jueves, 30 de octubre de 2014

Lo que esconde un Oasis (Parte III)



(Foto: STX Europe)


Última entrada sobre el recorrido virtual que estamos realizando por los interiores del Oasis of the Seas, el buque de pasaje que cautivó hace unos días a la ciudad de Vigo con su presencia. He reservado los dos vecindarios restantes para el final porque son los que le otorgan a este navío su personalidad y porque cuesta creer que se pueda encontrar algo así en alta mar por lo insólito de su concepto. El primero de ellos dejará atónito a todo aquel que lo pise por primera vez puesto que absolutamente todos y cada uno de sus recovecos constituyen una verdadera revolución en esta industria. Bienvenidos a Central Park.


Créanselo, seguimos a bordo de un barco.
(Foto: STX Europe)


No, no estamos en Nueva York y aunque cueste creerlo tampoco hemos abandonado la nave pese a que el espectáculo que se abre ante nuestros ojos al llegar a la cubierta 6 nos diga lo contrario; no contentos con incluir una enorme calle con tiendas en el corazón de la nave como es el Royal Promenade, los de Royal Caribbean han creado por primera vez una amplia avenida al aire libre dejando hueco todo el corredor central del barco. Esta increíble arquitectura nunca antes vista en un buque de pasaje provoca además que, al estar partida la superestructura en su zona central, existan camarotes exteriores mirando hacia el centro. El vano ocupa un total de 9 pisos de altura desde la cubierta 6 hasta la 15, donde ambos lados del buque vuelven a encontrarse.


El barco "gruyere". El Oasis of the Seas presenta una disposición interior insólita con su amplia calle central dividiendo el buque. Esta arquitectura permite la existencia de camarotes con balcón mirando al interior de la nave.
(Foto: STX Europe)


Si ya esta disposición deja estupefacto al más pintado lo que encontramos en el interior de Central Park  hará frotarnos los ojos de incredulidad; ante nosotros una amplia calle llena de vegetación natural recorrida por senderos ajardinados y salpicada por bancos y agradables rincones para detenernos y sentarnos placidamente. En total Central Park tiene 12.175 plantas y 56 árboles que crecen sobre 82 toneladas métricas de suelo.


Paseando por Central Park.
(Foto: STX Europe)


En el centro de la calle se encuentran unos enormes lucernarios que permiten el paso de la luz natural al Royal Promenade, situado justo debajo y por el que asoma de vez en cuando el Rise Tide Bar, el bar-ascensor que ya comenté antes. A los extremos del Central Park encontramos diversas opciones de restauración como el 150 Central Park, que destaca porque a los mandos de su cocina se encuentra Keriann Von Raesfeld que a sus 25 años fue distinguido en su día como el mejor chef joven del mundo. Otras opciones son el Giovanni´s Table, de estilo trattoria italiana, el Vintages, un bar para picar algo antes de las cenas o el Trellis Bar, donde se puede disfrutar al aire libre de alguna de las actuaciones en vivo que tienen lugar por la noche en este jardín situado en mitad del océano.



En el interior de Central Park encontramos numerosas opciones de restauración, como por ejemplo el 150 Central Park (arriba)  con una cuidada decoración interior (abajo).

(Foto arriba: autor desconocido)
(Foto abajo: STX Europe)


Por si una calle a cielo abierto en mitad de un barco de crucero no fuese suficiente, el Oasis deleita a sus huéspedes con una segunda avenida. Desde la misma cubierta 6 y una vez abandonamos Central Park caminando hacia popa entramos en el último vecindario del Oasis of the Seas y que recibe el nombre de Boardwalk.


Bienvenidos a Boardwalk.
(Foto: STX Europe)


En esencia Boardwalk tiene la misma estructura que el Central Park pero cambiando de temática y si en el anterior vecindario nos encontrabamos en un agradable parque urbano neoyorquino aquí la sensación es la de habernos trasladado a un típico lugar turístico costero, una especie de Brighton o Coney Island (si se acuerdan de la película "Big" sabrán a lo que me refiero).


Un precioso tiovivo nos recibe nada más entrar en el Boardwalk.
(Fuente: avidcruiser.com)


Nada más entrar en el BoardWalk nos recibe un precioso tiovivo tradicional, el primero en alta mar, con 18 caballos hechos a mano y a lo largo del paseo se van sucediendo un variado número de tiendas como una heladería, una tienda de donuts, otra de juguetes, un bar, una marisquería y como no, el Johnny Rocketts, el restaurante tipo años 50 que ya es todo un clásico en la naviera Royal Caribbean. Al final del Boardwalk la superestructura se abre para desembocar en la popa donde se encuentra la que posiblemente sea la joya de la corona del Oasis of the Seas, el espectacular Aquatheater.


El no va más: El Aquatheater.
(Foto: STX Europe)


Para definir este prodigio basta con hacer mención a su nombre; el Aquatheater es el resultado de unir una piscina y un teatro. Una locura genial. Se trata de una enorme piscina de 5´9 metros de profundidad, la más profunda jamás antes vista en alta mar, con un suelo compuesto por módulos que suben y bajan para llevar a cabo increíbles espectáculos de acrobacias y saltos desde varios trampolines y plataformas situados a diversas alturas. Los juegos de luces y la música le ponen la guinda a una de las atracciones más visuales que se pueden ver a día de hoy en un barco de pasaje. Rodeando la estructura hay una amplia grada en forma de anfiteatro que se complementa con dos enormes pantallas planas para que no perdamos detalle.


Los espectaculares juegos de luz y sonido junto a las acrobacias y los saltos convierten al Aquatheater en uno de los entretenimientos más impresionantes jamás visto en un barco de estas características. Al fondo podemos ver también uno de los dos rocódromos situados a popa, cada uno de ellos de 13 metros de altura.
(Fuente: onboard.com)


Como ven los siete vecindarios que componen el Oasis of the Seas están repletos de rincones insólitos y espectaculares pero fuera de ellos también encontramos cosas a destacar. Los camarotes por ejemplo; no se incluyen en ningún vecindario en concreto puesto que se disponen a lo largo y ancho (y alto) del buque sumando un total de 2.706 habitaciones de las cuales casi 2.000 cuentan con balcón exterior (muchos de ellos debido a la arquitectura del Oasis y como ya dije antes tienen el balcón mirando hacia el interior del barco en el colmo de lo inverosímil). El grueso de camarotes se divide en 25 categorías distintas y van desde los 14 metros cuadrados del interior más pequeño hasta los 141 metros cuadrados de la suite más lujosa, y como sería muy complejo (y muy largo) comentar todas las posibles variantes con las que el crucero de los cruceros obsequia a sus huéspedes voy a destacar los que son la gran novedad en el Oasis of the Seas, los lofts.

 
Una de las suites a bordo del Oasis of the Seas.
(Foto: STX Europe)


Estaba claro que en un buque tan innovador como éste los alojamientos no podían ser menos sorprendentes y Royal Caribbean le ha dado una nueva vuelta de tuerca a la definición de alojamiento de lujo incorporando los lofts, camarotes de dos pisos con cristalera en toda la fachada, una moderna decoración interior y un completo equipamiento que incluye una sala de estar con pantalla LCD y y un baño para visitas en el piso de abajo y un dormitorio con cama "king-size" y baño principal con dos duchas en la parte superior. En total son 28 las suites tipo loft que podemos encontrar a bordo del Oasis; 25 suites normales de 51 metros cuadrados cada una (una de ellas algo más grande con 68 metros cuadrados accesible para discapacitados), 2 "Sky" loft de 67 metros cuadrados cada uno que a mayores incorporan un amplio balcón con tumbonas y 1 "Royal Loft Suite" de 141 metros cuadrados y capacidad para 6 huéspedes que además de muchísimo espacio cuenta con una biblioteca, un comedor, un piano de media cola y un inmenso balcón con zona de entretenimiento, televisión y una enorme bañera de hidromasaje. La repera.



Los camarotes loft se sitúan en la cubierta más alta del Oasis of the Seas (arriba).
En su interior (abajo) encontramos una disposición nunca antes vista en alta mar.

(Foto abajo: autor desconocido)

  
A la vista de todo lo que hemos visto a lo largo de estas últimas entradas es comprensible que finalizada la travesía a los pasajeros les cueste desembarcar y dejar de vivir este auténtico sueño que es viajar en el Oasis of the Seas. Al igual que esos turistas nuestro viaje por el que es hoy en día la nave de cruceros más revolucionara del mundo también termina aquí con el deseo de que aunque haya sido de un modo virtual, disfrutaran de la visita al que sin ningún género de dudas es el rey de los barcos de pasaje.



martes, 28 de octubre de 2014

Lo que esconde un Oasis (Parte II)





En la anterior entrada comenzamos un viaje por las entrañas del Oasis of the Seas, el megacrucero que hace tan sólo unos días volvía a impresionar a los vigueses con su descomunal tamaño. El paseo por los interiores de este coloso lo iniciamos en el Royal Promenade y en Entertainment Place, dos de los vecindarios destinados a las compras y al ocio nocturno respectivamente. Es hora de seguir descubriendo los rincones de este gigante dirigiéndonos a su tercer vecindario.




Si después de una noche de diversión queremos tomarnos el día siguiente en plan relax y recuperar el tono físico deberemos encaminar nuestros pasos al Vitality at Sea & Fitness Area, el vecindario pensado para los más deportistas y el tercero de este tour por los interiores del Oasis of the Seas. Se sitúa en la proa de las cubiertas 5 y 6 y engloba el spa y el gimnasio. El spa se sitúa justo encima del teatro y como en el resto de la flota Royal Caribbean no es de lo más espectacular que te puedes encontrar en alta mar pero incluye un amplio menú de tratamientos.


Relájese; está usted en el Vitality at Sea.
(Foto: STX Europe)


El gimnasio, situado en la cubierta 6, tampoco es uno de los puntos fuertes del Oasis of the Seas; es más pequeño que el de los barcos predecesores y todo está más apretujado, pero por encima de todo está el hándicap de haber perdido las espectaculares vistas que estas instalaciones suelen tener a bordo de este tipo de navíos que generalmente colocan sus gimnasios en las cubiertas más altas y a proa, casi siempre sobre el puente de mando, para gozar de una impresionante panorámica para que el pasajero libere su mente mientras tonifica su cuerpo. En el Oasis of the Seas no queda más remedio que imaginarse las vistas. Por lo demás los equipos son de última generación e incluso podremos disfrutar de clases de yoga o de Tai-Chi.


A diferencia de los gimnasios de otros buques de gran porte el del Oasis carece de las impresionantes vistas al mar.
(Fuente: cruise.co.uk)


Los amantes del deporte y del aire libre deberán dirigirse al Pool & Sports Zone en las cubiertas 15 y 16, y que como su nombre indica a las claras comprende las piscinas y la zona de deportes a bordo del Oasis of the Seas. Este cuarto vecindario está dividido en tres grandes zonas. A proa y donde en cualquier otra nave encontraríamos el gimnasio se encuentra el Solarium, que podríamos definirlo como un oasis dentro del Oasis para escapar del bullicio y del estrés que pueden provocar la presencia de seis millares de almas conviviendo en un espacio tan acotado. El Solarium sólo permite la entrada a los adultos y es una extensa zona acristalada que cuenta entre otras instalaciones con una piscina, 6 bañeras hidromasajes, además de innumerables butacas y tumbonas repartidas por toda la estancia. El Solarium además cambia su aspecto según la hora del día; por la mañana se puede desayunar en plan buffet en su bistro mientras que por la noche se transforma en el Club 20, al más puro estilo ibicenco.



El Solarium (arriba) se sitúa en una ubicación donde normalmente aparecen los gimnasios en este tipo de naves, justo encima del puente de mando. En su interior (abajo) encontraremos todo lo necesario para evadirnos y disfrutar de un ambiente tranquilo y relajado.

(Foto arriba: autor desconocido)
(Foto abajo: STX Europe)


 La zona central de este vecindario la ocupan las piscinas y aquí hay para todos los gustos: la zona de juegos denominada H2O Zone, con cañones de agua, piscina para niños y otra de corriente circular, la Sports Pool, dedicada a la práctica de deportes en el agua (natación por la mañana y waterpolo o baloncesto por la tarde), y las dos piscinas principales de la nave situadas hacia proa y una a cada costado; del lado de babor la Main Pool, con gran espacio para las tumbonas, y del lado de estribor la Beach Pool que trata de imitar a una playa con su entrada en pendiente que permite colocar las tumbonas parcialmente dentro del agua.Varias bañeras hidromasajes completan la oferta acuática.


 La zona central de piscinas con el colorido H2O Zone en primer término.
(Foto: STX Europe)


La popa de las cubiertas 15 y 16 están reservadas para la práctica de varios deportes que van desde el reposado golf en el Oasis Dunes, el campo de minigolf situado a babor, el más movido baloncesto en la pista de tamaño reglamentario situada al lado opuesto, o la radical experiencia surfera en los ya conocidos FlowRiders, dos piscinas que impulsan una corriente de agua laminar y que permiten emular movimientos similares a los de estar surfeando una ola.


La zona de popa de las cubiertas 15 y 16 está reservada para la practica de los deportes. Desde jugar al golf (flecha verde) a echar un partido de baloncesto (flecha naranja). Los más atrevidos tratarán de surfear la ola artificial en alguno de los dos Flowriders (flechas amarillas) que incorpora el Oasis of the Seas.
(Fuente: theskimonster.com parcialmente modificada)


Si no tenemos suficiente dosis de adrenalina con la experiencia del FlowRider el Oasis también tiene hueco para deporte más extremos; situada a una altura de 9 cubiertas existe una tirolina de 25 metros de longitud para los turistas más osados. Ya ven que en este barco no falta de nada.



Deportes para los más intrépidos. Surfear las olas en el Flowrider (arriba) o tirarse en tirolina desde una altura de 9 cubiertas (abajo).

(Foto arriba: autor desconocido)
(Foto abajo: Royal Caribbean)


 En el Oasis of the Seas hay cabida para personas de todas las edades; la prueba de ello es que el barco dispone de todo un vecindario dedicado a los más jóvenes. Se trata de Youth Zone y es de lo mejor que se puede encontrar en alta mar. Un total de 2.669 metros cuadrados divididos en diferentes estancias para  siete grupos de edad distintos: cuenta con una sala de ciencia y biología, otra de trabajos manuales,  otra de cocina además de varias salas divididas por grupos de edad: Aquanauts de 3 a 5 años, Explorers de 6 a 8, Voyagers de 9 a 11, y dos salas para "teenagers". Los adolescentes son los que más espacio tienen a bordo ya que cuentan con la discoteca Fuel y con The Living Room, una estancia con videoconsolas, futbolines, ordenadores, libros, y hasta un pequeño bar. Los de Royal Caribbean han pensado incluso en los más pequeños y el Oasis of the Seas incorpora por primera vez en la flota crucerística una guardería para niños de hasta 3 años.


Todo tiene cabida en este gigante, hasta una guardería.
(Foto: autor desconocido)


 Ya sólo nos quedan dos vecindarios pero he reservado lo más espectacular para el final. Será en la próxima entrada del blog.



Otro clásico que no podía faltar en el Oasis of the Seas son los jacuzzis colgantes, que ya aparecían en los buques de la clase Freedom. Situados en la cubierta 15 (arriba con flechas rojas) y a casi 45 metros sobre el nivel del mar los jacuzzis del Oasis han crecido en tamaño y ofrecen unas vistas del océano inigualables mientras nos relajamos en el agua.




lunes, 27 de octubre de 2014

Lo que esconde un Oasis (Parte I)



(Foto: STX Europe)


En las últimas semanas y pese a que el flujo de buques de pasaje ha sido continuo en el puerto coruñés la noticia crucerística en la comunidad gallega ha estado lejos de nuestra ciudad, concretamente a unos 150 kilómetros. Y es que Vigo ha sido durante días el centro de atención para los shipspotters y aficiondos a este tipo de barcos por las dos escalas realizadas en el puerto de la ciudad olívica por parte del Oasis of the Seas, el buque de cruceros más grande jamás construído. Pese a no ser la temática central de este blog le he dedicado varias entradas a tan importante acontecimiento en las cuales he hablado de los principales rasgos de este buque centrándome sobre todo en las cuestiones relativas a su descomunal tamaño. Es hora de adentrarnos en las entrañas de este fenomenal ingenio flotante para comprobar lo que esconde el Oasis en su interior, que no es poco, pero antes de hacerlo hay que situar a este barco en el contexto general de la industria crucerística actual para entender lo que ha significado la aparición de este coloso.


El Oasis of the Seas saliendo de Vigo el pasado 27 de septiembre.


Como bien dice la propia Royal Caribbean, naviera del buque, en su página web el Oasis of the Seas es el barco que lo cambió todo;  una auténtica revolución en el sector como nunca antes se había visto. Podríamos pensar que lo es simplemente por su tamaño pero se debe principalmente a su concepto de vida a bordo que hace tabla rasa con lo hasta ahora establecido. En los últimos años la tendencia de la industria crucerística se inclina más hacia el protagonismo de la nave sobre las escalas del viaje, que quedan en un plano secundario. En el Oasis hemos llegado al final de ese recorrido; el buque finalmente es el destino en sí mismo quedando la ruta como una mera anécdota (en este sentido el Oasis y sus hermanos están más pensados para el Caribe que para destinos europeos, por ejemplo). Así pues nos encontramos en la culminación de una evolución que ha dado lugar a una nueva especie; ya no estamos ante barcos de crucero sino ante auténticos resorts flotantes dotados de propulsión propia; es algo que veníamos advirtiendo en las últimas creaciones salidas de los astilleros pero que con la aparición del Oasis of the Seas ha alcanzado una cota nunca antes vista.


El cambio de toda una industria. El que vemos a la izquierda es el Majesty of the Seas actualmente el buque más pequeño de la flota Royal Caribbean. A principios de los 90 este navío y sus dos gemelos (actualmente en Pullmantur) eran los más grandes de la industria crucerística. Hoy en día el Oasis of the Seas (derecha) triplica su tamaño.
(Foto: autor desconocido)


Este nuevo concepto de vida a bordo también implica que el crucerista cambie sus hábitos. En un buque que es un 43% más grande que los anteriores ostentadores del título de gigantes de la industria, los buques de la clase Freedom como el Independence of the Seas por ejemplo, cabría pensar que las instalaciones a bordo han aumentado de tamaño en la misma proporción y no es así; si bien son más grandes el aumento ha sido ligero en detrimento de incluir una mayor variedad de opciones de entretenimiento. Lo que sí que ha aumentado proporcionalmente a su tamaño es su capacidad de pasajeros (6.400 en capacidad máxima) lo que provoca que incluso en sus estancias más grandes, como el teatro o el restaurante principal los aforos apenas cubren un tercio del volumen de pasajeros. No es una mala planificación por parte de la compañía; el Oasis of the Seas está ideado pensando en la rotación de su pasaje gracias a su oferta de ocio tan segmentada. Un ejemplo: el teatro ofrece en cada travesía sólo tres "shows" distintos de manera que el pasajero no acude allí todos los días. Esto obliga también a un cambio de mentalidad por parte del crucerista como por ejemplo ir a desayunar o a comer cada día en un restaurante distinto.


 Para darnos cuenta de la dimensión real del Oasis of the Seas basta esta foto en la que nuestro protagonista aparece atracado junto al Freedom of the Seas (arriba) y que hasta la botadura del Oasis era junto a sus gemelos el buque más grande del mundo. Es evidente que se ha producido un enorme salto cuantitativo que se aprecia sobre todo en la manga de ambas naves.
(Foto: autor desconocido)


Este nuevo concepto de crucero también tiene sus contras: Si eres de los que piensa en hacer un crucero e ir improvisando sobre la marcha lo que hacer a bordo siento decirte que el Oasis no es una buena opción para tí. Sus limitados aforos en sus instalaciones obligan a una cuidada planificación incluso antes de iniciar la travesía. Reserva todo lo que puedas antes de subir al barco es la consigna que te dan en la agencia de viajes cuando contratas una travesía en esta nave. Eso si, una vez asimiladas estas premisas ya podremos disfrutar de todo lo que nos ofrece el Oasis of the Seas y que trataré de resumir en ésta y en las siguientes entradas, una tarea bastante complicada por lo mucho que podemos encontrar a bordo. Para empezar y como no podía ser de otra manera para un navío que rompe con todo un apunte sobre su distribución y es que el Oasis of the Seas, a diferencia del resto de la flota crucerística y debido a su brutal tamaño, está dividido en diferentes zonas en función de su temática o situación a los que acertadamente se las ha definido como vecindarios. En total esta enorme ciudad flotante está formada por siete vecindarios que describiré a continuación. Atentos porque comenzamos la visita guiada por este impresionante monstruo de la navegación así que síganme y no se separen del grupo.



Todo el interior del Oasis of the Seas está plagado de maniquíes y de diversas figuras decorativas; desde un intrépido piloto de ala-delta situado en la popa (arriba), un gaitero escocés en la proa o una simpática gaviota apoyada sobre la barandilla de unas ecaleras junto a las piscinas. La más simpática sin lugar a dudas es la que nos encontramos nada más traspasar la escala de acceso (abajo); un "operario" de los astilleros borra un graffiti donde se puede leer la palabra "Genesis", el nombre por el cual se conocía al proyecto del que finalmente surgió el Oasis of the Seas.

(Foto abajo: autor desconocido)


El primer vencindario a mencionar es el Royal Promenade y no por ser el más original de la nave, puesto que es algo que Royal Caribbean ya incluyó en los barcos de las dos series anteriores, la clase Freedom (2006) y la clase Voyager (1999); el motivo de que sea el primero de esta lista es porque es la puerta de entrada a este gran parque temático flotante que es el Oasis of the Seas. En esencia el Royal Promenade es una gran calle situada en las cubiertas 5 y 6 y que ocupa gran parte de la eslora del buque con bares, restaurantes y tiendas variadas a sus lados que nos permiten hacer una parada en el camino. Lo más parecido a pasear por cualquiera de los muchos (demasiados, quizás) centros comerciales de nuestra ciudad.


Vista general del Royal promenade
(Foto: STX Europe)


A diferencia de los buques de la clase Freedom, el Royal Promenade del Oasis es mucho más ancho gracias al espectacular aumento de manga pero en él encontramos elementos ya presentes en otros barcos de la flota como el Schooner Bar (bar de temática marinera) o el Globe and Atlas Pub (de estilo británico). Algo que tampoco podía faltar en esta enorme calle comercial es la presencia de un precioso coche de época al igual que en los buques preedecesores,  pero para el Oasis se ha pensado en algo más especial que el habitual Morgan: un Auburn Boattail Speedster Replica de 1935 que como es ya costumbre lleva a los mandos a dos simpáticos osos de peluche. Además de las ya conocidas el Royal Promenade del Oasis of the Seas incorpora nuevas y sorprendentes estancias, entre ellas la más singular sin lugar a dudas es el Rising Tide Bar, un bar-ascensor que asciende y desciende tres cubiertas mientras los turistas degustan sus consumiciones, algo completamente insólito. Otra de las diferencias de este auténtico centro comercial en miniatura (o no tanto) es que dispone de luz natural gracias a unos enormes lucernarios. Por las noches el Royal Promenade se transforma por completo dejando de ser una galería comercial para convertirse en una especie de teatro callejero con divertidos pasacalles a cargo de la tripulación.


El Rising Tide Bar (literalmente "marea ascendente") se mueve arriba y abajo sobre 4 columnas y en una altura de tres pisos hasta quedar incrustado en el enorme lucernario del techo con vistas a la cubierta 7. Cuando el bar se encuentra en su posición más alta su lugar en el Royal Promenade lo ocupa una fuente con juegos de luces de color.
(Foto: STX Europe)


 El segundo vecindario del Oasis of the Seas es Entertainment Place. Ocupa gran parte de la cubierta 4 y engloba la mayoría de las estancias de referencia cuando llega la noche. La principal es el Opal Theater, el teatro principal de la nave, que ocupa dos cubiertas y tiene un aforo para 2.161 personas, una cifra impresionante tratándose de un buque pero que se queda cortísima si tenemos en cuenta la capacidad máxima del Oasis por lo que la reserva se hace indispensable. Para favorecer el continuo tránsito de pasajeros y como ya mencioné antes, el teatro sólo representa 3 shows distintos que se repiten a lo largo de la semana que suele durar la travesía.


El Opal Theater.
(Foto: STX Europe)


Además del teatro en este vecindario tenemos el Casino Royale, al estilo Las Vegas, una instalación que cuenta con muchos adeptos en el mercado norteamericano (los europeos "pasamos" más de estas cosas) y en la que se distribuyen un total de 27 mesas y 464 máquinas tragaperras a lo largo de sus 1.672 metros cuadrados.


La entrada  al Casino Royale.
(Foto: STX Europe)


Otras opciones de ocio en este vecindario son el Jazz on 4, con espectáculos en directo de este estilo musical, Blaze, una de las discotecas de la nave con una atractiva decoración medieval, y como no, el Studio B, una pista de hielo (si, han leído bien) donde poder dar rienda suelta a nuestra vena patinadora por el día y disfrutar de espectáculos por la noche en una instalación ya existente en los buques de la clase Freedom.



 Arriba: Jazz on 4, el lugar para los amantes de este estilo musical.
Abajo: El Studio B, una pista de hielo en alta mar

(Fotos: STX Europe)


Es momento de hacer un alto en el camino para recuperar el aliento. Todavía nos quedan 5 vecindarios por descubrir a bordo de esta obra de arte de la ingeniería naval que es el Oasis of the Seas pero eso será en la siguiente entrada...


En el interior de Blaze.
(Fuente: accessmrd.com)



sábado, 25 de octubre de 2014

Y la bestia volvió a Vigo



(Foto: Jose R. Montero)


Lo ha vuelto a hacer. Al igual que ocurriera el pasado 27 de septiembre en su primera visita a Vigo, el Oasis of the Seas volvió a dejar extasiados a los habitantes de la ciudad olívica con su impresionante tamaño el pasado 18 de octubre en su segunda y última escala por tierras gallegas antes de que el rey de los colosos flotantes pusiera un océano de por medio entre él y el continente europeo.




El resumen que podría hacerse de estas dos recaladas que el megacrucero de la firma Royal Caribbean ha hecho en Vigo no podría ser más positivo, algo demostrable con cifras; según un estudio de la Universidad de Vigo, el impacto económico en la ciudad de las dos escalas del Oasis of the Seas rondaría el millón de euros. Todo un rotundo éxito. El que cabría esperar de la alianza entre un impresionante ingenio flotante como nunca antes se había visto surcando los mares y una entregada urbe de alma marinera que vive por y para el mar. Toda una experiencia colosal, tanto o más que el tamaño de su protagonista.




En esta segunda actuación en la plaza viguesa el Oasis of the Seas llegó poco antes de las 08:00 horas procedente de Southampton, y al igual que pasara en su escala inaugural una enorme expectación aguardaba al gigante en forma de decenas de personas apostadas en la costa para ver la maniobra. Los pasajeros, algo más de 6.000 trajo a Galicia el pasado sábado, disfrutaban desde las cubiertas superiores o desde sus propios camarotes con la cálida acogida recibida que se multiplicó una vez éstos comenzaron a bajar a tierra con la actuación a pie de muelle de grupos de gaiteiros y de bandas musicales mientras los turistas recién llegados cogían los autocares que los llevarían a realizar las excursiones contratadas o simplemente paseaban por la animada zona centro.




La escala del pasado sábado era parte del itinerario de despedida de Europa tras una estancia de algo más de un mes en el viejo continente motivada por la entrada del gigante en dique seco para su primera gran carena. La imposibilidad de usar unos astilleros en el continente americano debido a su gran tamaño provocó que el Oasis of the Seas tuviera que ser traído a los astilleros Keppel Verolme de la ciudad de Rotterdam para realizar los trabajos y ya de paso, los dirigentes de la compañía americana diseñaron un calendario para hacer varias singladuras a este lado del océano a sabiendas de que el tremendo impacto mediático de la nave provocaría un gran número de reservas de pasajes. No se equivocaron.


(Foto: Jose R. Montero)


Durante su estancia de 14 días en los astilleros neerlandeses el Oasis of the Seas ha sido sometido a los habituales trabajos de mantenimiento propios para una nave con 5 años de vida comercial que incluían labores en el casco y en la parte mecánica pero también se ha aprovechado la oportunidad para la revitalización de ciertas áreas a bordo; así en el interior los principales cambios han sido la adición de varios camarotes y suites así como la conversión del principal restaurante del barco en tres restaurantes temáticos distintos. Otro dato curioso es que la capilla del buque, situada en la cubierta 17, ha desaparecido.


El Oasis of the Seas ha permanecido en dique seco por espacio de dos semanas.
(Foto: Keppel Verolme)


Tras una jornada frenética en las inmediaciones del puerto con algo menos de ambiente que en su primera estancia pero extraordinario de todos modos, el Oasis of the Seas comenzó los preparativos para la maniobra de salida, prevista esta vez para las 20:00 horas, mientras que la muchedumbre comenzó a buscar una vez más algún punto privilegiado sobre la costa para no perderse detalle siendo el muelle de trasatlánticos, la terraza de A Laxe y O Berbés los que registraron una mayor afluencia. Cuando el reloj marcó las 8 en punto y ya con las últimas luces del día, el Oasis of the Seas comenzó a largar los cabos que lo mantenían firme al muelle y tras un grácil giro efectuado por sus propios medios, algo que parece impropio de un objeto de semejante tamaño, el gigantesco crucero encaró la bocana de la ría señalando con su proa hacia las islas Cíes. Por delante 8 días de navegación antes de llegar a su destino en Fort Lauderdale (Florida), la meca de los cruceros, donde reestablecerá de nuevo su base de operaciones tras su tournée por la vieja europa


(Foto: Jose R. Montero)


Cuanto tiempo tardaremos en volver a ver al Oasis de nuevo por aquí es toda una incógnita. Quizás hasta su próxima "revisión", pero los dirigentes de Royal Caribbean han tomado buena nota de la excelente acogida que su gran navío ha tenido en el viejo continente durante este mes de cruceros y en 2015 el que nos visitará será el Allure of the Seas, gemelo del Oasis, esta vez por un período bastante más extenso para posicionarse en Barcelona como base de sus rutas. La mala noticia es que en principio no se dejará ver en ningún puerto de la geografía gallega.


En 2015 el Allure of the Seas tomará el relevo de su gemelo Oasis en Europa.
(Fuente: cruisemates.com) 


Así pues fin al breve idilio que el Oasis of the Seas ha mantenido con Vigo durante estas tres semanas, una unión que nos ha dejado estampas inolvidables como la insólita imagen de la muchedumbre agolpada en los muelles, la icónica instantánea del formidable navío atracado en el corazón de la ciudad o el espectáculo sin igual de ver a este portento de la ingeniería naval maniobrando en mitad de la ría viguesa. Desde hoy y para siempre 2014 figura en la historia de los puertos gallegos como el año en el que nos visitó la bestia. 2014 es el año del Oasis.


La figura del Oasis of the Seas se aleja rumbo a la bocana de la ría viguesa durante su salida de la ciudad olívica el pasado 27 de septiembre.


Agradecimientos a mi amigo Jose R. Montero por las estupendas fotos prestadas para la elaboración de este post.


miércoles, 15 de octubre de 2014

Mar de fondo





Por mucho que nos resistamos o nos cueste aceptarlo el verano se nos fue hace ya unas cuantas semanas para no volver (hasta el año que viene, tranquilos). El llamado veranillo de San Miguel nos mantuvo en una cálida ensoñación durante unas cuantas jornadas pero la llegada de las inevitables inclemencias meteorológicas nos han devuelto a la realidad; la lluvia quiere su cuota de protagonismo y ha venido para quedarse con nosotros durante un tiempo, algo a lo que los coruñeses ya estamos más que acostumbrados. Como también lo estamos a otro fenómeno habitual por nuestra costa que se ha convertido ya en un clásico de la bahía herculina: Les hablo del mar de fondo.


Hoy el mar de fondo es el protagonista.


Tanto los que se acercan a nuestra costa de manera puntual como los habituales de la zona tienen que padecerlo mal que les pese. Aquí no se salva nadie; ni las pequeñas embarcaciones pesqueras ni los numerosos mercantes con sus variopintas cargas. Tampoco los cruceros que nos visitan asiduamente con el hándicap estos últimos de llevar a varios centenares de huéspedes, cuando no miles, a bordo que no suelen apreciar demasiado esta "delicatessen" típica de nuestra tierra. A la hora de padecer los rigores atmosféricos, en este caso el oleaje, las consecuencias sobre sus víctimas dependerán del tamaño de las mismas y de sus cualidades marineras, una característica esta última de la que tampoco son grandes ejemplos los modernos buques de pasaje (cosas de sacrificar el calado a costa de poder entrar en el mayor número de puertos posibles). Ya el pasado día 3 el Crystal Symphony disfrutó de una salida bastante movida camino de tierras portuguesas y el pasado día 7 fueron el Nautica y el Seven Seas Voyager, de visita por unas horas en A Coruña, los que degustaron a su salida este plato típico de la gastronomía marítima herculina.


Nautica (al fondo) y Seven Seas Voyager (en primer término) atracaron en la ciudad el pasado día 7.
(Foto: Manuel Candal)


 Procederemos por estricto orden de llegada. El Nautica fue el primero en aparecer por la ría procedente de Bilbao sobre las siete de la mañana y cuando en la ciudad todavía reinaba la noche. Tras un grácil giro en aguas interiores el barco con pabellón de Islas Marshall atracó en la parte más distal del muelle de trasatlánticos concluyendo la maniobra a las 07:40 horas. La del pasado martes es su segunda estancia en A Coruña durante este 2014. 


El Nautica, todo un habitual en nuestra dársena.
 

El Seven Seas Voyager por su parte llegó a la ciudad procedente también de Bilbao sin hacer madrugar en exceso a su selecto pasaje y cuando el reloj pasaba de las 09:00 horas finalizaba su maniobra de atraque en los norays iniciales del muelle de trasatlánticos con su proa apuntando al corazón de la ciudad y dándole la espalda al Nautica. La del pasado día 7 fue la segunda y última visita del buque de bandera bahameña a nuestra urbe tras la realizada el pasado 27 de mayo, y es que se está convirtiendo en norma que este coqueto barco de tamaño medio nos visite un par de veces en cada ejercicio.


El Seven Seas Voyager, no menos conocido que su compañero de amarre.
(Foto: Manuel Candal)


 La presencia conjunta el pasado martes del Nautica y el Seven Seas Voyager supuso el tercer doblete de buques de crucero en los últimos siete días, una marca muy a tener en cuenta y que se traduce en suculentos dividendos para las arcas locales a pesar de que esta vez los pasajeros llegados por vía marítima fueron un número bastante reducido: 1.420 turistas. Esta cifra se explica además de por el discreto tamaño de las naves, por su rol dentro de la industria crucerística y es que tanto Oceania Cruises como Regent Seven Seas, propietarias del Nautica y del Seven Seas Voyager repectivamente, se dedican al segmento premium del mercado, el que ofrece el mejor servicio y calidad posible a bordo a un selecto y pequeño número de afortunados huéspedes. Fueran muchos o pocos lo cierto es que parte de los pasajeros de ambos barcos bajaron a tierra el pasado martes bien para realizar las oportunas excursiones, bien para callejear por el centro de la ciudad pese a que la climatología no les acompañó demasiado; tampoco el estado de la mar por los alrededores era el más propicio para una navegación de placer con la presencia de ese fenómeno tan característico de la costa coruñesa y que nos visitó el mismo día en el que lo hicieron estos dos buques de crucero.


Tanto el Nautica como el Seven Seas Voyager se enmarcan en el sector más exclusivo del mercado crucerístico.


El mar de fondo es el oleaje que se propaga lejos de la zona donde se ha generado y su presencia no tiene por qué guardar relación con el viento presente en la zona donde actúa; por resumirlo de alguna manera el mar de fondo en un área distinta y distante de donde se formó por la acción del viento. A diferencia de la mar de viento, el mar de fondo se caracteriza por sus olas de crestas suaves y periodo regular. Ésto es sólo la teoría pero para una correcta asimilación de conceptos se hace imprescindible la práctica y  nuestros protagonistas del post de hoy tuvieron toda una "masterclass" durante su salida del puerto el pasado martes. Una demostración en vivo y en directo de lo que es un mar de fondo de libro.




El primero en sufrirlo en sus carnes fue el Nautica que tras descansar nueve horas en la ciudad a las cinco de la tarde decidió que ya era suficiente, soltando amarras para dirigirse a su siguiente destino, el puerto de Leixoes. En el exterior del dique le esperaba el tan molesto mar de fondo, con olas de unos cuatro metros; nada que ponga en problemas a buques de semejante porte como los que aparecen en este blog pero lo suficiente para "molestar" a los pasajeros que viajan a bordo, más acostumbrados a la tierra firme que a los vaivenes que de vez en cuando provoca el océano. No todo es malo; la presencia del mar de fondo es un buen elemento para que los shipspotters obtengamos unas fotos más lucidas y el martes pasado no fue una excepción con el navío de Oceania "surfeando" por toda la ría herculina.


El Nautica y sus pasajeros "disfrutando" del clásico mar de fondo coruñés.


Lo que no ayuda sin embargo a "afotar" es la lluvia, y ésta no se quiso perder la maniobra de salida del Seven Seas Voyager, que una hora después que su compañero de atraque decidió enfrentarse al juguetón mar coruñés en su búsqueda de tierras portuguesas (Leixoes también como objetivo). A diferencia del Nautica, el Seven Seas Voyager pareció encajar mejor los golpes lo que no evitó al lujoso buque hacer unas cuantas cabriolas para deleite de los que nos encontrábamos en la costa, mojados, pero tremendamente gozosos con el espectáculo brindado por estos dos corceles flotantes.


El Seven Seas Voyager cabalgando las olas durante su salida.


Ya ven que las inclemencias meteorológicas en el caso de la fotografía naval se padecen pero también se disfrutan y lo que en la mayoría de las veces supone una molestia y un engorro en algunas ocasiones se convierte en todo un espectáculo digno de ver. A todo hay que buscarle siempre el lado positivo.




No quisiera finalizar este post sin agradecerle a Manuel Candal su aportación en forma de maravillosas fotos y a Jose Montero su estupenda compañía bajo la lluvia durante la salida de los dos buques.Con compañeros de afición, las inclemencias meteorológicas siempre son menos.

 
 La dura vida del shipspotter. Mi amigo Jose en plena labor "afotadora" durante la salida del Seven Seas Voyager y bajo una lluvia incesante que no evitó la obtención de estupendas fotografías.