sábado, 25 de octubre de 2014

Y la bestia volvió a Vigo



(Foto: Jose R. Montero)


Lo ha vuelto a hacer. Al igual que ocurriera el pasado 27 de septiembre en su primera visita a Vigo, el Oasis of the Seas volvió a dejar extasiados a los habitantes de la ciudad olívica con su impresionante tamaño el pasado 18 de octubre en su segunda y última escala por tierras gallegas antes de que el rey de los colosos flotantes pusiera un océano de por medio entre él y el continente europeo.




El resumen que podría hacerse de estas dos recaladas que el megacrucero de la firma Royal Caribbean ha hecho en Vigo no podría ser más positivo, algo demostrable con cifras; según un estudio de la Universidad de Vigo, el impacto económico en la ciudad de las dos escalas del Oasis of the Seas rondaría el millón de euros. Todo un rotundo éxito. El que cabría esperar de la alianza entre un impresionante ingenio flotante como nunca antes se había visto surcando los mares y una entregada urbe de alma marinera que vive por y para el mar. Toda una experiencia colosal, tanto o más que el tamaño de su protagonista.




En esta segunda actuación en la plaza viguesa el Oasis of the Seas llegó poco antes de las 08:00 horas procedente de Southampton, y al igual que pasara en su escala inaugural una enorme expectación aguardaba al gigante en forma de decenas de personas apostadas en la costa para ver la maniobra. Los pasajeros, algo más de 6.000 trajo a Galicia el pasado sábado, disfrutaban desde las cubiertas superiores o desde sus propios camarotes con la cálida acogida recibida que se multiplicó una vez éstos comenzaron a bajar a tierra con la actuación a pie de muelle de grupos de gaiteiros y de bandas musicales mientras los turistas recién llegados cogían los autocares que los llevarían a realizar las excursiones contratadas o simplemente paseaban por la animada zona centro.




La escala del pasado sábado era parte del itinerario de despedida de Europa tras una estancia de algo más de un mes en el viejo continente motivada por la entrada del gigante en dique seco para su primera gran carena. La imposibilidad de usar unos astilleros en el continente americano debido a su gran tamaño provocó que el Oasis of the Seas tuviera que ser traído a los astilleros Keppel Verolme de la ciudad de Rotterdam para realizar los trabajos y ya de paso, los dirigentes de la compañía americana diseñaron un calendario para hacer varias singladuras a este lado del océano a sabiendas de que el tremendo impacto mediático de la nave provocaría un gran número de reservas de pasajes. No se equivocaron.


(Foto: Jose R. Montero)


Durante su estancia de 14 días en los astilleros neerlandeses el Oasis of the Seas ha sido sometido a los habituales trabajos de mantenimiento propios para una nave con 5 años de vida comercial que incluían labores en el casco y en la parte mecánica pero también se ha aprovechado la oportunidad para la revitalización de ciertas áreas a bordo; así en el interior los principales cambios han sido la adición de varios camarotes y suites así como la conversión del principal restaurante del barco en tres restaurantes temáticos distintos. Otro dato curioso es que la capilla del buque, situada en la cubierta 17, ha desaparecido.


El Oasis of the Seas ha permanecido en dique seco por espacio de dos semanas.
(Foto: Keppel Verolme)


Tras una jornada frenética en las inmediaciones del puerto con algo menos de ambiente que en su primera estancia pero extraordinario de todos modos, el Oasis of the Seas comenzó los preparativos para la maniobra de salida, prevista esta vez para las 20:00 horas, mientras que la muchedumbre comenzó a buscar una vez más algún punto privilegiado sobre la costa para no perderse detalle siendo el muelle de trasatlánticos, la terraza de A Laxe y O Berbés los que registraron una mayor afluencia. Cuando el reloj marcó las 8 en punto y ya con las últimas luces del día, el Oasis of the Seas comenzó a largar los cabos que lo mantenían firme al muelle y tras un grácil giro efectuado por sus propios medios, algo que parece impropio de un objeto de semejante tamaño, el gigantesco crucero encaró la bocana de la ría señalando con su proa hacia las islas Cíes. Por delante 8 días de navegación antes de llegar a su destino en Fort Lauderdale (Florida), la meca de los cruceros, donde reestablecerá de nuevo su base de operaciones tras su tournée por la vieja europa


(Foto: Jose R. Montero)


Cuanto tiempo tardaremos en volver a ver al Oasis de nuevo por aquí es toda una incógnita. Quizás hasta su próxima "revisión", pero los dirigentes de Royal Caribbean han tomado buena nota de la excelente acogida que su gran navío ha tenido en el viejo continente durante este mes de cruceros y en 2015 el que nos visitará será el Allure of the Seas, gemelo del Oasis, esta vez por un período bastante más extenso para posicionarse en Barcelona como base de sus rutas. La mala noticia es que en principio no se dejará ver en ningún puerto de la geografía gallega.


En 2015 el Allure of the Seas tomará el relevo de su gemelo Oasis en Europa.
(Fuente: cruisemates.com) 


Así pues fin al breve idilio que el Oasis of the Seas ha mantenido con Vigo durante estas tres semanas, una unión que nos ha dejado estampas inolvidables como la insólita imagen de la muchedumbre agolpada en los muelles, la icónica instantánea del formidable navío atracado en el corazón de la ciudad o el espectáculo sin igual de ver a este portento de la ingeniería naval maniobrando en mitad de la ría viguesa. Desde hoy y para siempre 2014 figura en la historia de los puertos gallegos como el año en el que nos visitó la bestia. 2014 es el año del Oasis.


La figura del Oasis of the Seas se aleja rumbo a la bocana de la ría viguesa durante su salida de la ciudad olívica el pasado 27 de septiembre.


Agradecimientos a mi amigo Jose R. Montero por las estupendas fotos prestadas para la elaboración de este post.


miércoles, 15 de octubre de 2014

Mar de fondo





Por mucho que nos resistamos o nos cueste aceptarlo el verano se nos fue hace ya unas cuantas semanas para no volver (hasta el año que viene, tranquilos). El llamado veranillo de San Miguel nos mantuvo en una cálida ensoñación durante unas cuantas jornadas pero la llegada de las inevitables inclemencias meteorológicas nos han devuelto a la realidad; la lluvia quiere su cuota de protagonismo y ha venido para quedarse con nosotros durante un tiempo, algo a lo que los coruñeses ya estamos más que acostumbrados. Como también lo estamos a otro fenómeno habitual por nuestra costa que se ha convertido ya en un clásico de la bahía herculina: Les hablo del mar de fondo.


Hoy el mar de fondo es el protagonista.


Tanto los que se acercan a nuestra costa de manera puntual como los habituales de la zona tienen que padecerlo mal que les pese. Aquí no se salva nadie; ni las pequeñas embarcaciones pesqueras ni los numerosos mercantes con sus variopintas cargas. Tampoco los cruceros que nos visitan asiduamente con el hándicap estos últimos de llevar a varios centenares de huéspedes, cuando no miles, a bordo que no suelen apreciar demasiado esta "delicatessen" típica de nuestra tierra. A la hora de padecer los rigores atmosféricos, en este caso el oleaje, las consecuencias sobre sus víctimas dependerán del tamaño de las mismas y de sus cualidades marineras, una característica esta última de la que tampoco son grandes ejemplos los modernos buques de pasaje (cosas de sacrificar el calado a costa de poder entrar en el mayor número de puertos posibles). Ya el pasado día 3 el Crystal Symphony disfrutó de una salida bastante movida camino de tierras portuguesas y el pasado día 7 fueron el Nautica y el Seven Seas Voyager, de visita por unas horas en A Coruña, los que degustaron a su salida este plato típico de la gastronomía marítima herculina.


Nautica (al fondo) y Seven Seas Voyager (en primer término) atracaron en la ciudad el pasado día 7.
(Foto: Manuel Candal)


 Procederemos por estricto orden de llegada. El Nautica fue el primero en aparecer por la ría procedente de Bilbao sobre las siete de la mañana y cuando en la ciudad todavía reinaba la noche. Tras un grácil giro en aguas interiores el barco con pabellón de Islas Marshall atracó en la parte más distal del muelle de trasatlánticos concluyendo la maniobra a las 07:40 horas. La del pasado martes es su segunda estancia en A Coruña durante este 2014. 


El Nautica, todo un habitual en nuestra dársena.
 

El Seven Seas Voyager por su parte llegó a la ciudad procedente también de Bilbao sin hacer madrugar en exceso a su selecto pasaje y cuando el reloj pasaba de las 09:00 horas finalizaba su maniobra de atraque en los norays iniciales del muelle de trasatlánticos con su proa apuntando al corazón de la ciudad y dándole la espalda al Nautica. La del pasado día 7 fue la segunda y última visita del buque de bandera bahameña a nuestra urbe tras la realizada el pasado 27 de mayo, y es que se está convirtiendo en norma que este coqueto barco de tamaño medio nos visite un par de veces en cada ejercicio.


El Seven Seas Voyager, no menos conocido que su compañero de amarre.
(Foto: Manuel Candal)


 La presencia conjunta el pasado martes del Nautica y el Seven Seas Voyager supuso el tercer doblete de buques de crucero en los últimos siete días, una marca muy a tener en cuenta y que se traduce en suculentos dividendos para las arcas locales a pesar de que esta vez los pasajeros llegados por vía marítima fueron un número bastante reducido: 1.420 turistas. Esta cifra se explica además de por el discreto tamaño de las naves, por su rol dentro de la industria crucerística y es que tanto Oceania Cruises como Regent Seven Seas, propietarias del Nautica y del Seven Seas Voyager repectivamente, se dedican al segmento premium del mercado, el que ofrece el mejor servicio y calidad posible a bordo a un selecto y pequeño número de afortunados huéspedes. Fueran muchos o pocos lo cierto es que parte de los pasajeros de ambos barcos bajaron a tierra el pasado martes bien para realizar las oportunas excursiones, bien para callejear por el centro de la ciudad pese a que la climatología no les acompañó demasiado; tampoco el estado de la mar por los alrededores era el más propicio para una navegación de placer con la presencia de ese fenómeno tan característico de la costa coruñesa y que nos visitó el mismo día en el que lo hicieron estos dos buques de crucero.


Tanto el Nautica como el Seven Seas Voyager se enmarcan en el sector más exclusivo del mercado crucerístico.


El mar de fondo es el oleaje que se propaga lejos de la zona donde se ha generado y su presencia no tiene por qué guardar relación con el viento presente en la zona donde actúa; por resumirlo de alguna manera el mar de fondo en un área distinta y distante de donde se formó por la acción del viento. A diferencia de la mar de viento, el mar de fondo se caracteriza por sus olas de crestas suaves y periodo regular. Ésto es sólo la teoría pero para una correcta asimilación de conceptos se hace imprescindible la práctica y  nuestros protagonistas del post de hoy tuvieron toda una "masterclass" durante su salida del puerto el pasado martes. Una demostración en vivo y en directo de lo que es un mar de fondo de libro.




El primero en sufrirlo en sus carnes fue el Nautica que tras descansar nueve horas en la ciudad a las cinco de la tarde decidió que ya era suficiente, soltando amarras para dirigirse a su siguiente destino, el puerto de Leixoes. En el exterior del dique le esperaba el tan molesto mar de fondo, con olas de unos cuatro metros; nada que ponga en problemas a buques de semejante porte como los que aparecen en este blog pero lo suficiente para "molestar" a los pasajeros que viajan a bordo, más acostumbrados a la tierra firme que a los vaivenes que de vez en cuando provoca el océano. No todo es malo; la presencia del mar de fondo es un buen elemento para que los shipspotters obtengamos unas fotos más lucidas y el martes pasado no fue una excepción con el navío de Oceania "surfeando" por toda la ría herculina.


El Nautica y sus pasajeros "disfrutando" del clásico mar de fondo coruñés.


Lo que no ayuda sin embargo a "afotar" es la lluvia, y ésta no se quiso perder la maniobra de salida del Seven Seas Voyager, que una hora después que su compañero de atraque decidió enfrentarse al juguetón mar coruñés en su búsqueda de tierras portuguesas (Leixoes también como objetivo). A diferencia del Nautica, el Seven Seas Voyager pareció encajar mejor los golpes lo que no evitó al lujoso buque hacer unas cuantas cabriolas para deleite de los que nos encontrábamos en la costa, mojados, pero tremendamente gozosos con el espectáculo brindado por estos dos corceles flotantes.


El Seven Seas Voyager cabalgando las olas durante su salida.


Ya ven que las inclemencias meteorológicas en el caso de la fotografía naval se padecen pero también se disfrutan y lo que en la mayoría de las veces supone una molestia y un engorro en algunas ocasiones se convierte en todo un espectáculo digno de ver. A todo hay que buscarle siempre el lado positivo.




No quisiera finalizar este post sin agradecerle a Manuel Candal su aportación en forma de maravillosas fotos y a Jose Montero su estupenda compañía bajo la lluvia durante la salida de los dos buques.Con compañeros de afición, las inclemencias meteorológicas siempre son menos.

 
 La dura vida del shipspotter. Mi amigo Jose en plena labor "afotadora" durante la salida del Seven Seas Voyager y bajo una lluvia incesante que no evitó la obtención de estupendas fotografías.


martes, 14 de octubre de 2014

Punto y aparte





Pese a que disfruto (y mucho) realizando este blog, el cual es una simple distracción sin más pretensión que la de plasmar mi pasión sobre los buques en general y las naves de crucero en particular, soy consciente de mis limitaciones; en muchos casos la redacción de las entradas deja bastante que desear y luego está el eterno caballo de batalla de los signos de puntuación: Poner una coma donde debería ir un punto, el excesivo uso de los puntos suspensivos o la eterna duda entre el punto y seguido o el punto y aparte, este último para mi personalmente uno de mis principales quebraderos de cabeza. Por eso hoy quiero dedicarle esta entrada a ese eterno incomprendido que es para mí el punto y aparte.


Lucha desigual. La lancha de prácticos parece querer retar al gigante Independence of the Seas a su llegada a la ría herculina.


Porque este minúsculo signo de puntuación es el nexo de unión de los dos protagonistas de hoy, los buques Discovery e Independence of the Seas que coincidieron por unas horas atracados el pasado día 4. Dos buques muy diferentes en tamaños y estilos y de los que les hablaré a continuación como es habitual por estricto orden de llegada.


(Foto: Manuel Candal)


El primero en dejarse ver fue el pequeño Discovery que a eso de las 06:00 horas campaba ya a sus anchas por aguas herculinas. El clásico navío que en la actualidad explota comercialmente la naviera Cruise & Maritime Voyages procedía del puerto de Avonmouth con 800 pasajeros a bordo, en  su mayoría británicos, pues éste es el mercado al que se dedica esta compañía con sede en Essex (Inglaterra). En su segunda visita del año a nuestra ciudad el Discovery esta vez tuvo que cambiar su habitual amarre en el muelle de trasatlánticos, reservado en exclusiva para los 339 metros del Independence of the Seas, para situarse en el algo menos habitual para este tipo de naves muelle de Batería.


El Discovery atracó el pasado sábado en el muelle de Batería.


Ya a plena luz del día hizo aparición en el escenario herculino el Independence of the Seas procedente de Funchal y con 3.800 pasajeros a bordo, que un año más será la cifra de turistas más grande desembarcados por un solo navío de todo el ejercicio; y es que no hay que olvidar que nos hallamos ante el buque de pasaje más grande que nos ha visitado nunca. Tras realizar un giro de 180 grados a la altura del Castillo de San Antón el megacrucero atracó dando atrás en el muelle de trasatlánticos poco después de las diez de la mañana para quedar apuntando con su proa hacia la fortaleza que en tiempos pretéritos servía de defensa ante las inesperadas "visitas".


El Independence of the Seas atracó bien entrada la mañana.


Tratar de explicar algún detalle desconocido sobre este gigante que no haya comentado ya en alguna ocasión en este blog se convierte en un asunto bastante complicado para mí puesto que a falta de un certificado de empadronamiento que lo atestigüe el Independence of the Seas es un coruñés de pleno derecho por sus continuas visitas realizadas a nuestra dársena en los últimos años. Este ejercicio sin embargo es distinto puesto que en 2014 el navío de la Royal Caribbean pone el punto y aparte a su periplo coruñés y cambia de rutas a partir del próximo año.


El Independence of the Seas es casi un coruñés más.


La despedida del que hasta la fecha es el buque más grande de todos los tiempos en hacer escala en A Coruña no significa el final de la relación comercial entre la naviera americana y el puerto herculino; en 2015 el Independence contará con dos sustitutos de lujo: por un lado el Explorer of the Seas, buque de la clase Voyager, algo más pequeño que nuestro protagonista de hoy, y por otro lado el Anthem of the Seas, todavía en construcción y que el próximo 11 de junio, de cumplirse las previsiones, arrebatará al Independence el cetro de rey de los gigantes en la ría coruñesa.




El caso del Discovery también tiene aires de despedida pero es tristemente distinto. El clásico buque, también todo un habitual en el calendario crucerístico coruñés, finalizó con la ruta realizada estos días y que lo trajo a nuestra ciudad, su chárter para la naviera Cruise & Maritime Voyages, para la que operaba desde principios de 2013. Desde hacía ya varios meses se había anunciado su baja dentro de la flota de navíos clásicos que componen esta compañía y pese a las numerosas muestras de apoyo en redes sociales y a las numerosas cartas recibidas por parte de antiguos pasajeros que pedían la continuidad del Discovery, la nave dejará la flota tras concluir su actual singladura y su puesto será ocupado de manera temporal y para los próximas semanas por el legendario Funchal, que ha sido charteado para realización de dos travesías, una de las cuales lo traerá a A Coruña el próximo día 23.


El veterano Funchal ha sido charteado para cubrir momentaneamente el hueco que deja el Discovery en la naviera Cruise & Maritime Voyages.


De esta manera el pasado día 27 de septiembre el buque inglés zarpaba por última vez del puerto de Bristol-Avonmouth al servicio de su actual compañía en una travesía de 7 días tocando varios puertos de la península ibérica poniendo con el desembarque de sus pasajeros en Falmouth el pasado día 10 un punto y aparte en su carrera comercial. El mutismo acerca de su futuro, en el que no se ha anunciado un futuro comprador, no hace sino aumentar los rumores sobre el incierto destino de la nave que con mucha probabilidad acabará sus días amarrada en algún muelle a la espera de un inevitable final en algún desguace asiático. Posiblemente la escala del pasado sábado en A Coruña haya sido para el Discovery más que un punto y aparte, un punto y final.


Adiós más que previsible para este gran clásico de los mares.


La vida sigue. Como siguieron ruta nuestros dos protagonistas el pasado día 4 tras pasar atracados toda la mañana en la dársena herculina. El primero en soltar amarras fue el Discovery que inició la maniobra de desatraque cuando el reloj marcaba las 14:00 horas para poner rumbo a aguas portuguesas. Lo hizo en mitad de un intenso aguacero, unas condiciones realmente adversas para aquellos shipspotters que se acercaron a la costa con el objetivo de despedir a esta vieja dama de los mares pero realmente simbólicas si tenemos en cuenta que su adiós es casi definitivo; lágrimas de tristeza para despedir hasta siempre a uno de los buques más bellos que quedan hoy en día surcando los mares. Aún así cruzaremos los dedos por ver si el destino le otorga al Discovery una nueva oportunidad y nos permite verlo llegar a la ciudad una vez más pero... pinta mal.


La lluvia no quiso faltar en la despedida del Discovery.
(Foto: Manuel Candal)


El Independence of the Seas por su parte esperó hasta las 16:00 horas para reemprender viaje rumbo a Southampton. Al gigante de los mares lo tendremos de nuevo por la ciudad el próximo día 23 muy bien acompañado por los buques Azura y Funchal, y ese día sí será el último que lo veremos surcando aguas de Marineda por un largo periodo de tiempo, poniendo un brillante punto y aparte a su aventura coruñesa. Seguro que lo echaremos de menos.


El Independence of the Seas también dice adiós este año a la ciudad herculina.


Agradecimientos a mi amigo Manuel Candal por las extraordinarias fotos prestadas para la elaboración de este post.



sábado, 11 de octubre de 2014

Palacio de cristal





Muchas veces cuando nos referimos a los buques de crucero utilizamos términos como por ejemplo "ciudad flotante" y que nos dan una idea de lo que son este tipo de navíos. Relacionado con este tema aprovecho la oportunidad para lanzar mi campaña "no lo llames trasatlántico" en aras de conseguir de una vez por todas erradicar el mal uso de esta palabra (preciosa por otra parte) aplicándolo a cualquier cosa que flota y que lleva turistas a bordo. Por no explayarme demasiado quédense con esta idea: Un trasatlántico puede realizar cruceros pero un barco de crucero no es y nunca será un trasatlántico. Perdón, me voy del tema.




Volviendo a lo de los términos utilizados para los buques de pasaje que nos visitan, uno de los que más pompa tiene es el de "palacio flotante" que en ocasiones puede resultar exagerado pero que en otras va como anillo al dedo. Hoy es uno de esos últimos casos. Y es que el protagonismo de la presente entrada recae en el buque Crystal Symphony que sin ningún género de dudas podemos catalogarlo como palacio y no uno cualquiera sino uno de cristal.


El Crystal Symphony (el del fondo, eh) saliendo de la ciudad.


Procedente de la isla de Guernsey (Reino Unido) este lujoso navío de tamaño medio recaló en el puerto herculino el pasado día 3 en su primera y única escala del año en la ciudad adonde trajo casi un millar de pasajeros. Muchos juzgarán exagerado denominar a este barco como palacio a la vista de una estética para nada llamativa aunque ya les advierto desde ahora que aquello de que lo de la belleza está en el interior vale para esta nave. Lo que no admite género de dudas es que este palacio es de cristal...


Dos novios tratan desesperadamente de llamar la atención de la tripulación del Crystal Symphony, que los ha dejado en tierra.


...De Crystal Cruises, una naviera quizás no muy conocida por estos lares pese a que no hace muchas semanas otro de sus palacios, el Crystal Serenity, visitaba la ciudad herculina. Si el nombre de esta compañía no les dice nada se debe en parte a que está orientada al mercado asiático, japoneses sobre todo, no obstante la naviera es originaria del país del sol naciente y está englobada en el gigante marítimo nipón NYK Line que diversifica sus operaciones entre el transporte de contenedores (donde es la décima compañía del mundo por volumen), el transporte de automóviles (resulta muy frecuente ver sus barcos en Vigo) y desde hace unos años en el transporte de personas realizando cruceros.




En lo que interesa a este blog NYK (iniciales de Nippon Yusen Kaisha o lo que es lo mismo Compañía japonesa de buques-correo) opera con dos marcas: La suya propia, dedicada al mercado interno y que explota un único navío, el Asuka II, que es cuasigemelo de nuestro protagonista de hoy, y la Crystal Cruises, fundada en 1988 y que oferta destinos internacionales en un ambiente de máximo lujo con una flota compuesta por nuestro Symphony y el algo más moderno y grande Crystal Serenity que como anteriormente mencioné nos visitó en agosto.




Centrándonos ya en el buque que nos visitó el pasado viernes el Crystal Symphony es un buque de tamaño medio que presenta unos números nada llamativos en este mundo de gigantes: 51.044 toneladas de registro bruto, con una eslora de 237´1 metros, una manga de 30´2 metros y un calado de 7´6 metros. Sus motores diesel-eléctricos producen una potencia total de 33.880 KW que es usada para propulsar al buque mediante dos hélices convencionales. Todo de lo más normal. Tampoco destaca por nuevo; fue construído en los astilleros Masa Yards de Finlandia y botado en el año 1995.




Sin embargo una cifra sí destaca sobre todas las demás y es su capacidad de pasajeros; el Crystal Symphony alberga en sus 8 cubiertas de pasaje a un total de 1.010 huéspedes en capacidad máxima, un número realmente bajo para el tamaño de la nave. Sirva de referencia un coruñés de adopción como el buque Empress, de tamaño similar, y que cuenta con una capacidad del doble de nuestro protagonista de hoy. Está claro que no nos hallamos ante un barco cualquiera.


Crystal Symphony. Un auténtico palacio flotante.


Y es que el Crystal Symphony es tras su compañero de naviera el buque más lujoso de su categoría, algo que además de en su bajo número de huéspedes y que le otorgan un ratio espacio/pasajero espectacular de 50´5, se aprecia en otros detalles como en sus 480 camarotes y suites todos exteriores, en su esmerado servicio a bordo o en sus refinados interiores que vienen de recibir hace unos días una revitalización en un astillero alemán. Ya ven que hasta los palacios hay que renovarlos de vez en cuando.


El Avenue Saloon.
(Fuente: Crystal Cruises)


Fue a mediados del mes de septiembre cuando el Crystal Symphony fue llevado a los astilleros Blohm & Voss de Hamburgo para llevar a cabo una serie de trabajos entre los que figuraraban la ampliación del gimnasio, la colocación de paneles informativos de última generación en todas las cubiertas, la redecoración y reequipamiento de todos los camarotes y suites además de muchos espacios públicos y como no, diversos trabajos de tipo técnico en el casco y en la maquinaria del buque. En total los trabajos llevados a cabo en los astilleros germanos tuvieron un coste aproximado de 16 millones de euros y fueron realizados en apenas  dos semanas, justo a tiempo para iniciar su siguiente ruta el día 27 desde el mismo puerto de Hamburgo, la misma travesía que lo ha traído hasta A Coruña y que lo llevará a cruzar el Océano Atlántico para finalizar la espectacular singladura de 20 días en el puerto de Miami.


El renovado Palm Court a bordo del Crystal Symphony.
(Fuente: Crystal Cruises)


Tras pasar diez horas atracado el pasado día 3 en la ciudad, finalmente el Crystal Symphony soltó amarras un poco antes de las seis de la tarde y una vez superado el dique de abrigo puso proa al sur para dirigirse a su siguiente destino, el puerto de Leixoes. La maniobra de salida no fue una "sinfonía" propiamente dicha pero no estuvo exenta de ritmo; el marcado por el sempiterno mar de fondo coruñés que con olas de 4 metros impusieron su brioso compás al navío para "alegría" de los que iban a bordo. Al menos los que nos encontrábamos en las inmediaciones de la costa disfrutamos de lo lindo.



Un poco de gimnasia nunca viene mal. Arriba y abajo cabalgando las olas rumbo a tierras portuguesas.




Clásicos locales





Octubre comienza como terminó septiembre; con un ritmo trepidante de escalas que auguran unos buenos números finales, no olvidemos que el presente mes es tras mayo y septiembre (y quizás abril) de los más prolíficos del año en cuanto a visitas de buques de pasaje y parece que este ejercicio no va a ser una excepción: para empezar con buen pie el pasado día 1 a falta de uno fueron dos los buques que nos viistaron, los británicos Black Watch y Oceana, auténticos clásicos locales.


El Black Watch, todo un clásico en la ría coruñesa.
(Foto: Manuel Candal)


El Oceana fue el primero en llegar sobre las siete de la mañana y cuando la ciudad todavía se despertaba. Procedente de Mónaco, su escala en A Coruña tras cuatro jornadas de navegación sin tocar tierra era la última para los 1.900 pasajeros que iban a bordo antes de finalizar la travesía de 15 días en la ciudad de Southampton.




El Black Watch por su parte no quiso madrugar tanto y hasta pasadas las 11:00 horas no se dejó ver por la bahía. Los 807 turistas que el navío de la compañía Fred. Olsen Cruise Lines trajo a la urbe herculina disfrutaban de una singladura de 12 días de duración con salida desde Newcastle y llegada a la misma ciudad del norte británico. Al contrario que en el caso del Oceana, la escala en A Coruña del Black Watch era su primera parada del viaje iniciado hace unas jornadas en tierras inglesas.


(Foto: Manuel Candal)


El doblete de naves dejó en la ciudad el pasado miércoles nada más y nada menos que 2.700 turistas en una sola jornada, una cifra nada desdeñable si tenemos en cuenta que no se trata de grandes colosos flotantes. Parte del pasaje aprovechó la soleada mañana para callejear por la urbe lo que dio un colorido ambiente a las calles del centro, algo que a buen seguro entusiasmó a muchos comerciantes.




Tanto el Black Watch como el Oceana son auténticos clásicos locales por sus frecuentes visitas. El primero de ellos lo es además en toda regla  por tratarse de un navío que supera ya las cuatro décadas de vida, algo que delatan ya sus líneas gráciles impropias de la industria crucerística actual que tiende a construir desde hace ya varios años auténticos mastodontes sin ninguna gracia en su diseño exterior. Por eso son tan apreciados por shipspotters y aficionados al mundo naval en general los cada vez más escasos ejemplares de navíos clásicos como el Black Watch y siempre es un placer recibirlos.


El Black Watch atracó en el muelle de Calvo Sotelo Sur por la coincidencia de su escala con la del Oceana.
(Foto: Carlos Rapela)


Al Oceana no cabría catalogarlo como clásico de los mares puesto que acaba de cumplir todavía 14 años navegando pero lo cierto es que el paso del tiempo le otorga ya cierto clasicismo que le aleja del estilo tan impersonal de las recientes construcciones y su imagen eminentemente noventera gana en encanto cada año que pasa. A partir de 2015 el Oceana recibirá una cura de rejuvenecimiento (aún no sabemos si para bien o para mal)  cuando adopte los nuevos colores corporativos de la P&O consistentes en una chimenea de color azul con el logo de la compañía en dorado y sobre todo una enorme enseña británica pintada en la proa. Habrá que verlo en directo para juzgar el cambio de imagen pero eso será el año que viene.




De momento nos centramos con lo que aún les queda por delante a estos dos barcos en el presente 2014, que no es poco; el Oceana volverá a visitarnos previsiblemente el próximo 17 de noviembre mientras que el Black Watch lo hará un poco antes y este mismo mes, el día 31 para ser más exactos, y con el aliciente de atracar junto a su gemelo Boudicca, propiedad también de Fred. Olsen Cruise Lines. Sin lugar a dudas será una jornada para recordar.


(Foto: Manuel Candal)


La del pasado 1 de octubre se cerró a las 18:30 horas cuando el Black Watch soltó amarras para poner rumbo a Vigo. Tres horas antes lo había hecho el Oceana que zarpó rumbo a tierras británicas. En definitiva un genial arranque de mes con el primero de los cuatro dobletes previstos hasta el día 31.




Agradecimientos a mis amigos Manuel Candal y Carlos Rapela por las fotos prestadas para la elaboración de este post.