sábado, 19 de agosto de 2017

Harmonyzación





El colosal Independence of the Seas volvió a ser protagonista de nuevo en A Coruña convirtiéndose el pasado miércoles por unas horas en un reclamo turístico más de nuestra ciudad en pleno mes de fiestas.


Independence of the Seas de nuevo protagonista en aguas herculinas, y van 3 veces este año.


Procedente del puerto de Bilbao el gigantesco navío propiedad de la compañía norteamericana Royal Caribbean maniobraba ya en aguas interiores de la ría pasadas las ocho y media de la mañana para quedar atracado media hora más tarde en el muelle de trasatlánticos. Fue un horario de llegada poco habitual para lo que acostumbra a hacer esta nave en A Coruña, destino adonde normalmente recala a media mañana. El motivo de este cambio se debió a que su ruta actual no es la que suele cubrir cuando recala en la ciudad. En esta ocasión la escala del Independence se enmarca dentro de una travesía de 8 noches de duración con salida desde Southampton, (su puerto base) y paradas en Gijón, Bilbao, A Coruña, Cherburgo y Le Havre antes de regresar a la ciudad del sur inglés este domingo.




Que levante la mano el coruñés que no conozca el Independence of the Seas. Estoy seguro de que es la nave de cruceros más vista y fotografiada por los coruñeses gracias a sus frecuentes visitas que se repiten año tras año, lo que convierte a este impresionante ingenio naval pese a su juventud en  uno de los clásicos que no puede faltar en el calendario crucerístico coruñés. Debutó en nuestras aguas el 27 de noviembre de 2010 convirtiéndose aquella histórica jornada en la nave de cruceros más grande jamás vista en A Coruña y desde entonces raro es el año en el que no atraca al menos una vez en nuestros muelles. Hasta donde yo recuerdo el único año que nos se dejó ver por aguas de la ría herculina fue en 2015: un cambio de rutas por parte de su naviera tuvo la culpa. Tras su regreso el pasado año en el presente ejercicio el Independence of the Seas volverá a tener un notable protagonismo con sus cuatro escalas previstas y en 2018 volverá a repetir en la rada herculina aunque lo hará con suculentas novedades.


Una estampa que va camino de convertirse en todo un clásico.


Y es que hace unas semanas la naviera Royal Caribbean anunciaba que su buque Independence of the Seas será sometido a una reforma con el objetivo de ponerlo al día. Puede sonar un tanto extraño en un navío como el de las fotos que no llega a la década de vida pero en una industria tan competitiva como la crucerística donde se suceden las novedades a un ritmo frenético todas las compañías luchan por tener su producto lo más actualizado posible. De hecho no será la primera reforma llevada a cabo en la nave que ya sufrió una puesta al día en 2013. La naviera no ha publicado los detalles de los trabajos que se acometerán el próximo año en el Independence y sólo ha dado unas pinceladas sobre algunas de las instalaciones que se añadirán a bordo: varios toboganes de agua, un renovado parque acuático, un laser tag y una habitación de escape.



Algunas instantáneas sobre la partida del Independence of the Seas.



Decir ésto y decir nada practicamente viene a ser lo mismo pero por fortuna podemos ver el futuro sin necesidad de bola de cristal; basta observar los trabajos realizados en una reforma semejante que sufrió uno de los gemelos del Independence, el Liberty of the Seas a principios de 2016 y suponer que los tiros irán por ahí. De esta manera podemos aventurar que el Independence of the Seas incorporará tres nuevos toboganes de agua denominados en conjunto The Perfect Storm y que irán situados a popa de la cubierta 13 junto al simulador de surf Flowrider. Los dos primeros se llamarán Cyclon y Typhoon y fueron vistos por primera vez en un barco de Royal Caribbean en el Harmony of the Seas, el actual buque insignia de la compañía. El tercero será el Tidal Wave, que a diferencia de los otros dos será de estilo boomerang, con una parte final formada por una pared vertical que permitirá al masoquista  pasajero que lo pruebe experimentar la ingravidez por unos segundos. El laser tag y la habitación de escape sin embargo serán primicias de la naviera norteamericana. Respecto a los alojamientos se aprovechará la estancia en dique seco para añadir y reubicar algunas cabinas dándose por seguro que se incorporarán 26 camarotes exteriores a proa de la cubierta 12, justo por delante del spa.



Arriba: Una recreación de como quedarán los dos toboganes convencionales que se añadirán al Independence of the Seas durante la reforma a la que será sometido.
Abajo: El Liberty of the Seas durante su estancia en dique seco el año pasado. Se aprecian a popa sus nuevos toboganes que tendrán la misma disposición en el Independence.

(Foto arriba: Royal Caribbean)
(Foto abajo: autor desconocido)


Y eso es todo lo que puedo aventurar. La reforma se llevará a cabo el próximo mes de abril  cuando el buque finalice su último crucero por el Caribe en Fort Lauderdale el día 3 de ese mismo mes. Entonces la nave pondrá rumbo al astillero; casi seguro a los Grand Bahama Shipyards de Freeport, en Bahamas donde se realizarán los trabajos que finalizarán en el plazo aproximado de un mes, justo a tiempo de que el Independence cruce el Atlántico e inicie su temporada estival de cruceros desde su habitual puerto base europeo, Southampton. Desde allí partirán las travesías que lo traerán a nuestra ciudad el próximo año en un total de tres ocasiones, la primera de ellas el próximo 14 de junio. Será entonces cuando podremos ver in situ que tal le han sentado los cambios al Independence of the Seas.


En 2018 podremos ver al Independence of the Seas, ya con reforma incluída, por nuestras aguas.


Volviendo al pasado miércoles el Independence se despidió de la ciudad pasadas las seis de la tarde. La maniobra de salida, que incluyó un vistoso giro de 180 grados pasado el castillo de San Antón, fue seguida por multitud de curiosos desde diversos puntos de la costa advertidos por el reiterado uso de señales acústicas por parte del capitán de la nave. Tras ganar velocidad el megacrucero enfiló por la canal norte rumbo a su siguiente destino, la dársena de Cherburgo. Al Independence of the Seas todavía le queda una cuarta y última escala por aguas de Marineda este año: será de cumplirse las previsiones el próximo 28 de septiembre.


El Independence cruzándose con el mercante Kitty C. durante su salida de la ciudad el pasado miércoles.


Salvo las que así lo indiquen las fotos de esta entrada han sido realizadas por Diego Veiga. Por favor, respetad la autoría de todas ellas.


viernes, 18 de agosto de 2017

Fotocopiando barcos





El Mein Schiff 4 puso fín el pasado martes al parón veraniego de dos semanas en lo relativo a escalas de buques de cruceros en los muelles herculinos y, en cierta forma su llegada supuso además el pistoletazo de salida a la segunda época fuerte del año, un período que se inicia con una segunda quincena del mes estival por antonomasia en la que tendremos un total de 5 escalas y que precederá al frenético mes de septiembre que de confirmarse las previsiones romperá todos los récords en cuanto a recaladas de este tipo de buques en A Coruña. Pero vayamos paso a paso...


El protagonista de hoy no esconde su identidad.


Minutos antes de que el reloj marcase las siete de la mañana el flamante Mein Schiff 4 maniobraba ya en aguas interiores del puerto herculino para atracar dando atrás en el muelle de trasatlánticos. Procedente de Lisboa el navío propiedad de la compañía TUI Cruises llegó a nuestra ciudad con unos 2.400 pasajeros a bordo que estos días realizan una espectacular singladura de dos semanas de duración iniciada el pasado 7 de agosto en el puerto alemán de Bremerhaven y en la que han visitado hasta su llegada a nuestra ciudad Southampton, Portland (Reino Unido), Leixoes y la mencionada capital lusa. Por delante aún quedan las escalas en Le Havre (para visitar París), Zeebrugge y Amsterdam antes de regresar a Bremerhaven y ponerle el punto y final al crucero el próximo lunes.


El Mein Schiff 4 impresiona visto de proa.


Construído en los astilleros finlandeses Meyer Turku y puesto en servicio en mayo de 2015, el Mein Schiff 4 es un barco que roza las 100.000 toneladas de registro bruto aunque no las alcanza, quedándose en una cifra de 99.526 T.R.B. Sus dimensiones principales son 295 metros de eslora, 36 metros de manga y un calado de 8´2 metros. El buque cuenta con 15 cubiertas dedicadas en exclusiva al pasaje, cuya capacidad en acomodación normal llega a las 2.503 personas mientras que su tripulación está compuesta por 1.030 personas y pese a que su nombre, su naviera e incluso el idioma a bordo es alemán el Mein Schiff 4 luce una conveniente bandera maltesa, con La Valeta como puerto de registro.




¿Y a que se debe la referencia sobre la fotocopia a la que hace mención el título de la entrada? pues aunque no lo parezca tiene bastante que ver con nuestro protagonista de hoy. Normalmente cuando una compañía decide ampliar su flota el acuerdo entre naviera y astillero no suele limitarse a la producción de un solo barco sino que suele acordarse la construcción de varias unidades obteniendo así varios buques gemelos que se agrupan en una clase genérica que suele llevar el nombre de la primera unidad construída. Un ejemplo: la Clase Oasis engloba de momento a los buques Oasis, Allure y Harmony of the Seas. Se hace de esta manera porque así se ahorran costes pues son varios los barcos construídos pero que parten de una misma proyección inicial. Esta es la norma en la industria del crucero moderna si bien hay excepciones aunque son las menos; de hecho los pocos casos de buques "únicos" suelen ser unidades muy especializadas (por ejemplo el Queen Mary 2, que es el único trasatlántico del mundo) o bien barcos que en principio proyectaban tener un gemelo pero que por distintas circunstancias se quedaron en ejemplares únicos (es el caso del Norwegian Epic, por ejemplo). El número de ejemplares por familia puede ser muy variado:  desde una pareja de naves hasta casos como los 8 buques idénticos que componen la R- Class (los Insignia, Regatta, Nautica, Sirena....). La cosa puede complicarse más cuando la progenie se ha diversificado tanto en el tiempo que al presentar ciertas allteraciones leves respecto al diseño original se acaban formando subclases, y el arbol genealógico se divide en multitud de ramas. Aquí el caso más evidente es el de la Grand Class (Grand Princess, Sapphire Princess, Ventura, Azura...)  formada por 11 unidades pero que se agrupan hasta en 5 subclases distintas en función de su tamaño, forma e incluso naviera para la que operan.


El Mein Schiff 4 formó parte durante unas horas del "skyline" coruñés.


Los ejemplares pertenecientes a la misma clase y subclase muchas veces son indistinguibles a simple vista más allá del nombre inscrito en la amura. Por dentro sin embargo suelen presentar una ambientación característica al presentar su paletas de colores diferentes en la decoración y una temática propia en sus cubiertas; un modo de que cada una de los barcos tenga su propio carácter; su sello propio por decirlo de alguna manera. Sin embargo la naviera TUI Cruises ha seguido un camino distinto.




El Mein Schiff 4 es la segunda de 4 unidades similares (la serie comienza con el 3 y termina con el 6 mientras que los Mein Schiff 1 y 2 pertenecen a una serie anterior) y cuando digo iguales quiero decir exactamente eso: 4 auténticas gotas de agua tanto en su aspecto externo como en lo referente a su interior, donde la disposición de las instalaciones, la decoración e incluso el nombre de los locales y de las cubiertas son similares... ¿Si algo funciona, para que lo vas a cambiar?


El Mein Schiff 4 copia hasta el nombre de la cubiertas respecto a su buque predecesor por lo que esta imagen de la botonera de uno de los ascensores del Mein Schiff 3 es perfectamente aplicable para nuestro protagonista de hoy. Obsérvese el supersticioso detalle de que no existe cubierta 13.
(Foto: José R. Montero)


Y funciona muy bien. Por algo a este cuarteto de navíos se les considera los mejores buques de cruceros de gran tamaño, sólo superados por el anteriormente mencionado Queen Mary 2. El Mein Schiff 4 (y el 3, y el 5 y el 6) cuenta a bordo con suficicientes argumentos para justificar esta valoración pero por no alargarme mucho mencionaré dos: por un lado posee en la cubierta 12 una de las piscinas más grandes que se puedan disfrutar a bordo de una nave de este tipo. Con 25 metros de longitud tiene la mitad de la medida de una piscina olímpica. Y si con una piscina no fuese suficiente, adyacente a ella el Mein Schiff 4 presenta otra con techo retráctil para disfrutar de un baño cuando las condiciones meteorológicas no son las mejores. Otro hecho destacado a bordo del "vier" y de sus hermanos es la presencia de un salón auditorio en la cubierta 4 denominado Klanghaus (literalmente significa "casa del sonido") cuya acústica ha sido estudiada al milímetro además de contar con un vanguardista sistema de sonido que permite equiparar a esta sala de conciertos flotante a las mejores que podamos encontrar en tierra firme. Con un espacio de 270 metros cuadrados y un aforo de 300 persona en la Klanghaus se realizan una gran variedad de actividades musicales que abarcan desde una ópera a un cabaret.


En el interior de la Klanghaus. Cuesta creer que la foto corresponda con el interior de un barco.
(Foto: TUI Cruises)


Pero pese a tratarse de fotocopias existen ligerísimos detalles que diferencian a los componentes de este cuarteto. Respecto al Mein Schiff 3 nuestro protagonista de hoy presenta sutiles diferencias; una de ellas está en la cubierta 4 donde en lugar del Meerleben, una zona con diversas maquetas de buques, encontramos un bar en el que aparecen como parte de su decoración dibujos y figuras a escala del barco donde se muestran algunas áreas inaccesibles para el pasajero como la sala de máquinas o la cocina. El Mein Schiff 5 por su parte varía su capacidad de pasajeros respecto al Mein Schiff 4 al incorporar 16 camarotes más que su cuasigemelo, lo que implica también un aumento en su registro bruto. Son pequeñas modificaciones realizadas de una unidad a otra y que se basan en la experiencia obtenida durante los cruceros en los que se va evaluando la aceptación que tiene entre el pasaje las diferentes instalaciones del barco.


Experiencias por deleite: Pese a ser completamente idénticos por fuera hay una manera de diferenciar externamente a los hermanos Mein Schiff y es por los términos que llevan grabados en su casco, todos ellos referentes a la experiencia que se vive a bordo. En el Mein Schiff 4 la primera palabra que se lee por su costado de babor es "Erlebnisse" ("experiencias") mientras que en el Mein Schiff 3 es "Genuss" ("deleite"). Este término también aparece en nuestro protagonista de hoy pero escrita en ese mismo costado, hacia la popa.


Volviendo al pasado martes y tras una estancia que se prolongó por espacio de unas 10 horas, finalmente el Mein Schiff 4 dio por concluída su escala en A Coruña a media tarde. La jornada festiva entre semana se notó durante la salida del buque, que fue seguida desde las inmediaciones del muelle por más público del que sulele ser habitual en estos casos. Puntual como un reloj a las seis de las tarde el enorme navío germano avisó con tres sonoros bocinazos de su inminente partida y tras soltar amarras inició lentamente su avance por aguas de la ría herculina. Superado el dique el Mein Schiff 4 incrementó su velocidad poniendo proa hacia la Torre de Hércules pese a que el destino era el puerto de Le Havre, bastante más al norte; fue un último guiño del capitán de la nave hacia sus pasajeros que pudieron recrearse con la espectacular panorámica del icónico faro romano visto desde el mar. La guinda perfecta a una escala que a buen seguro les habrá dejado un sensacional sabor de boca.


El capitán del Mein Schiff 4 se tomó la licencia de dirigir su navío hacia las inmediaciones de la Torre de Hércules para que los pasajeros pudieran contemplar por última vez la insigne figura del faro romano.


En unos días tendremos de nuevo por aguas de A Coruña a este impresionante navío ya que está previsto que el Mein Schiff 4 repita visita en la ciudad a principios de septiembre, concretamente el día 4. Qué mejor día para recibir a este buque....


El "4" volverá el 4... de septiembre.


Salvo las que así lo indiquen las fotos de esta entrada han sido realizadas por Diego Veiga. Por favor, respetad la autoría de todas ellas.


viernes, 4 de agosto de 2017

El más mejor





Pese a que suele tratarse de un mes de transición (o más bien de parón) en lo relativo a escalas de cruceros en la ciudad, el julio de este 2017 será recordado por un notable número de visitas de este tipo de naves a la dársena herculina; nada más y nada menos que 7 recaladas que culminaron el pasado domingo con la visita del superexclusivo buque Europa 2 de la naviera Hapag-Lloyd.


El protagonista del post de hoy puede catalogarse como el mejor buque de cruceros del mundo.


Con las primeras luces del día el elegante navío alemán (aunque de conveniente bandera maltesa) maniobraba ya en aguas interiores del puerto coruñés para atracar de popa en el habitual muelle de trasatlánticos. Procedente de Praia da Victoria, en el archipiélago de las Azores, el Europa 2 llegó a aguas de Marineda tras dos jornadas de exclusiva navegación con unos 500 turistas a bordo. Este grupo de afortunados (y acaudalados) disfrutaron estos días de un espectacular crucero de dos semanas de duración que llevaba como sugerente título el de "13 noches de primavera eterna en el Atlántico", ¿una eufemística forma de decir que el verano está siendo bastante flojo?... La singladura comenzó el pasado 19 de julio en el puerto de Lisboa desde donde el buque zarpó para dirigirse a las Canarias donde realizó paradas en los puertos de Arrecife y Sta. Cruz de La Palma. Tras dejar las islas afortunadas el Europa 2 puso rumbo a otro archipiélago, el de Madeira, donde es visita obligada su capital, Funchal. Tras ésta fue el turno de las Azores con dos escalas en Ponta Delgada y la ya mencionada en Praia da Victoria. A Coruña suspuso la vuelta del navío a la Europa continental para a continuación visitar Gijón, última escala antes de finalizar la travesía en Bilbao el pasado martes.




Destacar en este itinerario la recalada en Gijón, que supuso la escala inaugural del Europa 2 en El Musel y de paso el estreno de su naviera Hapag-Lloyd en el puerto asturiano, donde la nave permaneció por espacio de 10 horas para dar tiempo a sus privilegiados huéspedes de disfrutar de las bondades que ofrece el territorio astur, destacando las excursiones a Oviedo, Avilés, Lastres o Tazones.


Vista desde el costado de babor de la proa del Europa 2 con uno de los faros de Mera al fondo.


Construído en los prestigiosos astilleros franceses STX France de la ciudad de Saint Nazaire y puesto en servicio en mayo de 2013 el Europa 2 es un buque de tamaño medio de 42.830 toneladas de registro bruto con unas dimensiones principales de 225´4 metros de eslora, 26´7 metros de manga y un calado de 6´3 metros. En sus 7 cubiertas de pasaje se distribuyen sus 258 suites (no hay camarotes al uso), todas ellas exteriores, con balcón privado y con unos tamaños muy superiores a los estándares del sector. La entrada en servicio del Europa 2 supuso un punto de inflexión en la industria crucerística moderna debido a los altísimos ratios de calidad establecidos por esta nave superando con creces a los ya de por si soberbios que presentaba su unidad hermana, el Europa, de tamaño algo inferior.


El Europa 2 fue creado a imagen y semejanza de su buque hermano, el Europa, del que mantiene (e incluso mejora) sus espectaculares ratios de pasaje aumentando el tamaño general de la nave.


Es obvio que el Europa 2 no destaca por sus dimensiones exteriores pero todo cambia cuando hablamos de las cifras relativas a su interior. El barco presenta un aforo de 516 pasajeros en acomodación normal, cifra extraordinariamente baja en comparación a su tamaño general que le otorga el ratio espacio/pasajero (que viene a expresar "cuanto" barco le toca a cada turista) más alto de toda la industria crucerística: 83. Además de por su sobresaliente (por reducida) cifra de pasaje, el Europa 2 también destaca por su relativamente elevado número de tripulación, 400 personas, a consecuencia del cual el barco presenta un ratio pasajero/tripulante de 1.3, una de las cifras más bajas del sector sólo superada por unidades altamente especializadas.



Dos ejemplos del ambiente que se respira a bordo del Europa 2: Uno de los 6 restaurantes de la nave, el elegante Weltmeere Restaurant (arriba) y la piscina con techo retráctil situada en la cubierta 9 (abajo)

(Fuente: Hapag-Lloyd Cruises)


Sin rival desde el mismo año de su aparición el Europa 2 se había acostumbrado a hacerle sombra a todos sus competidores, incluso a los de más reciente construcción, a los que supera claramente en calidad de servicio a bordo. Sin embargo su oficioso título como mejor buque de pasaje del mundo puede estar en entredicho por culpa del nuevo buque insignia de la naviera americana Regent Seven Seas, el Seven Seas Explorer, que, botado hace apenas un año, ha hecho lo que hasta su llegada parecía imposible; equipararse al ultralujoso navío germano. De dimensiones similares a éste los coruñeses ya tuvimos la oportunidad de ver el pasado 30 de mayo a esta nueva estrella del sector más exclusivo de los cruceros en la que fue su escala inaugural en aguas herculinas.


La aparición del Seven Seas Explorer este mismo año ha venido a ponerle las cosas muy difíciles al Europa 2 para mantener el cetro al mejor buque de la industria crucerística.En la imagen podemos ver al buque de la naviera Regent zarpando de la ciudad durante su visita inaugural el pasado mes de mayo.


Tras 11 horas de estancia el Europa 2 dio por concluída su visita a nuestra ciudad el pasado domingo a las 19:00 horas cuando inició la maniobra de desatraque anunciada por varios pitidos graves que resonaron en toda la bahía. Tras dar avante lentamente y doblar el dique de abrigo la nave fue ganando velocidad poniendo rumbo al norte con destino a tierras asturianas. Al Europa 2 lo volveremos a ver por A Coruña aproximadamente en un año, en concreto el 20 de julio de 2018.


El Europa 2 repetirá visita a aguas herculinas el próximo año.



Salvo las que así lo indiquen las fotos de esta entrada han sido realizadas por Diego Veiga. Por favor, respetad la autoría de todas ellas.

lunes, 31 de julio de 2017

La sirena del Guadalquivir



(Foto: José R. Montero)


En medio del oasis de calma que vivimos en la ciudad sin ninguna actividad crucerística desde mediados de este mes (situación que continuará así hasta mediados de agosto) este fin de semana hemos tenido un agradable soplo de aire fresco en forma de dos escalas a cargo de dos naves de cruceros de gran lujo y contrastada reputación que con su presencia contribuyeron a que los shipspotters nos pudiermos quitar el "mono" que ya teníamos por "afotar" a estos especímenes. La entrada de hoy va dedicada al primero de los dos protagonistas que no fue otro que el buque Sirena.


Una sirena se dejó ver este sábado por la ría coruñesa.


Procedente de Leixoes, la nave propiedad de Oceania Cruises llegó a la ciudad herculina minutos antes de las ocho de la mañana con unos 600 pasajeros a bordo, en su mayoría estadounidenses aunque también había canadienses mejicanos y británicos. Todos ellos disfrutan estos días de un espectacular crucero de 22 noches de duración que tiene un marcado acento ibérico.


El Sirena a su llegada en la mañana del sábado a A Coruña.
(Foto: José Luís Porta)


Tres semanas de viaje dan para conocer muchas ciudades. Los afortunados cruceristas que viajan a bordo de esta enorme sirena partieron el pasado 17 de julio del puerto de Barcelona para realizar una pequeña tourneé por el Mediterráneo con paradas en St. Tropez, Livorno (para visitar Florencia y Pisa), Civitavecchia y posteriormente Cartagena y Málaga. Tras cruzar el estrecho el Sirena remontó el río Guadalquivir para atracar en Sevilla, donde pernoctó. De allí zarpó rumbo a tierras lusas con paradas en Lisboa y la ya mencionada en Leixoes antes de su llegada a A Coruña. Por delante aún quedan muchas sorpresas: Gales, Irlanda, un breve periplo por tierras francesas con escalas en los puertos de Nantes, Le Verdon, Burdeos y St. Juan de Luz y el desembarco final en Bilbao el próximo 8 de agosto que pondrá la guinda a este pastel de varios pisos con forma de viaje de ensueño cuyas tarifas partían desde los 5.500 euros por persona. Los sueños no suelen ser baratos.


(Foto: José R. Montero)


Sin duda una de las mayores atracciones del itinerario en el que se encuentra inmerso actualmente el Sirena es la escala en Sevilla con pernocta incluída. A los indudables atractivos de la ciudad se suma el hecho de que su acceso por vía marítima, remontando el tramo navegable del río Guadalquivir, es sólo accesible a buques de cruceros de un reducido tamaño. La parada realizada por el Sirena en la capital hispalense el pasado lunes fue la primera de este buque en la ciudad, que se convierte de esta manera en uno de los navíos de mayor tamaño de su clase en atracar en las instalaciones sevillanas. Con motivo del acontecimiento se realizó el protocolario acto de entrega de la metopa conmemorativa al capitán del Sirena por parte de varios miembros de la Autoridad Portuaria así como de diversas instituciones locales. Pese a que hablemos de una escala inaugural, la presencia de esta naviera  norteamericana en la urbe andaluza no es ninguna primicia; Oceania suele incluír desde hace algunos años la ciudad de Sevilla dentro de sus exclusivos itinerarios y otros buques de su flota como el Insignia o el Nautica (gemelos de nuestro protagonista de hoy) ya han atracado en alguna que otra ocasión allí. El puerto de Sevilla sigue desde hace varios años una evolución ascendente en la captación de este tipo de tráficos y para este mismo ejercicio se espera la llegada de un total de 76 navíos.


El Sirena atracado en el muelle de las Delicias de Sevilla, en pleno río Guadalquivir.
(Fuente: diario ABC)


El Sirena es el sexto y último integrante en incorporarse a la flota de la naviera Oceania Cruises, a la que pertenece desde marzo del año pasado cuando fue comprado a la Princess Cruises. Es gemelo de sus compañeros Regatta, Insignia, y Nautica, todos ellos presentes en alguna ocasión en aguas de la ría coruñesa, y de los que el Sirena es indistinguible a simple vista. Los otros dos navíos de la compañía, el Marina y el Riviera, pertenecen a una clase diferente y presentan unas dimensiones mayores.


El Sirena en plena revirada para atracar de popa en el muelle de trasatlánticos herculino.
(Foto: José R. Montero)


Construído en los astilleros Chantiers de l ´Atlantique (hoy STX France) situados en la ciudad francesa de Saint Nazaire y puesto en servicio en noviembre de 1999 con el nombre de R Four para la extinta naviera Renaissance Cruises, el Sirena es el cuarto de una serie de 8 naves gemelas que se engloban bajo el nombre genérico de R Class. Son buques de 30.277 toneladas de registro bruto que presentan unas dimensiones principales de 181 metros de eslora, 25´5 metros de manga y un calado de 6 metros. El Sirena tiene un total de 9 cubiertas dedicadas en exclusiva al pasaje y puede albergar en acomodación normal a 688 pasajeros gracias a sus 344 camarotes, de los que 232 presentan balcón privado. La tripulación la componen 373 personas. El distintivo de llamada del Sirena es V7RX6 y su puerto de registro es Majuro, la capital de las islas Marshall, un archipiélago situado en la Micronesia.


La elegante escalera que preside el atrio es uno de los puntos destacados a bordo del Sirena.
(Fuente: Oceania Cruises)


Tras una estancia de casi 12 horas en la ciudad, a las siete de la tarde el Sirena decía adiós a la ciudad (o al menos esa era la idea) realizando una maniobra de desatraque de libro que nada hacía presagiar lo que vendría después. Con unas millas ya recorridas desde su salida de la ría herculina una incidencia médica a bordo forzó al "Master" del Sirena a poner proa de nuevo hacia A Coruña sobre las 9 de la noche; ¿el motivo?: la rotura de la muñeca izquierda de una señora de 95 años que obligaba a su evacuación hacia el hospital más cercano. Con A Coruña a tiro de piedra la cosa estaba clara. El buque se resguardó en aguas interiores del muelle coruñés para efectuar la operación de transbordo del lesionado a la lancha Punta Herminio, que fue la encargada de llevarlo junto a sus familiares hasta el muelle de Oza donde esperaba una unidad medicalizada para trasladarlos al Complejo Hospitalario Universitario  de A Coruña. Mientras ésto sucedía el Sirena reeprendía de nuevo viaje, esta vez ya de forma definitiva, pasadas las diez de la noche.


Momento en el que la Punta Herminio llega al puerto de Oza con el pasajero lesionado a bordo, A pie de muelle espera ya la ambulancia que lo llevaría al CHUAC.
(Foto: José R. Montero)


Tras esta accidentada salida el Sirena puso rumbo al norte, en concreto hacia el puerto de Holyhead, situado en el noroeste de Gales y punto poco habitual para las escalas de buques de cruceros. Lo demuestra el hecho de que para el 2018 esta pequeña localidad de apenas 11.000 habitantes tiene previsto recibir a unas 20 naves de este tipo. El Sirena por su parte da por cerrada su presencia en nuestra ciudad por este año, esperando su próxima visita ya para el siguiente ejercicio.


(Foto: José Luís Porta)


Agradecimientos a mis amigos José R. Montero y José Luís Porta por las excelentes fotos prestadas para la ilustración del post de hoy.


sábado, 22 de julio de 2017

Un paseo por el mar





De vez en cuando dejo aparcados los buques de cruceros y dedico el espacio del blog a otras llamativas criaturas que de vez en cuando se dejan ver por aguas del golfo ártabro y en esta categoría entran toda clase de "objetos flotantes": desde buques escuela, a navíos de guerra, pasando por oceanográficos... y por supuesto yates. Aprovechando que esta vez son los cruceros los que me han dejado aparcado a mí (la actividad crucerística regresará a A Coruña a finales de mes) he creído conveniente matar el rato dedicándole un breve artículo a uno de los navíos más espectaculares que han atracado en nuestras aguas en las últimas semanas; se trata de un megayate que atiende al elegante nombre de Sea Walk y cuya presencia hace unos días en la ciudad no dejó indiferente a nadie.


Hoy daremos un paseo por el mar.


Estamos acostumbrados a ver los pantalanes poblados de embarcaciones privadas de mayor o menor tamaño pero cuando un especímen "calza" más de 30 metros de eslora se hace inevitable volver la cabeza para verlo bien mientras nos preguntamos ¿a quien pertenecerá? o ¿cuanto habrá costado?. 30 no, sino más del doble es el tamaño de nuestro protagonista de hoy y por eso la estancia de más de un mes del Sea Walk en aguas coruñesas fue de todo menos discreta acaparando todas las miradas de los viandantes; tanto es así que durante sus primeros días de atraque eclipsó al mismísimo Alamshar, otra de esas joyas flotantes propiedad en este caso del Aga Khan IV y que no es la primera vez que visita la ciudad, de hecho éste megayate ya fue protagonista del blog en una ocasión. Aquí os dejo el enlace por si queréis leerlo: "Yate... digo"


El Sea Walk (a la izquierda) hizo sombra a otro yate con mayúsculas, el Alamshar.
 (Foto Juan Carlos Somorrostro)


¿Pero qué sabemos sobre los dueños del Sea Walk?. Bueno, normalmente los detalles acerca de los propietarios de estos barcos, salvo en contadas ocasiones en el que la notoriedad del personaje es muy relevante, suele permanecer en el anonimato. No es el caso de nuestro protagonista de hoy ya que el mismo pertenece a la mayor empresa de alquiler de megayates del mundo, que lo alquila por períodos de tiempo variables a todo aquel que quiera (y sobre todo pueda) permitirse unas vacaciones en el mar en su propio yate, aunque sea de renting. La identidad de los que en esta ocasión alquilaron el Sea Walk y decidieron atracarlo en A Coruña no ha trascendido; sólo se saben ciertos detalles: que el buque llegó a mediados de junio con intención de quedarse por espacio de 15 días y que al final fue casi un mes, que a bordo, además de sus afortunados pasajeros iban una docena de  tripulantes y que los acaudalados "arrendatarios" del Sea Walk solicitaban a diario coches de alquiler para visitar la ciudad, alrededores e incluso otras localidades gallegas, que realizaban muchas compras así como importantes gastos en restauración dejando "más dinero que los cruceristas que llegan habitualmente en los barcos de pasaje" según comentan algunas fuentes consultadas.


Vista de proa del Sea Walk. podemos ver a algunos miembros de la tripulación en labores de mantenimiento.


Elucubraciones sobre la identidad de sus moradores aparte vamos con los fríos e incuestionables datos técnicos de la nave. Construído en el año 2005 y puesto en servicio con el nombre de Lady Christina, el actual Sea Walk es un megayate de casco de acero y superestructura de aluminio de 1.166 toneladas de registro bruto con unas espectaculares dimensiones principales que alcanzan los 62´3 metros de eslora, 10´5 metros de manga y un calado de 4 metros y que puede albergar en su interior a un total de 10 pasajeros gracias a sus 6 habitaciones. Sus 2 motores diésel Caterpillar de 1.650 C.V. cada uno le otorgan una velocidad máxima de 15 nudos y su autonomía puede alcanzar el rango de las 4.500 millas náuticas gracias a una cuidada eficiencia energética y a unos depósitos de carburante con capacidad para 120.000 litros. La disposición actual del Sea Walk es algo distinta a la que tenía cuando fue creado hace algo más de una década y es que en 2014 el buque fue completamente reformado, unos trabajos que fueron muy alabados dentro del sector hasta el punto de ser el finalista ese año en el premio a la mejor reforma otorgado por la International Superyacht Society. Fue durante esta renovación cuando el buque fue rebautizado como Sea Walk. En la actualidad el Sea Walk navega bajo pabellón de las Islas Caimán.


(Fuente: Oceanco)


El Sea Walk (o el ex-Lady Christina, como prefieran) fue construído por Oceanco, un astillero fundado en el año 1987 especializado en la costrucción de megayates de más de 80 metros de eslora cuyos cuarteles generales se localizan en la localidad neerlandesa de Alblasserdam y que está presidido en la actualidad por el millonario omaní Mohammed Al Barwani. De las gradas de este vanguardista centro naval han salido a lo largo de sus 30 años de historia además de maravillas navales como la que sale en las fotos otras como el Seven Seas (2011), propiedad de Steven Spielberg, el Vibrant Curiosity (2009), cuyo dueño es Reinhold Wurth, el fundador de la multinacional alemana Wurth o el espectacular Black Pearl, un velero de tres palos de líneas limpias y 106 metros de eslora.



Arriba: Oceanco es uno de los astilleros más punteros en la construcción de megayates
Abajo: Una de sus creaciones más famosas fue el Seven Seas, propiedad del director de cine Steven Spielberg.

(Foto arriba: Oceanco)
(Foto abajo: celebsonyachts.com)


Como anteriormente comenté todos los detalles relativos a estos megayates suelen guardarse en secreto pero la condición de buque de alquiler del Sea Walk permite que los mortales podamos ver detalladamente sus interiores (al menos de manera virtual) sin tener que imaginárnoslo por vagas descripciones o suposiciones. Del diseño interior de la nave así como de su decoración se encargo el estudio arquitectónico de François Zuretti que se inspiró en un buque de similares características creado en el mismo astillero, el Lady Lola. El buque cuenta con un total de 6 camarotes (bueno, cabría decir mejor alojamientos): 3 son individuales, 2 son dobles y luego está la Master Suite. Ésta última es un dúplex que ocupa toda la cubierta superior mientras que el resto de habitaciones se sitúan en la cubierta inferior. En la principal y en el centro de la misma encontramos el amplio comedor que goza de unas impresionantes vistas al mar gracias a sus enormes ventanales mientras que a popa se sitúa un salón de estilo formal. Los espacios destinados como cubierta de sol ocupan tres niveles distintos en el navío para que los pasajeros puedan elegir en todo momento el lugar donde prefieren dedicarse a no hacer nada.


Pese a que pudiera parecer el comedor de una elegante mansión en tierra firme, estamos a bordo del Sea Walk.
(Fuente yachtcharterfleet.com)


El Sea Walk cuenta con toda clase de comodidades para que la estancia a bordo resulte lo más placentera posible. Aparte de todo lo descrito contamos con un completo gimnasio, una zona con jacuzzi y por supuesto conexión wifi a bordo para desconectar pero siguiendo "conectados". Además y a petición del cliente la nave puede ir equipada con toda clase de artilugios para la práctica de diversos deportes naúticos: 2 motos acuáticas Yamaha GP800r,1 kayak, 1 tabla de paddle surf, así como todo lo necesario para la práctica del esquí acuático. Si todo lo descrito os casa con el ideal de vacaciones que teníais planteado, enhorabuena. Ahora sólo falta hablar del desagradable asunto del dinero y buscar una fecha en el calendario en el que esta joya naval esté libre de compromisos.


Detalle del salón principal.
(Fuente yachtcharterfleet.com)


De momento sus afortunados y desconocidos inquilinos siguen disfrutando de él. Tras un mes largo conociendo las bondades de la costa gallega el pasado 14 de julio el Sea Walk se hizo de nuevo a la mar con destino al puerto de Pasaia, en la costa guipuzcoana para posteriormente dirigirse a Burdeos, en el departamento de la Gironda francesa. Buena tierra de vinos. ¡Menudo tour gastronómico que se están pegando los figuras del Sea Walk!... Por aquí por A Coruña nos quedamos algo huérfanos de megayates con su marcha pero no bajen la guardia; a buen seguro la próxima vez que vayamos paseando por el dique de abrigo la colosal silueta de una de estas exclusivas embarcaciones atracada en los pantalanes volverá a dejarnos con la boca abierta y nos hará volver a plantearnos las preguntas de siempre: ¿a quien pertenecerá? ¿cuanto habrá costado?...


El colosal Sea Walk eclipsando con su imponente tamaño al resto de embarcaciones atracadas en los pantalanes del muelle de las ánimas.


Para acabar quisiera expresar un especial agradecimiento a Juan Carlos Somorrostro, que colabora por primera vez en el blog y que ha tenido a bien prestarme una de sus estupendas fotos para ilustrar la entrada de hoy. Las fotos de los interiores están tomadas de la página yachtcharterfleet.com.


miércoles, 19 de julio de 2017

Tal como éramos





Sol, playa, fiestas gastronómicas... No son los mejores días para cubrir las escalas de los cruceros que van llegando a la ciudad pero uno se debe a su afición así que siempre que el tiempo me lo permite acudo a ver las maniobras de estos buques, fotografiarlos y posteriormente dedicarles un breve artículo en este blog. Afortunadamente julio es un mes bastante tranquilo en cuanto a presencia de este tipo de tráficos en la dársena coruñesa; el último en visitarla antes de iniciar un pequeño parón de dos semanas sin cruceros a la vista ha sido el Balmoral.




Procedente de Vigo la nave de Fred. Olsen Cruise Lines llegó a la ciudad a primera hora de la mañana del pasado jueves quedando amarrado en el habitual muelle de trasatlánticos con las primeras luces del día. A bordo del Balmoral llegaron en esta ocasión unos 1.000 pasajeros, británicos en su mayoría, que estos días disfrutaron de una singladura de 15 noches de duración que llevaba como sugerente título "15 nights authentic Andalusia". La ruta se inició el pasado 1 de julio en el puerto de Newcastle-Upon-Tyne y como bien rezaba su nombre tuvo un marcado carácter andaluz, comenzando con una primera escala en Cádiz tras 4 jornadas de exclusiva navegación. Tras la visita a "la tacita de plata" los afortunados cruceristas que viajaban a bordo del Balmoral pudieron visitar Málaga, donde pasaron la noche, y Almería. El periplo continuó por Gibraltar, Lisboa y las mencionadas escalas en tierras gallegas. A Coruña fue la última parada del itinerario antes de regresar el pasado domingo al punto de partida en el norte de Inglaterra.


El Balmoral durante su salida de la ciudad el pasado jueves transitando por delante de los faros de Mera.


El Balmoral es un navío archiconocido en nuestras aguas desde que debutara al servicio de Fred. Olsen Cruise Lines en febrero de 2008. Apenas 48 horas después de iniciar su viaje inaugural con su nueva naviera desde el puerto de Dover el buque hizo escala en A Coruña; fue el 15 de febrero lo que convirtió a nuestra ciudad en la primera escala oficial del Balmoral en su nueva etapa comercial. Desde entonces la relación de este navío con la urbe herculina ha sido muy estrecha y no sólo por este hecho sino por alguno otro menos agradable (a principios de 2009 se topó con los restos de un ciclón saliendo de nuestra ciudad con el resultado de varios pasajeros heridos). A lo largo de los últimos años el Balmoral ha ido afianzando su conexión "coruñesa" a base de escalas; dos tres, y hasta cuatro en el mismo año que convierten su trayectoria en la última década en bastante conocida. El relato antes de ese 2008 sin embargo se vuelve algo más difuso de manera que aprovecharé la presencia estos días del Balmoral en la dársena herculina para relatar la historia de sus primeros años de vida.


Para saber hacia donde vamos hay que saber primero de donde venimos. Ésta es la historia del buque Balmoral.


El Balmoral lleva 9 años y medio al servicio de la Fred. Olsen Cruise Lines, si,  pero su historia comienzó muchísimo antes; concretamente hay que remontarse hasta finales de la década de los 80 del pasado siglo. En aquella época Royal Cruise Lines era una naviera más dentro del gran ramillete de compañías griegas (Epirotiki, Chandris...) que pugnaban por hacerse con un pedacito del pastel crucerístico pero Royal Cruise Lines no era como las demás compañías helenas; a diferencia de éstas la flota de la compañía fundada por Pericles Panagopoulos no estaba formada por viejas unidades con varias décadas de vida sobre sus cuadernas sino que apostaba por modernos buques; fue de facto la primera compañía de cruceros griega en incorporar a su flota navíos de nueva construcción. Su encargo más ambicioso fue realizado a los astilleros alemanes Meyer de la ciudad de Papenburg; un buque de unas 40.000 T.R.B. con un  coste aproximado de 150 millónes de dólares de la época y que tendría como opción la construcción de una unidad gemela.


El Balmoral en sus "años mozos" como Crown Odyssey pasando por delante de las tristemente desaparecidas Torres Gemelas de Nueva York.
(Foto: autor desconocido)


Hoy en día hablar de Meyer Werft es hacerlo de uno de los centros de construcción naval más avanzados del mundo y uno de los grandes especialistas en la creación de barcos de cruceros pero a finales de los 80 estaba muy lejos de ser una empresa experta en la materia. De hecho la del Crown Odyssey, el nombre con el que nació originalmente nuestro Balmoral, fue la segunda construcción de una nave de este tipo en la historia del astillero y la primera que se realizaba en el dique cubierto en el que actualmente nacen todas sus criaturas. Esta infrastructura, que hoy en día es de las más grandes del mundo dentro de su tipología, supuso un gran avance para el astillero que ya no tuvo que depender de las condiciones climatológicas (no olvidemos que estamos hablando del norte de Alemania) para llevar a cabo la fase de armamento de sus buques.


En la época que nos ocupa Meyer Werft distaba de ser el potente astillero especializado en la creación de buques de cruceros que es hoy en día. Antes de la construcción del Balmoral (entonces llamado Crown Odyssey) de sus gradas sólo había surgido un barco de estas características, el Homeric, al que podemos ver en esta foto en el momento de su botadura al agua. Fue el primer y último crucero construído a la manera tradicional ya que a partir de éste todos fueron creados bajo techo.
(Foto: autor desconocido)


El Crown Odyssey, construcción Nº616 de este astillero, tocó por primera vez el agua en noviembre de 1987 pero no fue hasta mediados del año siguiente cuando fue entregado a sus legítimos dueños. Se trataba de un buque de 34.242 toneladas de registro bruto que presentaba unas dimensiones principales de 187´7 metros de eslora, 28´8 metros de manga y 6´8 metros de calado con capacidad para 1.209 pasajeros y una tripulación formada por 443 personas. En el apartado técnico el barco estaba equipado con 4 motores diésel Mak capaces de producir 21.330 KW y que a través de 2 hélices de paso variable podían impulsarlo hasta los 22´5 nudos de velocidad máxima. Como buen integrante de una naviera griega el Crown Odyssey estuvo abanderado desde sus inicios en el país heleno luciendo el nombre de El Pireo como puerto de registro. Su crucero inaugural se inició el 7 de junio de 1988, una ruta por el mar Báltico con salida desde la dársena de Tilbury.


Orgullo griego. El Crown Odyssey lucía en sus primeros años de vida la enseña helena en su popa ya que estaba registrado en el puerto de El Pireo.
(Foto: Brian Fisher)


A finales de 1989 comenzaron los vaivenes comerciales en la carrera de nuestro protagonista de hoy cuando la naviera Royal Cruise Lines fue adquirida por el grupo noruego Kloster que cambió el abanderamiento de los buques de su flota de Grecia a Bahamas, con la consiguiente pérdida de identidad y de calidad en el producto. En un tiempo convulso para las navieras el grupo Kloster comenzó a entrar en una espiral de grandes pérdidas que finalizó cinco años después con la bancarrota de la compañía. Los restos de la Kloster Cruises fueron adquiridos en 1996 por la Norwegian Cruise Lines (NCL) y en mayo de ese año el Crown Odyssey pasó a manos de sus nuevos propietarios siendo rebautizado como Norwegian Crown. Además de ésta otra de las decisiones tomadas por NCL fue hacer desaparecer de un plumazo la marca Royal Cruise Lines.


El Balmoral durante su primera etapa como Norwegian Crown.
(Fuente: faktaomfartyg.se)


NCL continuó en los años posteriores aumentando su cuota en el mercado crucerístico a base de hacerse con otras marcas y en 1998 adquirió la Orient Lines, una pequeña y joven naviera británica que gozaba de una excelente reputación. El éxito de esta compañía fundada en 1993 por el visionario Gerry Herrod se basaba fundamentalmente en ofrecer exóticos itinerarios por zonas poco explotadas en el circuito crucerístico convencional a bordo de un único navío, el clásico Marco Polo, todo ello en un ambiente de  gran calidad y soberbio servicio a bordo. Tratando de darle un impulso a su nueva adquisición, NCL decidió transferir en el año 2000 el Norwegian Crown a Orient Lines para lo cual recuperó su original nombre de Crown Odyssey. Los planes de expansión incluían un tercer buque, el entonces Superstar Aries (hoy Saga Sapphire), pero los devastadores efectos que los brutales atentados del 11-S tuvieron sobre el turismo a nivel mundial y sobre la industria del crucero en particular desbarataron estos planes.


El Crown Odyssey atracado en Hobart, con los colores de la Orient Lines.
(Foto: Tim Noble)


Una nueva política en la errática cadena de decisiones  tomada por NCL provocó que en 2003, el Crown Odyssey regresara a la flota de Norwegian  tan sólo 3 años después de haber pasado a formar parte de la Orient Lines recuperando de esta manera su nombre de Norwegian Crown. El nuevo cambio de colores corporativos fue aprovechado para realizarle a nuestra protagonista de hoy una profunda reforma en los astilleros Sembawang de Singapur con el objetivo de ponerlo al día pero la entrada en la flota de unidades cada vez más modernas y sobre todo cada vez más grandes acabó provocando que el pequeño Norwegian Crown quedara un tanto fuera de lugar dentro de la compañía. Por este motivo en mayo de 2006 Star Cruises, compañía matriz de NCL, anunció el acuerdo por el cual el Norwegian Crown pasaría a manos de Fred. Olsen Cruises a partir de agosto de ese mismo año si bien la nave continuaría trabajando en régimen de alquiler para Norwegian hasta noviembre de 2007.


El Balmoral durante su escala inaugural realizada en A Coruña como buque integrante de la flota de  Fred. olsen Cruise Lines.


A partir de aquí la historia ya se vuelve más conocida. En noviembre de 2007 el buque fue llevado hasta los astilleros Blohm + Voss de la ciudad alemana de Hamburgo para llevar a cabo los trabajos de conversión para adquirir su nueva identidad como Balmoral pero el operativo no se trató de un simple repintado del casco y de unos sutiles cambios en la decoración interior. El Crown Odyssey fue literalmente cortado por la mitad con el objetivo de añadirle una sección central prefabricada de 30´4 metros de longitud, lo que aumentó la eslora total de la nave hasta los 218 metros que luce en la actualidad. No fue la única cifra que varió con esta "cirujía": el ya ex-Crown Odyssey pasó a tener un registro bruto de 43.537 toneladas y su capacidad de pasaje aumentó hasta los 1.747 pasajeros en aforo máximo. Tras más de dos meses de trabajos el buque abandonó las instalaciones de Blohm + Voss convertido ya en el nuevo Balmoral tal y como lo conocemos en la actualidad. Bueno, no exactamente "tal y como lo conocemos" porque salta a la vista que hay una evidente diferencia estética; ahora luce un señorial tono gris humo a lo largo de su casco que le sienta la mar de bien. A continuación os dejo el vídeo oficial de la naviera Fred. Olsen Cruise Lines sobre los trabajos de conversión del Balmoral, un vídeo (un poco largo eso sí) que recoje desde el momento en el que el barco entra en el astillero como Crown Odyssey, hasta que, ya como Balmoral, zarpa desde Dover rumbo a nuestra ciudad.





Volviendo al pasado jueves y tras una breve escala que se prolongó por espacio de seis horas, a última hora de la mañana el Balmoral abandonaba las instalaciones coruñesas poniendo rumbo al norte con destino a tierras británicas. Tras esta escala al buque inglés le resta una última parada programada en A Coruña que tendrá lugar de no mediar cambios el próximo 23 de diciembre.


La Torre de Hércules despide al Balmoral hasta finales de año.