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miércoles, 28 de agosto de 2013

A ciegas





Procedente del puerto de Gibraltar el pasado miércoles 21 de agosto hizo escala en el puerto de A Coruña el buque de crucero Balmoral, propiedad de la naviera Fred. Olsen Cruise Lines en la que supone ya la décima escala de este tipo de tráficos en el mes de agosto. La nave llegó a la ciudad herculina poco antes de las 07:00 horas para quedar atracada minutos más tarde en el muelle de transatlánticos por su costado de babor.




El Balmoral es un gran conocido en nuestro puerto por sus frecuentes visitas desde su nueva andadura comercial con su actual compañía, que lo explota desde principios de 2008, siendo este buque la unidad más grande de toda su flota y que en la actualidad se compone de cuatro unidades: el Black Watch, su gemelo Boudicca, el Braemar y nuestro protagonista de hoy. Todos ellos, como ya sabrán los que estén familiarizados con la presencia de este tipo de barcos en nuestros muelles, son asiduos visitantes de nuestra ciudad. Pese a que como digo el Balmoral es todo un habitual aquí la del pasado miércoles constituyó su primera escala del año en aguas coruñesas, algo poco frecuente ya que su presencia en cada ejercicio suele ser de unas dos o tres escalas por año cuando no más. 2013 será una excepción ya que el buque británico no tiene previsto realizar más escalas en A Coruña.




Tras pasar toda la mañana atracado en la urbe permitiendo a sus casi 1.400 pasajeros callejear por el centro o visitar los alrededores en alguna de las excursiones programadas, el Balmoral zarpó rumbo a Southampton con algo de retraso sobre el horario previsto, soltando amarras cuando el reloj marcaba las 16:30 horas. La salida tuvo lugar en mitad de un espeso banco de niebla que en cuestión de minutos engulló  la ciudad, Balmoral incluido. Precisamente la niebla me sirve como hilo conductor en esta entrada para contarles un suceso ocurrido a bordo de este navío hace ahora unas semanas cuando el buque se encontraba realizando un crucero por el norte de Europa el pasado día 27 de julio.


Un monstruo acecha: Como si de un depredador se tratase, el Balmoral parece 
ocultarse entre la niebla en busca de alguna presa. ¿Quizás alguno 
de los integrantes de esa "manada" de veleros?


Las evacuaciones médicas a bordo de este tipo de buques son bastante frecuentes; no olvidemos que hablamos de auténticas ciudades flotantes que si bien cuentan a bordo con unas buenas instalaciones médicas resultan insuficientes cuando el diagnóstico del pasajero o el tripulante enfermo es de gravedad. Es entonces cuando el paciente debe ser evacuado a tierra, tarea que se complica cuando la nave se encuentra navegando lejos de la costa y más todavía cuando las condiciones climatológicas son adversas.




Los dos últimos supuestos se cumplían para el caso concreto del Balmoral en la citada travesía. El buque británico se hallaba en ruta hacia Noruega tras salir el día anterior del puerto de Southampton cuando una pasajera de avanzada edad enfermó gravemente hasta el punto en que se hizo necesaria evacuarla a tierra. Tras ponerse en contacto con los guardacostas se despachó a un helicóptero de la RAF desde su base en el aeropuerto de Wattisham en Suffolk (Inglaterra) para llevar a cabo el operativo que si bien entraña peligro, es bastante común de realizar para lo que se cuenta con equipos especializados en dichas labores. En el caso concreto que nos ocupa la operación se complicó más de lo previsto debido a las adversas condiciones climatológicas reinantes en la zona. Cuando el helicóptero llegó a la altura del Balmoral éste permanecía oculto por una espesa niebla que no permitía al piloto de la aeronave una visibilidad mayor de 50 metros. Eran tan densa la niebla que los tripulantes del helicóptero sólo pudieron localizar el buque mediante el radar.




Pese a lo complicado de las condiciones, de hecho el operador del winch declaró que la evacuación había supuesto uno de los mayores desafíos para su equipo, el rescate se llevó a cabo con éxito lo que dice mucho de la profesionalidad y excelente preparación de los equipos de salvamento marítimos ya sean en este caso ingleses o españoles. La pasajera fue llevada al Hospital Universitario de Norwich para ser atendida de su dolencia mientras que el Balmoral pudo continuar travesía sin nuevos contratiempos. En fin, gajes del oficio. Al Balmoral volveremos a verlo por nuestra ría en 2014.






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