lunes, 29 de septiembre de 2014

Embarques y leyendas





Sumar de dos en dos es siempre mejor (y más rápido) y las escalas en el puerto de A Coruña este mes de septiembre parecen estar cumpliendo a rajatabla esta máxima; doblete el día 1, doblete el día 2 y el pasado día 21 el tercer doblete del mes (y aún queda uno más) en esta ocasión protagonizado por los buques Seabourn Legend y Empress.




El Seabourn Legend fue el más madrugador del dúo y cuando el reloj marcaba las 07:30 horas navegaba ya por aguas de la ría a la espera de que embarcara el práctico para llevarlo a su amarre en el muelle de trasatlánticos. El megayate de la naviera Seabourn Cruise Lines que procedía de Gijón trajo a la ciudad herculina a 208 exclusivos pasajeros que pudieron bajar a tierra para realizar las oportunas excursiones o simplemente callejear por el centro. La del pasado domingo fue su segunda y última escala prevista para este año en la ciudad.


El Seabourn Legend llegó a la ciudad con las primeras luces del día.
(Foto: Jose Luis Porta)


El Empress por su parte y como suele ser costumbre en él llegó algo más tarde y poco antes de las 09:00 horas asomó su afilada proa a la altura del castillo de San Antón. Procedente de Bilbao con 1.200 turistas a bordo y en la que suponía su segunda escala en este 2014 en A Coruña tras la protagonizada aquel histórico 2 de mayo con la presencia de 6 buques de crucero en la ciudad, el barco de la naviera española Pullmantur Cruises amarró en el extremo del muelle de trasatlánticos con la proa apuntando de forma desafiante al Seabourn Legend, algo que quizás era más una impresión que una realidad ya que ambos buques no se hacen competencia en ningún aspecto porque juegan en ligas totalmente diferentes.


 El Empress, el otro protagonista de la jornada.
(Foto: Jose Luis Porta)


Y es que resulta difícil encontrar dos buques más antagónicos que los que atracaron a pocos metros de distancia el pasado domingo, y no es una simple cuestión de tamaño, que resulta del todo evidente a la vista de las fotos; Empress y Seabourn Legend sólo coinciden en su cometido principal, que no es otro que ofrecer unas vacaciones de ensueño realizando travesías por distintos puntos del globo. A partir de aquí cada uno traza su propio camino.


Empress y Seabourn Legend atracados juntos en el muelle de trasatlánticos. Su estancia en la ciudad coincidió con la carrera popular de la mujer que tuvo su salida en las inmediaciones del puerto.


Uno escoge la vía elitista. Y es que el Seabourn Legend, al igual que el resto de integrantes de la flota de esta naviera americana, busca ofrecer el servicio y la calidad más exclusiva a bordo de una nave diseñada para el disfrute de un reducido número de elegidos. No hay más que echar un vistazo a la línea del Legend para apreciar que su imagen se acerca más a la de un yate de un excéntrico megamillonario que a la de un buque de pasaje convencional; se trata de un barco-boutique en toda regla, un nicho del mercado crucerístico que ofrece naves de tamaño muy pequeño con una capacidad de pasajeros muy reducida y una relación pasajero/tripulante muy cercana a 1 que busca la excelencia en el servicio a bordo.


El Seabourn Legend es de lo más exclusivo dentro de la flota crucerística.


Construído en los astilleros alemanes Schichau Seebeckwerft y botado en 1992, el Seabourn Legend  es un buque de tan sólo 9.961 toneladas de registro bruto y unas dimensiones de 135 metros de eslora, 19´2 metros de manga y 5 metros de calado que en sus 6 cubiertas de pasaje puede albergar a un máximo de 212 pasajeros en alguna de sus 106 suites (no hay camarotes al uso) todas ellas exteriores. La tripulación está compuesta por 160 personas, lo que le otorga a este exclusivo navío un ratio pasajero/tripulante de 1.3, una de las cifras más bajas de toda la flota crucerística, lo que habla bien a las claras de la exclusividad de este buque.




Lo más destacado a bordo de este navío, además de su esmerado servicio y dedicación al pasaje que roza la perfección, es su marina a popa; una plataforma hidráulica que extendida queda a nivel del mar y permite la práctica de deportes acuáticos tales como el kayak, el esquí acuático o el surf desde el mismo buque. Otro dato curioso relacionado con este barco es que en su currículo aparece incluso una experiencia interpretativa en Hollywood y es que el Seabourn Legend era el escenario en el que transcurría la acción de la película Speed 2 (1997) protagonizada por Sandra Bullock y Willem Dafoe y secuela de la algo más original "Speed". La película fue un fracaso comercial (algo que no sorprende a la vista de su guión un tanto absurdo y bastante "fantasma") pero vale la pena por ver al pequeño navío de Seabourn navegando sin control por agua caribeñas, chocando contra petroleros y llevándose por delante idílicos puertos. Para los que todavía no la habían visto siento habérsela destripado un poco pero creanme, no se pierden gran cosa.


El Seabourn Legend "atracado" en un puerto del Mar del Caribe en la secuencia final de la película Speed 2. pese a lo aparatoso de la imagen ningún barco resultó herido durante el rodaje.


El Empress por su parte es la antítesis del lujo. Lo suyo es más el turismo "de masas" como corresponde a una naviera generalista como la española Pullmantur. La prueba de esta afirmación es que, pese a ser un buque de tamaño medio, con sus 48.563 toneladas de registro bruto y 211 metros de eslora, este navío de bandera maltesa puede albergar en su interior hasta 2.020 pasajeros en capacidad máxima además de una dotación compuesta por 685 personas. Estos datos le otorgan al buque español un ratio pasajero/tripulante de 2.9, una diferencia abismal si lo comparamos con el Seabourn Legend.


El Empress está destinado a un mercado más generalista.


Hablar del Empress en A Coruña es hablar de embarque. Y es que como ya viene sucediendo sin interrupción desde el año 2009 las escalas que este buque realiza en nuestra ciudad permiten el embarque de pasajeros para iniciar desde nuestro puerto una ruta que en esta ocasión se denominaba "Mares de la Península" y que llevó a los recién embarcados a visitar Lisboa, Casablanca, Gibraltar o Málaga. La iniciativa es cada año todo un éxito lo que lleva a los dirigentes de la compañía española a repetir en el ejercicio siguiente estas dos fechas ya clásicas (una a principios de mayo y otra a mediados de septiembre) en el calendario coruñés. El pasado día 21 fueron un total de 320 los pasajeros que iniciaron ruta desde el puerto herculino.


Sin lugar a dudas el Empress es uno de los nombres más destacados en el calendario de escalas coruñés con su iniciativa de embarque y desembarque en la ciudad.


Tras acomodar a los nuevos huéspedes y volver a sus respectivos hoteles flotantes los que a primera hora de la mañana habían bajado a tierra, los buques que compartieron amarre por unas horas reemprendieron la marcha. El primero en hacerlo fue el Empress que tras una breve estancia de apenas 5 horas se puso de nuevo en movimiento a primera hora de la tarde rumbo a tierras portuguesas. Como cada vez que zarpa del puerto herculino con sus nuevos moradores, en las inmediaciones del muelle y en el dique de abrigo hubo un gran ambiente para despedir a amigos y familiares que comenzaban esta nueva travesía.




El Seabourn Legend por su parte se mostró más perezoso y hasta pasadas las 18:00 horas no zarpó de la dársena herculina rumbo a la capital lusa levantando menos expectación que su compañero de atraque. La del pasado día 18 puede que haya sido la despedida definitiva de este navío en A Coruña puesto que a mediados de 2015 el Seabourn Legend pasará a manos de la naviera Windstar Cruises que lo rebautizará como Star Legend. Esperamos una pronta visita de este lujoso buque ya desempeñando su nuevo rol y le deseamos el mayor de los éxitos en su nueva etapa comercial.


El Seabourn Legend pasará a llamarse Star Legend en 2015.


Agradecimientos a mi amigo Jose Luis Porta por las estupendas fotos prestadas para la elaboración de esta entrada.





jueves, 25 de septiembre de 2014

La lluvia es Poesía





Hay una frase ya muy aceptada a nivel general que afirma que la lluvia en Galicia es arte (en muchos casos se refiere a la ciudad de Santiago de Compostela en concreto pero pienso que debería hacerse extensible a toda la comunidad). Partiendo de esta premisa con la que un servidor no podría estar más de acuerdo podríamos continuar diciendo entonces que el sonido de cada gota de agua cayendo es más que un leve rumor y su choque acompasado contra el suelo crea un lenguaje propio que deja de ser un simple murmullo para convertirse en pura poesía.




Lluvia y poesía; he aquí los dos ingredientes fundamentales para la entrada de hoy y que estuvieron presentes el pasado jueves 18; por un lado el tan impresionante en belleza como en tamaño MSC Poesia, propiedad de la naviera italiana MSC Cruises. Por otro lado la lluvia; impresionante también pero en lo negativo. Y es que el día que recibió a los más de 2.500 pasajeros que iban a bordo del crucero italiano era auténticamente invernal, lo que arruinó los planes (o al menos los deslució) de aquellos que bajaron a tierra a realizar las correspondientes excursiones o bien a callejear por el centro de la urbe coruñesa.




Procedente de Zeebrugge (el puerto de Brujas) el MSC Poesia llegó a A Coruña poco antes de las 08:00 horas en su primera y única escala del año en nuestra ciudad. Su visita se enmarca dentro de una travesía de 10 días con salida en Warnemunde (Alemania) y escalas en Zeebrugge, A Coruña, Lisboa, Gibraltar, Barcelona, Marsella y desembarco en tierras italianas en el puerto de Genoa. Una magnífica singladura que los afortunados huéspedes de este navío pudieron disfrutar a cambio de un desembolso económico que partía de los 900 euros (tasas aparte) por un camarote interior, los más asequibles que ofrece esta impresionante ciudad flotante.


El MSC Poesia atracado durante su escala inaugural en la ciudad en mayo de 2010. Aquella jornada la lluvia también le restó protagonismo al navío italiano.


El MSC Poesia es el tercero de un cuarteto de buques gemelos englobados bajo el nombre genérico de Clase Música cuya puesta de largo tuvo lugar en 2006 con el MSC Musica y finalizó con la botadura del MSC Magnifica en 2010; precisamente el último integrante de la serie visitó A Coruña el pasado mes de abril. El Poesia es un buque de 92.627 toneladas de registro bruto, 293'8 metros de eslora, 32´2 metros de manga y 8 metros de calado. En sus 13 cubiertas de pasaje este barco de bandera panameña tiene cabida para 3.605 pasajeros en capacidad máxima a los que hay que sumar una dotación formada por 987 personas.


El MSC Magnífica (en la foto durante su maniobra de atraque en A Coruña el pasado 12 de abril) es el último integrante de la Clase Musica pero difiere un poco de nuestro protagonista de hoy con unas dimensiones algo mayores.


La escala del MSC Poesia del pasado jueves en la ciudad fue bastante breve y a las 15:00 horas la enorme nave soltó amarras para poner rumbo a tierras portuguesas. La lluvia, como no podía ser de otra manera, acudió también a la salida del espectacular crucero para acabar de frustar la jornada a los pasajeros del navío italiano y de paso a los shipspotters locales que habían acudido a la costa para inmortalizar el momento. Quizás estos últimos se lo tomaron con más resignación porque conocen de sobra la moraleja que encierra esta historia; nadie le roba el protagonismo a la lluvia en Galicia, ni siquiera una gigantesca mole flotante de casi 300 metros de largo. Por algo aquí la lluvia es arte. Por algo aquí la lluvia es poesía.


El MSC Poesia durante su llegada a la ciudad el pasado jueves con las primeras luces del (lluvioso) día.


lunes, 22 de septiembre de 2014

En paralelo





Da gusto ver que con el paso de los días septiembre mantiene una cadencia formidable lo que a número de escalas se refiere, y si ya resulta fenomenal la visita de los muchos buques de pasaje que se acercan al puerto lo es aún más cuando el que recala es uno de esos nombres históricos de la navegación; eso aconteció el pasado día 16 con la escala del buque holandés Rotterdam, toda una denominación ilustre dentro de la reciente historia marítima.


Rotterdam, uno de los grandes nombres de la historia marítima.


Pese a que como digo su nombre es toda una institución, el Rotterdam no es de los barcos más conocidos por nuestra dársena pese a que ya ronda las 17 primaveras; quizás el desconocimiento se deba a que su debut en A Coruña se produjo en septiembre del pasado año siendo por nuestras aguas más frecuentes para su naviera, la Holland America Line, los Prinsendam o Ryndam, este último precisamente nos visitó hace pocos días.




Procedente del puerto que le da nombre, el Rotterdam llegó a la ciudad herculina el pasado martes a primera hora de la mañana cuando la urbe todavía estaba cubierta bajo el manto de la noche. Su escala en nuestra ciudad se engloba dentro de una espectacular singladura de 15 días de duración con salida en tierras holandesas y escalas en A Coruña, Leixoes, Cádiz, Málaga, Gibraltar, Lisboa, Vigo y desembarco de nuevo en el punto de inicio. El Rotterdam es un buque de tamaño medio de 61.849 toneladas de registro bruto con unas dimensiones de 237 metros de eslora, 32´2 metros de manga y 7´8 metros de calado que puede albergar en sus 12 cubiertas de pasaje a un total de 1.668 pasajeros en capacidad máxima con una dotación formada por 593 tripulantes.


Buque de aspecto claramente "noventero".


Poco después de las 07:30 horas el Rotterdam dio por finalizada su maniobra de atraque tras tensar su último cabo al noray y quedar completamente inmóvil y situado en paralelo al muelle de trasatlánticos.
Ya se que sobraba decir lo de "en paralelo" (todos atracan así), pero es que esta expresión cobra mucha importancia en nuestro protagonista de hoy ya que uno de sus rasgos más característicos es esa particular disposición en paralelo de sus dos chimeneas, un detalle que hoy en día vemos en muy pocas naves y que en el Rotterdam guarda un significado muy concreto que veremos a continuación.


La principal seña de identidad del Rotterdam son sus dos chimeneas en paralelo.


Construído en los astilleros Fincantieri y botado a finales de 1997 el Rotterdam formó parte de la gran expansión sufrida por la naviera Holland America Line desde principios de los 90 cuando fue adquirida por el gigante crucerístico Carnival Corp. En lo referente a su diseño el Rotterdam no fue una gran innovación; en esencia se trataba de una evolución de los buques de la S-Class, la serie de 4 unidades  que precedió a nuestro protagonista y de la que forma parte entre otros el anteriormente mencionado Ryndam. El Rottterdam fue el primero de un cuarteto de buques englobados bajo el nombre genérico de R-Class (la "R" es de Rotterdam) siendo los otros componentes en orden de aparición el Volendam (1999), el Zaandam (2000) y por último el Amsterdam (2000).


El Zaandam (en la foto) al igual que el Volendam pertenece a la misma serie que el Rotterdam pero a diferencia de él no presenta la tan característica doble chimenea.
(Foto: Holland America Line)


La del Rotterdam es una familia bastante atípica dentro de la industria debido a que en contra de lo que suele ser habitual ninguno de sus miembros es gemelo entre sí; así tras la construcción del Rotterdam el Volendam varió el diseño original en las cubiertas superiores y sobre todo volvió a una configuración más conservadora con una sola chimenea. El Zaandam, siguiente en construirse, siguió los pasos del Volendam pero variando ligeramente su configuracion interna y por último el Amsterdam es un híbrido entre el Rotterdam y los Volendam/Zaandam y recuperó la doble chimenea en paralelo. El que no se construyera ninguna nave exactamente igual al Rotterdam tiene también una pequeña explicación de tipo histórico; existe una norma no escrita por la cual todos los barcos que han sido bautizados con este nombre a lo largo de los 141 años de historia de esta legendaria naviera (el actual es el sexto en llevarlo) no deben tener gemelos ya que a los Rotterdam, como le sucede también al actual, se les considera siempre los buques insignia de la compañía.Y ahora volvamos al asunto de la chimenea...


El Rotterdam es en la actualidad el buque insignia de la naviera Holland America Line.


Siento verdadera devoción por esos navíos en los que multitud de pequeños detalles estéticos que en otros pasan completamente desapercibidos se convierten en una especie de pequeño homenaje a algún histórico buque legendario ya desaparecido o retirado y con el que se trata de hacer perdurar su recuerdo en el tiempo, barcos como mi querido Oriana o el espectacular Queen Mary 2, por poner algún ejemplo. El Rotterdam forma parte también de este grupo con sus numerosas referencias a un pasado marítimo desgraciadamente ya perdido y el ejemplo más importante lo encontramos en la cúspide del barco con esa peculiar situación de sus dos chimeneas.


Vista de popa del Rotterdam.


Y es que el que el Rotterdam lleve dos chimeneas y se encuentren en una posición tan particular no se debe a ninguna cuestión técnica sino que se trata de hacerle un guiño al pasado, a la época dorada de los grandes trasatlánticos y en concreto un pequeño homenaje a su predecesor, el SS Rotterdam de 1959, considerado como uno de los buques de línea más bellos de la historia y que afortunadamente permanece entre nosotros en la actualidad como buque museo gracias al empeño de un grupo de entusiastas de los navíos clásicos que salvaron de un triste final en algún desguace asiático a este icono de la navegación comercial. Gracias a su esfuerzo las generaciones venideras podrán disfrutar de esta nave, no para realizar cruceros pero si como una ventana en el tiempo hacia una época ya extinta, la de los grandes liners. ¿Adivinan en que puerto podemos encontrar amarrada a esta bella dama?. Exacto. En Rotterdam.


El bellísimo SS Rotterdam magnificamente restaurado durante su llegada al puerto que le da nombre en agosto de 2008 donde permanece atracado transformado en museo. Su original doble chimenea es sin lugar a dudas su característica más reseñable.
(Foto: Cees de Bijl)


Sin duda uno de los rasgos más característicos de aquel barco de leyenda eran sus originales dos chimeneas dispuestas en posición paralela y situadas a tres cuartos de su eslora, un rasgo que en principio fue muy criticado pero que acabaría convirtiéndolo en un icono. No a todos les pareció una idea tan estrafalaria; a la naviera británica P&O le entusiasmó la idea y la incorporó en su mítico SS Canberra, botado un año después que el SS Rotterdam. Tras ser vendido en 1997 por antieconómico debido a que era una reliquia movida a vapor en una era de motores diesel, la enseña "Rotterdam" quedó vacía pero no por mucho tiempo; a finales de ese mismo año entró en servicio nuestro protagonista de hoy, que rinde un sentido tributo al buque al que sustituye con su nombre pero también con su doble chimenea. Y dispuestas en paralelo, como no podía ser de otra manera. El legado del SS Rotterdam está a buen recaudo.


El Rotterdam maniobra durante su salida de la ciudad el pasado martes. Por su proa aparece atracado el buque del I.E.O. Ángeles Alvariño.


Volviendo al pasado martes, y tras una escala que se prorrogó por espacio de unas 9 horas finalmente el Rotterdam reemprendió viaje rumbo a tierras portuguesas. Lo hizo con una tremenda tormenta descargando sobre la ciudad que afeó la maniobra y que impidió a shipspoters y curiosos en general inmortalizar como se merece a este ilustre representante del mundo de los cruceros que tiene previsto volver a visitarnos el próximo año.




jueves, 18 de septiembre de 2014

Protagonistas, las velas



 


¿Que posibilidades hay de que dos buques gemelos pero que ya no operan para la misma naviera hagan escala en dos puertos tan cercanos como los de A Coruña y Ferrol con apenas 72 horas de diferencia? No soy un experto en cálculo de probabilidaddes pero estoy seguro de que muy pocas. ¿Y si a eso le sumamos el hecho de que los buques en cuestión¿??¿?¿ son dos de los especímenes más raros de todo el panorama crucerístico mundial?; ahí el tema parece ya cosa de brujas. Quizás no conviene darle demasiadas vueltas al asunto y simplemente concluír que los caprichos del calendario a veces tienen estas cosas.


El Club Med 2 entrando en A Coruña.


Las velas fueron protagonistas en A Coruña el pasado viernes con la visita del buque de cruceros Club Med 2. Es importante recalcar lo de "buque de cruceros" porque a la vista de las fotos a mucha gente le costará asociar este barco con los habituales protagonistas de este blog y lo ubicaría más bien dentro de la categoría de buque-escuela de alguna armada debido a su velamen, el mismo que no pudimos vimos en su escala del pasado día 12, una entrada que el Club Med 2 realizó a palo desnudo pero que aún así no defraudó ni lo más mínimo dada la singular línea de este navío.


Esperando práctico.


La maniobra de entrada del supervelero surcando aguas gallegas, como digo, fue un espectáculo digno de mención pero no tuvo nada de original porque apenas tres días antes tuvimos la oportunidad de contemplar una escena similar, esta vez en la ría de Ferrol, lo que en mi modesta opinión le otorga a cualquier maniobra de estos gigantes (a vela o con propulsión convencional) un plus de vistosidad. En este caso el protagonista no fue el Club Med 2 sino el Wind Surf, buque de dimensiones calcadas a las del inquilino coruñés del pasado viernes y con una apariencia extrañamente idéntica a él; si les digo que el anterior nombre del Wind Surf era Club Med 1 entenderán mejor el por qué ambas naves son como dos gotas de agua.




Tanto el Wind Surf (ex-Club Med 1) como el Club Med 2 fueron construidos a principios de la década de los 90 por el mismo astillero, la Société nouvelle des ateliers et chantiers du Havre (Francia) y para el mismo armador, la Windstar Cruises, con el propósito de bautizarlos como Wind Surf y Wind Saga. La compra de esta naviera por parte de Holland America Line sobre esas fechas paralizó el proyecto y los astilleros galos se vieron de pronto con un buque a medio construir (más otro en proyecto) pero sin cliente que lo comprara. El gobierno francés ayudó a buscar una salida a la difícil situación consiguiendo que Club Med, una corporación francesa especializada en resorts vacacionales y que buscaba probar suerte en el mundo de los cruceros, se quedara con los buques aunque Windstar Cruises se reservó el derecho para una posterior recompra.




La apuesta de Club Med resultó arriesgada pero contaba con la ventaja de ofrecer un producto indudablemente original; el Club Med 1 y 2 eran en su día, y lo siguen siendo en la actualidad, los buques a vela más grande jamás construídos (técnicamente el Club Med 2 es un poquito más grande que el Wind Surf) y no sólo eran grandes sino que además eran tecnológicamente muy vanguardistas hasta el punto de que el manejo de sus velas se hace exclusivamente mediante ordenador.


El Club Med 2 visto de popa.


En 1998 Windstar Cruises hizo efectiva la opción de recompra pero sólo sobre un o de los barcos ya que la opción de recuperar los dos era inviable economicamente, así que se hizo con el más antiguo del dúo (a ambos navíos los separan 3 años) y el Club Med 1 pasó a manos de la naviera americana, especializada en ofrecer cruceros en barcos propulsados a vela. Windstar rebautizó a su nueva adquisición con el nombre con el que inicialmente tenía previsto ser bautizado y con el que lo pudimos ver hace unos días atracado en Ferrol..


El Wind Surf, gemelo del Club Med 2, visitó Ferrol el pasado día 9. La foto corresponde a su anterior escala en este puerto el pasado mes de julio.


La parada del Wind Surf  del pasado día 9 en aguas ferrolanas se enmarcó dentro de una travesía de 8 días que tuvo su punto de inicio en la ciudad de Dublín y como fin de trayecto Lisboa; entre medias los afortunados pasajeros que realizaron esta singladura tuvieron la oportunidad de conocer un poco mejor la comarca de Ferrolterra y de experimentar en sus propias carnes a la salida (tras una escala que duró unas 9 horas) un auténtico andanada de disparos por parte de los miembros de la Asociación Batalla de Brión  cuando el Wind Surf transitó entre los castillos de San Felipe y La Palma. La experiencia no le era desconocida a este buque de crucero tan particular puesto que la del pasado día 9 era la segunda visita a la ciudad departamental tras su debut en el mes de julio. A buen seguro que el próximo año repetirá.


Marcelo, uno de los miembros de la Asociación Batalla de Brión, apunta con su arma al Wind Surf que "huye"  buscando mar abierto.
(Foto: autor desconocido)


El Club Med 2, por su parte quiso ser más benévolo con los fotógrafos navales y con las decenas de curiosos que se apostaron en algún lugar de la costa para ver la salida del peculiar barco y a diferencia de su entrada reemprendió la marcha con algo de velamen ondeando en sus palos pararegocijo de "afotadores" afcionados y profesionales que obtuvieron el premio deseado en forma de una sensacional instantánea para enmarcar. Con esta primera y única escala de 2014 en aguas herculinas  nos tendremos que aguantar las ganas de ver a este insólito velero hasta el próximo, fecha en la que sin lugar a dudas las velas volverán a ser las protagonistas en el golfo ártabro.


En 2015 las velas de estos dos navíos volverán a ser protagonistas.


martes, 16 de septiembre de 2014

Estar en una nube





Estar en una nube. Una expresión que utilizamos de manera coloquial para indicar esa indescriptible sensación de felicidad superlativa producida por las más variadas razones y que de vez en cuando alcanzamos en nuestra vida. Y para lograr ese grado de alegría absoluta en el que nos sentimos como si flotáramos ayudan unas buenas vacaciones realizando el viaje de nuestros sueños y donde un crucero siempre es una excelente opción...




...Más si es a bordo de un navío tan formidable como nuestro protagonista de hoy. Se trata del Silver Cloud, un pequeño buque de cruceros convertido ya en todo un clásico de los muelles herculinos y que nos visitó el pasado día 10 de septiembre. El navío de bandera bahameña llegó a la ría herculina el pasado miércoles sobre las 07:00 horas cuando A Coruña todavía se desperezaba dispuesta a afrontar una nueva jornada. Con las primeras y tímidas luces del día se colocaba la escala de acceso en el Silver Cloud, ya firmemente amarrado a los norays del muelle de trasatlánticos, para permitir bajar a tierra a su selecto y reducido pasaje con el objetivo de realizar las oportunas excursiones contratadas. El grado de satisfacción de los 300 pasajeros que el Silver Cloud trajo a la ciudad podemos presuponerlo muy alto a la vista de las buenas opiniones que siempre rodean a este lujoso navío; de lo que no cabe ninguna duda es que esos tres centenares de afortunados estaban literalmente en una nube (plateada).


Una nube (de Bahamas).


El Silver Cloud (en inglés "nube plateada") es propiedad de la naviera italiana pero con sede monegasca Silversea Cruises, especializada en el segmento más exclusivo del sector crucerístico, y tanto él como la mayoría de sus elitistas compañeros de flota son viejos conocidos de los muelles herculinos siendo raro el año en el que alguno de sus componentes no rinde visita a nuestra ría. La del pasado miércoles es la primera y única escala de esta lujosa nave a nuestra ciudad prevista para este 2014.


Silversea, sinónimo del lujo más extremo.


Lujoso y elitista. El vocabulario empleado para definir a este buque y a cualquiera de los barcos que visten sus mismos colores corporativos no está escogido al azar puesto que el Silver Cloud es de lo más selecto de la industria crucerística a nivel mundial y pertenece a ese nicho de mercado donde cada detalle es mimado hasta el extremo para que el viajero disfrute de una experiencia inigualable. Una liga donde sólo compiten un pequeño grupo de elegidos y donde Silversea es uno de los pesos pesados en dura pugna con navieras como Seabourn, Seadream u otros nombres ya destinados a algún mercado concreto como por ejemplo Compagnie du Ponant, dirigido eminentemente al mercado francófono.


El Silver Spirit (en la foto) es en la actualidad el buque insignia de la exclusiva naviera Silversea.


Unos cuantos datos bastan para darse cuenta de qué niveles de lujo se puede encontrar uno en esta "nube plateada". En primer lugar el ratio pasajero / tripulante, ese indicativo de cuantos pasajeros "le tocan" a cada tripulante y que en esencia viene a expresar el nivel de servicio a bordo; el Silver Cloud alcanza una cifra de 1.4 dentro de una escala en la que el 2 supone la entrada al terreno del lujo y todo lo que sea bajar una décima de ese guarismo significa un gran salto cualitativo. Pueden imaginarse entonces lo que puede llegar a ofrecer esta nave con una cifra como la que consigue y que muy pocas veces se alcanza en la industria de la navegación de placer.


La mayoría de alojamientos a bordo del Silver Cloud presenta la característica terraza.


Otro apartado indicador de la exclusividad de este barco es su espacio; puede parecer una auténtica paradoja viendo sus discretas dimensiones pero ésto no debe llevarnos a engaño. A bordo de este oasis flotante sólo viajan 300 pasajeros, lo que provoca que la sensación de espacio en el interior sea enorme hasta el punto de que sus afortunados inquilinos sienten el buque  como si fuese su propio yate privado. A ello contribuye también sus espectaculares alojamientos; las 148 suites (puesto que no hay camarotes al uso) que presenta el Silver Cloud son en su totalidad exteriores y el 75% de las mismas cuentan con terraza privada. Sus tamaños van desde los 22 metros cuadrados de la más "modesta" hasta los 85 metros cuadrados de la  suite del armador, la auténtica joya de la corona situada en la cubierta 8 y que ofrece en su interior dos dormitorios con cama de matrimonio cada uno con su sala de estar, un comedor separado, dos baños con mármol y una enorme bañera en el principal y un amplio ventanal del suelo al techo que da a una terraza con el suelo forrado en madera de teca. En resumen el Silver Cloud hace justicia al dicho de que las buenas esencias siempre se venden en frascos pequeños.


Una de las elegantes suites a bordo del Silver Cloud.
(Fuente: Silversea)


Tras una escala de 9 horas en A Coruña finalmente el Silver Cloud soltó amarras a media tarde y puso rumbo a tierras portuguesas en busca de su siguiente destino. Sin más visitas por este año tendremos que esperar a 2015 para volver a ver a la nube plateada por nuestra ría, uno de los mejores ejemplos de lujo y exclusividad dentro de la industria de los cruceros.


La luna llena sobre la "nube plateada".



domingo, 14 de septiembre de 2014

Proporción





Si de algo pecan los actuales diseños navales en lo tocante a buques de crucero, además de una total carencia de gracia, es de una galopante desproporción. Dicha característica que por supuesto se ciñe a lo meramente estético y no afecta en absoluto a cuestiones de seguridad, es consecuencia de la tendencia del sector a la gigantización; lo de "cuanto más grande mejor" pese a que pueda tomarse la expresión con un doble sentido parece la norma en la industria crucerística  desde unos años hacia aquí y las navieras se pelean por tener el navío más grande realizando proyectos faraónicos, lo que da lugar a que en ocasiones a los que vemos los toros desde la barrera (en este caso desde la costa) muchas veces nos cueste distinguir si miramos a un barco o a un edificio hasta que el ingenio mecánico se pone en movimiento. Afortunadamente no siempre se cumple la norma y hoy el protagonista de la entrada es una de esas excepciones que confirman la regla; se trata del buque Marina que el pasado 7 de septiembre visitó nuestra ciudad en su primera y única escala prevista para este año en A Coruña.




Procedente de la ciudad francesa de Lorient el buque propiedad de la naviera Oceania Cruises llegó a la bahía coruñesa a una hora poco habitual para lo que suele ser habitual en este tipo de naves y su silueta se dejó ver a la altura de la Torre de Hércules minutos antes del mediodía. Lo de dejarse ver es una manera de hablar porque a su recibimiento acudió un impresionante chubasco que ocultó por completo la figura del buque que se aproximaba arruinando de paso la labor "afotadora" de los shipspotters apostados en aquel instante en diversos puntos de la costa. Minutos más tarde el Marina atracaba en el muelle de trasatlánticos para permitir que sus 1.200 pasajeros pudieran bajar a tierra para realizar las excursiones contratadas o bien callejear un poco por la urbe a la que acababan de llegar pese al mal tiempo reinante.


La climatología no acompañó la visita del Marina el pasado domingo.


A la vista de las fotos del Marina navegando por la ría coruñesa  los más puristas rebatirán lo afirmado en el inicio de este post y en parte no les falta razón; en esencia el Marina es más de lo mismo: 4 ó 5 cubiertas inferiores con las estancias públicas más relevantes como el teatro y el restaurante principal, 5 cubiertas en el centro de la nave con los 629 camarotes del barco, el 90% de ellos con balcón privado como exige la moda actual de la industria, y las cubiertas superiores abiertas al exterior donde cobran protagonismo las piscinas y las pistas para alguna actividad deportiva. El esquema se repite una y otra vez de manera invariable en los últimos años en casi todas las creaciones salidas de los principales astilleros europeos donde nacen estos colosos marinos. Donde el Marina establece la diferencia es en la proporción...




...Porque en un mundo dominado por gigantes cuesta encontrar alguna nave nacida más allá de mediados de la década pasada y que no tenga dimensiones hercúleas; Las hay, pero suelen ser unidades muy especializadas, del tamaño de yates privados y dedicadas a un mercado muy exclusivo; los llamados barcos-boutique del estilo Seabourn o Compagnie Illes du Ponant. Fuera de eso el mundo lo dominan "bestias" que si no sobrepasan las 100.000 toneladas de registro bruto las rondan amenazadoramente. Y es en este contexto donde surge el Marina en tierra de nadie rompiendo las reglas establecidas.


En la actualidad no es fácil encontrar un buque de tamaño medio y de reciente construcción.


Y es que el buque que nos visitó el pasado domingo puede que cumpla todos los estándares establecidos en cuanto a diseño pero está bastante lejos de la definición de coloso; Con sus 66.084 toneladas, 251´5 metros de eslora, 32´2 metros de manga y 7´3 metros de calado lo consideramos un ejemplo perfecto de buque de tamaño medio, esa clase que ahora ocupan los otrora gigantes de los años 90. Pero ¿por qué el Marina (y su gemelo Riviera) fueron creados tan anémicos de toneladas pese a haber nacido en plena era de los gigantes?




Para explicar ésto tendriamos que hablar con más detenimiento de su propietaria, Oceania Cruises. Nacida en el 2002 y con sede en la meca de los cruceros, la ciudad estadounidense de Miami, esta naviera está destinada al segmento premium del mercado ofreciendo un esmerado servicio a bordo, opciones gastronómicas de altísima calidad e itinerarios que buscan diferenciarse de las compañías más generalistas. En definitiva lujo en cantidades industriales. Lo normal es que cuanto mayor es el lujo y la exclusividad que una naviera quiere ofrecer a sus pasajeros más pequeño es el tamaño de los barcos con los que suele operar para que el ratio pasajero/tripulante sea lo más próximo a 1. Traducido al cristiano; si pretendo conseguir la excelencia en el servicio a bordo trataré de incluir una tripulación similar en número o casi a la del número de pasajeros (que esa relación sea lo más próximo a 1), algo que resultaría inviable si mi intención fuera embarcar a  3.000 turistas, por ejemplo. Por eso los barcos de estas exclusivas compañías suelen ser muy pequeños.




El problema es que el Marina, si bien no es un gigante de los mares tampoco es un buque de reducidas dimensiones; es evidente que tiene que haber algo más, y lo hay. Otro indicativo del lujo en estos palacios flotantes es el ratio espacio/pasajero o dicho de otra manera cuanto barco "le toca" a cada turista; en esta cuestión el Marina es uno de los buques más exclusivos del panorama mundial con un ratio de 52´8 cuando la frontera entre un servicio óptimo y lo que ya consideraríamos lujo se encuentra en torno al 40. La clave para conseguir esta cifra es su "aforo limitado"; el Marina es un buque muy grande para la capacidad de pasaje que alberga; así el Oriana, de parecidas dimensiones, puede llevar a bordo a casi 2.000 pasajeros mientras que nuestro protagonista de hoy aloja en capacidad máxima tan sólo a 1.252 huéspedes. En resumen el Marina es pequeño para lo habitual en la industria pero grande para la cantidad de pasajeros que lleva, algo completamente ilógico, y cuando un buque presenta unas cifras ilógicas no es porque sus diseñadores hayan perdido el juicio sino porque estamos ante un buque altamente especializado. ¿especializado en que?. En el caso concreto del Marina en ofrecer lujo a raudales. En este aspecto nos hallamos ante un buque perfectamente proporcionado.


NO siga la flecha (o se irá contra las rocas).


Alcanzar esta proporción, eso sí, no resulta barato. Si piensan que un buque próximo a las 70.000 toneladas cuesta más o menos la mitad que construír uno de 140.000 les diré que, sintiéndolo mucho, no podrían estar ustedes más errados. Como comparar costes de producción entre buques de tamaños muy dispares resulta poco útil los que se dedican a hacer números en la industria del crucero utilizan un valor que, a la hora de comparar y calcular los futuros beneficios viene más al caso; es el coste por camarote, una manera bastante simplista de calcular costes dividiendo el total de la factura del buque en cuestión por el número de camarotes que lleva. Elemental pero muy efectivo. Si tomamos  un gigantesco buque a modo de comparación como nuestro archiconocido Independence of the Seas tenemos que el coste por camarote de este sensacional navío fue de 250.000 euros. El Marina, cuyo tamaño es menos de la mitad que el gigante de Royal Caribbean, tuvo un coste estimado de 800.000 euros por camarote, más del triple que el Independence. Sobran las palabras.


Una excepción en un mundo de gigantes: El Marina (abajo) queda en evidencia en cuanto a tamaño si lo comparamos con algunos gigantes del sector. Por un lado el Allure of the Seas (arriba) buque de pasaje más grande del mundo y construído en el mismo año que nuestro protagonista. El Independence of the Seas (enmedio) dobla en tonelaje al buque de Oceania Cruises.
(Fuente: cruise-ships.com parcialmente modificado)


Una factura así sólo se explica si en su concepción se ha utilizado de lo bueno lo mejor como así sucede en este caso; el equipamiento del Marina en cuanto a lo tecnológico es de última generación y de los interiores se ha encargado el afamado estudio de arquitectura noruego Yran & Storbraaten, un nombre que en el mundillo naval equivale a hacerlo a Lagerfeld o Versace en el mundo de la moda. Para lograr una atmósfera exclusiva y acogedora estos genios del diseño no escatimaron en el uso de materiales nobles para crear un ambiente a bordo elegante y sofisticado; allí donde mires en el interior de este barco sólo se ve calidad y buen gusto a partes iguales. Equilibrado. Proporcionado. El santo y seña de este sensacional navío.


 Poca foto para lo que hay: Una de las tres suites del armador a bordo del Marina. Situadas a popa a estos complejos de 186 metros cuadrados cada uno no les falta detalle: vestíbulo en la entrada, una enorme sala de estar, dos jacuzzis (uno de ellos en la enorme terraza), dos vestidores, segundo baño para visitas y salón de música con piano (no es broma). La ropa de cama es de Ralph Lauren.


 Volviendo al pasado domingo y tras una tranquila estancia en nuestra ciudad disfrutando de una climatología que definiremos de forma eufemística como complicada, finalmente y cuando el reloj se acercaba a las 20:00 horas el Marina se puso de nuevo en movimiento y tras dar atrás y girar a la altura de la terminal de petroleros enfiló la canal Oeste para dirigirse a su siguiente destino, el puerto de Leixoes. Sin más visitas por este año tendremos que esperar al 2015 para volver a ver a esta nave tan especial que, si bien no nos devuelve a la época en la que los barcos tenían forma de barcos y no de edificios móviles, al menos si recupera unas dimensiones más humanas y desde luego mucho más proporcionadas que las de los buques actuales.


Rumbo Leixoes.