martes, 6 de agosto de 2013

No es el que empieza...


... si no el que persevera.




No todo van a ser buques de crucero en esta vida. Y es que pese a lo que indica el título de este blog en el puerto de A Coruña de vez en cuando recibimos ilustres visitas que nada tienen que ver con las habituales naves de pasaje sobre las que trata esta modesta publicación. Hace apenas unos días el lujoso buque The World, el barco de los millonarios como se le conoce dentro de la industria de los cruceros, pasó 4 jornadas atracado en nuestros muelles luciendo exclusividad y glamour en la zona de la Marina pero pese a tratarse de lo más lujoso en lo que a navegación de placer se refiere el buque norteamericano se vio obligado a compartir protagonismo e incluso a ser relegado a un segundo plano por la presencia de uno de los mayores y más legendarios veleros que surca los mares en la actualidad. Les hablo del Amerigo Vespucci, el buque-escuela de la marina italiana que llegó a A Coruña el pasado 25 de julio para permanecer en la urbe herculina por espacio de 4 días.




Este icono de la navegacion transalpina llegó a la dársena coruñesa el pasado jueves cuando el reloj marcaba las 08:00 horas en una mañana gris en los climatológico y negra en lo anímico. El majestuoso velero se fue aproximando al muelle de transatlánticos donde se hallaba atracado desde el día anterior el The World, testigo de la maniobra que se llevó a cabo con la ayuda de dos remolcadores y en la que el navío escuela realizó un giro de 180 grados para atracar por su costado de babor. En su interior además de sus 278 tripulantes viajan en esta travesía 102 cadetes de entre 18 y 20 años (el 20% mujeres) de la Escuela Naval de Livorno en el ya tradicional viaje de instrucción donde aprenderán las bases de la navegación hasta mediados de septiembre a bordo de este mítico navío.




Construido en los astilleros de Castellammare di Stabia (Nápoles) en 1931 el Amerigo Vespucci  es un gran velero de tres palos con un desplazamiento de 4.146 toneladas, una eslora de 82´4 metros que alcanza los 101 metros si incluimos el bauprés, 15´5 metros de manga y un calado de 7 metros. Pese a que incorpora dos motores diesel Fiat la verdadera alma de este navío son sus 24 velas que le permiten exponer al viento una superficie vélica de 2.635 metros cuadrados. Cada una de ellas sigue manteniendo la estructura y composición tradicional; alejadas del uso de las modernas fibras textiles y de los más avanzados automatismos, las velas del Amerigo Vespucci están compuestas por lona tejida compuesta basicamente por cáñamo y lino y su izado y arriado se realiza de forma manual.


 
Arriba: Palo Mayor del Amerigo Vespucci con el velamen recogido.
Abajo: Jarcia de labor que sirve para el manejo de las velas.



Y es que la tradición impera en cada rincón de este navío. Otro detalle que nos revela esta característica es una de las mayores particularidades de este buque italiano y es que a bordo del Amerigo Vespucci durante las maniobras todas las órdenes a la tripulación se dan mediante el silbato del contramaestre lo que convierte el atraque y el desatraque de la nave transalpina en todo un espectáculo digno de presenciar.



Arriba: La tripulación en cubierta prepara la maniobra de atraque.
Abajo: Los oficiales utilizan el silbato del contramaestre para dar las órdenes durante la maniobra.

(Foto abajo: marina.difesa.it)


La visita y estancia en nuestra ciudad durante 4 jornadas se enmarcó dentro de la travesía de instrucción que el buque lleva a cabo por Europa y que tuvo su punto inicial en Livorno, su base de operaciones, el pasado 8 de julio y que le llevará a recorrer en dos meses y medio las ciudades de Barcelona, A Coruña, Londres, Hamburgo, Amberes, Lisboa, Málaga y vuelta a su puerto base el próximo 21 de septiembre tras 75 días de viaje y 50 jornadas de navegación.




Su última visita a la ciudad herculina databa de hacía siete años cuando el Amerigo Vespucci formó parte de la gran flota de la Regata de Grandes Veleros (la antigua Regata Cutty Sark) que recaló por unos días en nuestra ciudad en aquel 2006. El Amerigo es un habitual en este tipo de regatas, donde suele convertirse en una de sus principales estrellas junto con otro histórico, el alemán Gorch Fock, con el que mantiene una deportiva rivalidad. Tras su última visita del pasado año (en la que no pudimos ver a nuestro protagonista de hoy) la regata volverá a A Coruña en 2016 y lo hará de una manera muy especial; por primera vez la ciudad será el punto y final del evento deportivo.


Cientos de coruñeses aprovecharon las jornadas de puertas abiertas para 
conocer el buque-escuela italiano por dentro.


La casualidad quiso que el Amerigo Vespucci arribara la pasada semana en una de las jornadas más tristes en la reciente historia de nuestro país. El día de la fiesta de Galicia se tornó de luto por el fatal accidente ferroviario de Santiago. La tripulación del buque-escuela italiano mostró su solidaridad con nuestro pueblo y lo hizo de la manera más altruista y generosa posible presentándose integramente y de manera voluntaria para donar sangre si fuera necesario; un acto que les honra y que demuestra su carácter de servicio público para la comunidad en los momentos de mayor adversidad. En mi nombre y a buen seguro que en el de muchos gallegos quisiera desde este modesto blog darle mi más sincero agradecimiento a cada uno de los integrantes de su dotación por tan loable gesto.



Arriba: El pueblo italiano se solidarizó con el gallego durante una de las jornadas más trágicas de su historia reciente.
Abajo. Detalle de la rueda(s) del timón del Amerigo Vespucci.



Volviendo a temas más alegres es momento de dar algunas pinceladas sobre la vida del Amerigo Vespucci. Su historia comienza en 1925 cuando a iniciativa del almirante Sirianni, ministro de la Marina de la época, se decidió construir dos nuevos buques-escuela para sustituir a los dos ya existentes y que se habían quedado obsoletos. las nuevas naves diseñadas por Francesco Rotundi, jefe de ingenieros navales de los astilleros de Castellammare di Stabia, fueron bautizadas con los nombres de dos de los más más ilustres exploradores italianos; Cristoforo Colombo y Amerigo Vespucci. Nuestro protagonista, que en realidad era un poco más grande que su teórico gemelo, se botó en segundo lugar e inició su carrera el 21 de febrero de 1931 y más tarde, en octubre de ese mismo año, recibió la bandera de combate en Génova.


El Amerigo Vespucci (derecha) y su cuasigemelo Cristoforo Colombo atracados 
juntos en algún puerto italiano en la década de los 30.
(Fuente: marina.difesa.it)


Durante una década ambos buques fueron utilizados por la marina italiana para el entrenamiento de sus tropas pero la irrupción de la II Guerra Mundial supuso el fin de la labor conjunta de los dos hermanos. Tras el final de la contienda la firma de los acuerdos internacionales obligó a Italia a vender varios buques a la URSS en concepto de indemnización por daños de guerra. El Cristoforo Colombo fue uno de ellos, pasando a llamarse Dunay y a servir a las órdenes de la marina soviética. Desgraciadamente el Dunay ya no está entre nosotros pues fue pasto de las llamas en 1963.


El mascarón de proa representa la figura del ilustre 
explorador italiano que da nombre al barco.


Tras la Gran Guerra el Amerigo Vespucci se quedó como el único buque-escuela italiano hasta 1952 cuando se le sumó el bergantín-goleta Ebe y más tarde, en 1955, la marina italiana compró un velero francés dedicado a la pesca  llamado Commandant Louis Richard y que fue rebautizado como Palinuro. En la actualidad el Palinuro, junto al Amerigo Vespucci, forma una de las duplas de buques a vela más bellas del mundo.


(Foto: Jose R. Montero)


Y es que tratar de describir la belleza de este navío con palabras constituye un auténtico imposible. Quizás una de las mejores anécdotas que existen sobre este barco tiene que ver con este rasgo y sucedió en 1962 en el Mar Mediterráneo cuando el majestuoso velero se cruzó de vuelta encontrada con el portaaviones norteamericano USS Independence que se comunicó con él mediante señales luminosas pidiéndole que se identificase. El velero se presentó:  "Buque Amerigo Vespucci de la Marina Italiana" a lo que el portaaviones respondió: " Tu eres el barco más bello del mundo". No le faltaba razón.




Pasearse por su cubierta es hacerlo por un verdadero museo, un homenaje a la más gloriosa tradición marinera que luce como el primer día gracias a los esmerados cuidados de su tripulación. Allá donde se dirija la mirada se observan mil y un detalles que llaman la atención al visitante resultando a veces imposible decidir hacia que punto dirigir la cámara de fotos. Es tanto lo susceptible de ser fotografiado... Personalmente el detalle que más me gusta es el enorme cartel que aparece en la cubierta principal y en el que se puede leer en enormes letras doradas el lema de la nave "Non chi comincia ma quel che persevera" ("No es el que empieza si no el que persevera"). La frase resume el espíritu de educación y formación de los futuros oficiales de la Armada. Este lema está vigente desde 1978, año en el que fue sustituido el anterior que rezaba: "Saldi nella furia dei venti e degli eventi" ("Firme en la furia de los vientos y los acontecimientos"). En sus primeros años el motto era "Per la patria e per il Re ("Por la patria y el Rey").


El lema del Amerigo Vespucci aparece en la cubierta principal de la nave.


Mucha gente se pregunta si tiene algún sentido que en pleno siglo XXI muchos países sigan usando este tipo de naves para adiestrar a sus tropas. Las marinas siguen pensando que la mejor manera que existe de conocer el mar es a bordo de buques impulsados a vela en lugar de en barcos que incorporan lo último en tecnología. Acostumbrarse a usar los aparatos más avanzados para la propulsión o para situación de la nave podría llevar a no saber como actuar en los casos en los que la tecnología fallase, por eso la mejor manera de formar a un oficial de marina es hacer que éste se enfrente al mar y a las fuerzas de la naturaleza cara a cara sin la intervención de más factores. En resumen vivir la esencia misma de la navegación. Quizás por ello más de 26 marinas en todo el globo utilizan buques-escuela a vela para formar a sus futuros oficiales, algunos incluso más longevos que el venerable Amerigo Vespucci, que pese a contar ya con 82 años sobre sus cuadernas no ostenta el título del más veterano en este tipo de barcos; sin ir más lejos al italiano lo supera nuestro espléndido Juan Sebastian Elcano, que nació allá por 1927. El decano de los buques escuela sin embargo es el noruego Statsraad Lehmkuhlh, que nació en los albores del siglo XX y lo contemplan 99 años!!!. Ahí es nada.


(Foto: Jose R. Montero)


Tras hacer las delicias de cientos de coruñeses, que pudimos disfrutar de una reliquia viviente durante unos cuantos días, a primera hora del lunes 29 el legendario velero se hizo de nuevo a la mar para poner proa al norte hacia las islas británicas. La salida del navío vista desde Mera dio lugar a una de esas icónicas instantáneas con el Amerigo Vespucci soltando trapo y la Torre de Hércules como pétreo testigo de su paso. Ojalá podamos volver a disfrutar pronto de la soberbia estampa de este mito de los mares surcando la bahía, un icono de la navegación que sigue a sus más de 80 años se mantiene fiel a su idea inicial de formar a los futuros oficiales de la marina italiana haciendo honor a su lema: no es el que empieza si no el que persevera.




Agradecimientos a mi amigo Jose Montero por las fotos suministradas.
 


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