercicio tras el paréntesis de dos años sin dejarse ver por nuestras aguas.




A nivel personal reconozco que también le doy más importancia debido a que se trata de uno de mis navíos preferidos con su bonito diseño que ahora se nos empieza a antojar clásico y que se aleja del repetitivo esquema visto en las unidades salidas de los astilleros en los últimos años. Un barco único en el más amplio sentido de la palabra y es que a diferencia de otros el Oriana no tiene buques gemelos, lo que le otorga un punto más de exclusividad. Es único en su especie. Por ponerle un pero a esta última afirmación podríamos decir que en realidad cuenta con un barco que, si bien no es gemelo, si cabría definir como primo-hermano; se trata del Aurora, construido 5 años después del Oriana  y diseñado a imagen y semejanza de nuestro protagonista de hoy.



El diseño del Aurora (arriba) se inspira claramente en las líneas del Oriana (abajo), construido 5 años antes.



Una de las cosas que más me gusta del Oriana es la cantidad de anécdotas y curiosidades que existen sobre este navío, algo que me viene de perlas para sacar adelante este modesto blog. En muchas ocasiones resulta ciertamente complicado escribir algo interesante sobre los barcos que nos visitan sin caer en la repetición y en este caso el Oriana es de esos buques "agradecidos" puesto que en torno a su figura siempre se encuentra algún detalle llamativo que, tirando del hilo, da para una buena historia. La de hoy es una de las más curiosas de cuantas existen sobre esta soberbia nave y sirve para demostrar, como dije antes, que estamos ante un barco muy especial.




Entre las muchas  características diferenciadoras que presenta el Oriana respecto al resto de compañeros de flota la principal es la presencia de un gallo en el ala de estribor de su puente de mando. Han leído bien, un gallo. Conviene aclarar eso si que hay gato (o gallo) encerrado; en el Oriana al igual que en el resto de la flota crucerística mundial no están permitidos los animales a bordo (la única excepción es el Queen Mary 2 y sólo durante sus rutas transatlánticas). El ave en cuestión es la figura metálica de un gallo dorado, el denominado "Golden Cockerel", el trofeo que se le otorga al buque más rápido de la flota P&O.


El "Golden Cockerel" situado en el ala de estribor del puente del Oriana.
(Fuente: orianaof1995.blogspot.com)


Cuando el Oriana entró en servicio en el año 1995 se convirtió en el navío de pasaje más rápido desde la construcción del Queen Elizabeth 2 en 1969 y en el buque de crucero más rápido jamás construido, título que sumaba al de buque de crucero más grande de todos los tiempos; resulta evidente que en esas fechas, el buque inglés se convirtió en el más mediático del mundo pero ironicamente estos hechos no le convertían en el buque más rápido de la compañía; había otro "gallo" en el corral y ese era el mítico SS Canberra que con sus 29´27 nudos alcanzados en sus pruebas del mar, allá en el año 1961, no tenía rival dentro de la naviera británica en cuanto a temas de velocidad.


El Oriana durante su salida de la ciudad.
(Foto: Manuel Candal)


Sin embargo el reloj corría en contra del legendario Canberra y si bien el flamante buque recién salido de los astilleros no fue capaz de batir su récord de velocidad, el tiempo sí fue capaz de derrotarle. En 1996 la P&O anunció la retirada de la mítica ballena blanca, apodo por el que se le conocía al Canberra desde su participación el la guerra de las Malvinas, y el Oriana se convirtió en el buque más rápido de la flota tras la retirada de éste; el traspaso del emblemático gallo que había lucido durante más de 10 años (antes que él lo ostentaba el SS Oriana) tuvo lugar el 25 de septiembre de 1997 en Cannes (Francia) donde Oriana y Canberra coincidieron atracados tan sólo cinco días antes de la retirada definitiva del Canberra. La emotiva ceremonia fue seguida con gran expectación por parte de los pasajeros de ambas naves


Durante su coincidencia en Cannes en otoño de 1997 se produjo el traspaso de poderes 
entre el Canberra y el Oriana pasando éste último a ostentar el "Golden Cockerel".
(Fuente: orianaof1995.blogspot.com)


Normalmente los buques de crucero no necesitan desarrollar grandes velocidades; lo suyo es la navegación relax  durante la noche para que sus afortunados moradores se despierten cada día en un puerto distinto pero la enorme velocidad desarrollada por el Oriana tiene un propósito: se necesita una velocidad de 24 nudos para realizar la circumnavegación al globo en 80 días o menos, requisito que venía en una cláusula del contrato de construcción que la naviera inglesa P&O firmó con los astilleros Meyer de Alemania. Los alemanes se pusieron a ello y como suele suceder cuando construyen algo, superaron todas las expectativas; durante las pruebas en el mar realizadas en un agitado Mar del Norte el Oriana alcanzó unos estratosféricos 27´2 nudos, lo que demuestra que un diseño eficiente no está reñido con la belleza.




16 años después nadie ha podido con la hegemonía del Oriana dentro de la compañía británica en materia de velocidad. Ni el Aurora, ni el Arcadia, ni el Ventura ni el Azura pueden con las espectaculares cifras que logra alcanzar este prodigio naval cuando pone su maquina en avante toda. Tras ser absorbida la P&O por el gigante crucerístico mundial Carnival Corp. en el año 2003 el buque inglés ha pasado a formar parte de una enorme flota formada por más de 100 naves y pese a la enorme competencia el Oriana sigue defendiéndose muy bien pese a no ser ya un "chaval" y en el ránking de los más veloces ostenta un meritorio tercer puesto unicamente superado por dos unidades tan especializadas como el Queen Mary 2 (que en realidad es un transatlántico y no puede compararse a nivel técnico con un buque de crucero convencional) y el Costa Voyager (una nave que fue construida con unos parámetros técnicos muy concretos con el própósito de tocar tres continentes, Europa, Asia y África, en un viaje de siete días). Los demás, pese a ser más nuevos o más grandes, no osan acercarse siquiera a las cifras de velocidad de este soberbio buque que, sin un pasado que incluya heroicidades bélicas como el Canberra, se ha convertido sin lugar a dudas en todo un emblema dentro de la histórica naviera P&O.


El mercante Zenit sale de puerto mientras al fondo el Oriana pone proa al sur 
para dirigirse a Casablanca.
(Foto: Manuel Candal)


Tras pasar toda la mañana descansando en el muelle de transatlánticos, pasadas las tres de la tarde el Oriana se puso de nuevo en movimiento y tras doblar el dique apuntó con su proa al sur para dirigirse hacia Casablanca donde llegaría tras dos jornadas de navegación en las que buen seguro este excepcional buque tuvo oportunidad de mostrar una de sus principales virtudes. Visto desde las proximidades de la Torre de Hércules, donde nos apostamos habitualmente algunos shipspotters para ver la partida de estos colosos flotantes, la impresionante estampa marinera del Oriana surcando agilmente las olas sirvió para reafirmar mi devoción incondicional por este buque que veremos de nuevo en unas semanas navegando por nuestra ría y muy posiblemente también en 2014. Lo que sí es seguro es que cuando vuelva a visitarnos el gallo dorado seguirá instalado impertérrito en el ala de estribor del puente del Oriana. Ahora la pregunta es: ¿alguien conseguirá en el futuro que el gallo "cambie de corral"? El tiempo, como siempre, es el que tiene la respuesta...




No quisiera acabar esta entrada sin agradecer a Manuel Candal las excepcionales fotos prestadas para ilustrar el post.



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